La crisis y los cambios de escenarios

Alberto Adrianzén
5 09 2018 | 13:26h

Vizcarra llegó a la conclusión que esta relación ambigua con Keiko -además de secreta y posiblemente articulada por el actual Primer Ministro- no era lo mejor para su futuro político.

Si se analiza lo que hoy sucede en la política, uno se pregunta si estamos frente a una situación que recuerda aquella letra de un tango que dice: “hoy un juramento, mañana una traición”. Porque viendo la evolución de los acontecimientos, y como ha recordado Juan Carlos Tafur en este diario (02/09/18), esta historia, al parecer, comenzó cuando el entonces vicepresidente Martín Vizcarra se reunió meses atrás con la lideresa de FP, Keiko Fujimori, para tratar el asunto de la posible vacancia de PPK.

Lo que sigue ya lo sabemos. PPK fue vacado y Martín Vizcarra asumió la presidencia del país. Pasaron los meses y el presidente Vizcarra llegó a la conclusión que esta relación ambigua con Keiko -además de secreta y posiblemente articulada por el actual Primer Ministro- no era lo mejor para su futuro político. Tenía al frente una opinión pública que estaba harta de los políticos y que pedía que se vayan todos, incluido el propio Presidente.

En este contexto de crisis política y de difusión de audios que mostraban la corrupción y descomposición de la justicia, el presidente Vizcarra optó por lo más sensato: romper públicamente con el fujimorismo  y convocar a un referéndum para que el pueblo decida sobre una futura reforma parcial, tanto de la política como de la justicia. El Presidente cambiaba así de escenario y retomaba vínculos con los sectores antifujimoristas, claves en la renuncia de PPK y en la oposición al Congreso fujimorista. La propuesta de la no reelección inmediata de los congresistas se convertía en el principal vínculo político entre el Presidente y los sectores antifujimoristas como también en un intento por representarlos políticamente. El gobierno cambiaba de base social. 

La respuesta del fujimorismo no se hizo esperar. Keiko Fujimori, congresistas y dirigentes de Fuerza Popular le recordaron a Martín Vizcarra una serie de encuentros discretos, por no decir cuasi clandestinos, antes y después de ser Presidente. La intención del fujimorismo con ello, además de advertirle que podían decir más cosas sobre esas reuniones, era negociar con el gobierno. Su propuesta no era volver a un supuesto cogobierno, como se dijo, sino más bien avanzar a una mayor coordinación con el objetivo de romper su aislamiento político y al mismo tiempo seguir representando a determinados sectores empresariales. Esto último se puso en evidencia con el pedido de Keiko en la segunda reunión con Vizcarra, para que renuncie la ministra de Salud. Keiko, además de estar preocupada por su futuro y el de su partido, también lo estaba por sus vínculos con los sectores empresariales.

Una primera respuesta del Presidente a este pedido la dio en Tacna cuando afirmó que “ya he comenzado a recibir lo que estaba esperando” y que en su lucha contra la corrupción “no me van doblegar… cueste lo que cueste y caiga quien caiga”.

No es extraño que, en este contexto, el fujimorismo esté buscando, al igual que Vizcarra meses atrás, un cambio radical del escenario. Es decir, pasar a un abierto enfrentamiento con el gobierno y profundizar la crisis política. Para ello cuentan con la ayuda de Alan García, del APRA y de los jueces y fiscales corruptos. La reciente reapertura por parte de la Fiscalía del caso del aeropuerto en Chinchero es un claro ejemplo de este cambio de estrategia, como también las acusaciones al fiscal Hamilton Castro. 

Por eso tampoco es extraño que el tono del discurso presidencial haya cambiado. De “un caiga quien caiga” lanzado en Tacna, Vizcarra ha pasado a decir hace pocos días en Madre de Dios que si “hay inconvenientes y demoras exageradas en el Congreso de la República” para poner en marcha el referéndum pasaremos a “la recolección de firmas”. Temperamento que ratificó en su reciente discurso en el Acuerdo Nacional cuando abrió las puertas para modificar las leyes del referéndum.

La idea de un voto de confianza en caso que el Congreso demore o frene el referéndum habría sido dejada de lado, algo que aproxima a Vizcarra al reciente pedido del diario El Comercio que dice: “El señor Vizcarra y la señora Fujimori deben reunirse, y deben hacerlo no solo para conversar, sino también para generar acuerdos, asumir compromisos y ofrecer a la ciudadanía una lista de objetivos contra la que puedan ser evaluados” (El Comercio: 02/09/18). Se abre así la posibilidad de un “momento gatopardiano”; es decir, que todo cambie para que todo siga igual.