
En un bicameralismo, cada cámara tiene una función distinta dentro de una misma cadena, y es esa secuencia la que garantiza que ningún cuerpo colegiado termine legislando por su cuenta. Lo que una aprueba, la otra lo revisa.
El pleno del Senado ha aprobado la delegación de facultades al Ejecutivo en materia de seguridad ciudadana y Fenómeno El Niño. El texto que llegó de Diputados contenía 20 puntos; sin embargo, el que salió de la Cámara Alta llegó con siete artículos adicionales que la cámara de origen nunca discutió ni sometió a votación.
El reglamento del Congreso establece con precisión el procedimiento para la adopción de normas en un sistema bicameral. La Cámara Alta lo ignoró al incorporar artículos propios al dictamen recibido sin devolverlo para debate.
De acuerdo al constitucionalista Luciano López, la modificación unilateral de lo que otra instancia ya había votado es una desnaturalización de sus atribuciones.
El resultado fue posible porque el bloque gobernante sumó el voto de cinco congresistas de bancadas que se identifican como oposición. Tres provinieron de Partido Cívico Obras, dos de Buen Gobierno. En ese interín, otros cinco senadores de Buen Gobierno optaron por la abstención, una postura que en los hechos produce el mismo efecto que votar a favor.
Esta transferencia de potestades al gobierno de la presidenta Fujimori le concede la capacidad de legislar por decreto en materias sensibles. No obstante, la Cámara Baja nunca los debatió.
Como consecuencia, el gobierno está quedando habilitado para actuar sobre una base que ninguna de las dos cámaras respaldó en su totalidad. Y ese margen de acción tiene, en su origen, una irregularidad que el propio Senado introdujo. Lo que se haga con él quedará en el registro; cómo fue obtenido, también.

El pleno aprobó la delegación de facultades incluyendo siete puntos distintos a los enviados por Diputados.

El gobierno de Keiko Fujimori firmó el decreto que dejó sin fondos a la FAP para combatir incendios forestales.

El senador Astocuri cruzó al lado del oficialismo sin mandato de su bancada y contra la voluntad de sus electores.

Quien dobla las normas desde el poder sabe que su mayor adversario no es la oposición, sino una ciudadanía que aprendió a pensar.

Fuerza y Renovación Popular tuercen las normas cada vez que tienen a los intérpretes de su lado; que no lo logre del todo es mérito de quienes resisten y la razón por la que los atacan.