Abusos como cancha

Sobre la libertad de adquirir productos donde el consumidor elija.

28 Feb 2018 | 6:05 h

La Sala Especializada en Protección al Consumidor del Indecopi resolvió que las cadenas de cine Cineplanet y Cinemark no podrán evitar que los asistentes a las salas de exhibición ingresen con alimentos propios. La Sala ha otorgado a dichas cadenas 10 días de plazo para retirar los carteles que obligan a los consumidores a llevar consigo solo los alimentos vendidos por ellos.

La discusión que ha originado esta medida es todavía borrascosa y plena de adjetivos e ideas muy forzadas. Las primeras reacciones fueron de complacencia de la mayoría y las objeciones de contenido elitista, como las que sostenían que la eliminación de la restricción haría que los espectadores ingresen con butifarras o platos calientes. Es probable que esta reacción, primera y primaria, se deba a la equivocada idea de que los altos precios que cobran los cines por sus productos garantizan automáticamente una calidad suntuaria del servicio y la limpieza. Como se sabe, eso no es cierto.

Las objeciones se trasladaron luego a una supuesta defensa de la libertad económica, en la que predominó el argumento de que si las reglas de un cine –graficadas en que si no quieres comprar sus alimentos ingresa sin ellos al cine– no te gustan, no asistas a ver una película, una razón extremadamente débil que ignora que un atentado contra la libertad económica es romper la competencia, haciendo que una empresa que presta un servicio específico encadene a sus actividades a la venta de agua, golosinas, embutidos y bebidas gaseosas, con el agravante de que la casi totalidad de esos productos contiene altos niveles de sal, grasas y azúcares, todo a un alto precio. Razón tiene Indecopi cuando señala en su resolución que esta disposición de las cadenas de cine “es una cláusula abusiva que va en contra de las exigencias de la buena fe, restringiendo el derecho de los consumidores de poder adquirir los productos que mejor le parezcan en el lugar que determine libremente”.

Como esta razón no fue convincente se esgrime otra, que es un supuesto “derecho” de la empresa a tener un “modelo de negocio” intangible. Este derecho no existe, máxime si se afirma que ese modelo solo es viable si el 40% de sus ingresos proviene de la venta de alimentos. El argumento que subyace en esta explicación es que en el Perú el negocio de cine no es rentable, de modo que es necesario una regla abusiva contra el derecho de elegir un producto o el encarecimiento de los alimentos. Ninguna teoría económica sustenta esta tesis de que los consumidores deben subsidiar tu mal diseño de negocio.

Las reacciones de las dos cadenas objeto de la resolución no han sido las mismas. Una de ellas ha respondido con una lógica de confrontación anunciando que llevará el caso al Poder Judicial mediante un contencioso administrativo, y la otra ha dado a entender que realizará ajustes en su modelo de negocios. Es de suponer que todo esto conducirá a una sana competencia y la rebaja de los precios. La idea final que debería prevalecer es la de un consumidor satisfecho y una empresa eficaz y competitiva.

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