La metamorfosis de Lenín

Alberto Adrianzén
21 03 2019 | 01:26h

“Solo falta que Lenín Moreno, quien fuera guerrillero del grupo Alfaro Vive Carajo, acepte el regreso de las bases militares norteamericanas en Manta”.

Los gobiernos progresistas caen o se desprestigian, ya sea por conspiraciones internas y/o externas, por sus errores o por la suma de ambos procesos. Sin embargo, el caso de Ecuador distinto y extraño, al mismo tiempo, que uno podría pensar, como se dice en el fútbol, que alguien ha “comprado” el pase del presidente ecuatoriano para que juegue en el equipo contrario. Hasta ahora Lenín Moreno no ha dado una explicación convincente sobre esta suerte de “travestismo”, transfuguismo y, finalmente, metamorfosis política que ha tenido su presidencia y su gobierno. 

Lenín Moreno fue el vicepresidente del expresidente Rafael Correa (2007-2013). En mayo de 2017 fue elegido Presidente por el partido Alianza País, el mismo de Rafael Correa. Moreno aparecía como el “continuador” de Correa y enemigo, al mismo tiempo, de una derecha que intentó volver al gobierno de la mano del banquero Guillermo Lasso y que contó con el apoyo de un sector de la izquierda que acusaba a Moreno de “correísta”. 

Sin embargo, al poco tiempo todo cambió. En agosto de 2017, es decir, tres meses después de asumir la presidencia, Moreno le retiró todas las funciones a su vicepresidente Jorge Glas, hombre de confianza de Correa, y que ahora está en prisión acusado de corrupción. Ese mismo año y al siguiente Moreno llevó a cabo un referéndum y una consulta popular para modificar la Constitución que tuvo, entre otros, dos objetivos precisos: eliminar la reelección, con lo cual le cerraba el paso al regreso de Correa, y desmontar una serie de organismos participativos creados en el gobierno de la “revolución ciudadana” y que para sus opositores era expresión de una política “controlista”. Hoy Correa está asilado en Bélgica y acusado de ser responsable del secuestro de un periodista. 

Y si bien el cambio radical de Lenín Moreno hasta ahora no tiene una explicación razonable, lo que sorprende es su rapidez y profundidad. Hoy Moreno ha dado otros pasos en esta metamorfosis política: nombrar a un vicepresidente que no tiene nexos con Correa y apoyado por la derecha e  implementar una diplomacia que privilegia las relaciones con EE.UU.  

Hace unos días el presidente ecuatoriano anunció el retiro de su país de UNASUR. El objetivo sería sumarse a PROSUR, propuesta del gobierno chileno con la que pretende reemplazar a UNASUR, para agrupar a los gobiernos de derecha en un nuevo organismo de integración. A ello hay que sumarle que Ecuador es un miembro “informal” del Grupo de Lima, así como el “regreso” del FMI a ese país.

Alberto Acosta, político izquierdista, amigo y luego adversario de Correa, ha dicho que con Lenín Moreno se consolida “el tercer ciclo fondomonetarista” en Ecuador iniciado por Correa y lo que viene es “una renovada larga noche neoliberal”. Solo falta que Lenín Moreno, quien fuera guerrillero del grupo Alfaro Vive Carajo, acepte el regreso de las bases militares norteamericanas en Manta. Actualmente el presidente Moreno está siendo investigado por comprar bienes en el extranjero a través de una empresa “offshore”.

Me pregunto qué piensan ahora todos aquellos izquierdistas que criticaban a Correa, que se unieron a la derecha en las últimas elecciones presidenciales, que luego apoyaron entusiastamente a Moreno y que hoy ven cómo la “Revolución Ciudadana”, que ellos mismos ayudaron a construir, llega a su fin.