Ventajas comparativas electorales, por Mirko Lauer

"La fragmentación de las simpatías políticas en las encuestas hoy indica fuertes posibilidades de que suceda lo mismo en unas próximas elecciones".


La fragmentación de las simpatías políticas en las encuestas hoy indica fuertes posibilidades de que suceda lo mismo en unas próximas elecciones. Esto se debe en parte al fuerte desgaste de las figuras: en un contexto de corrupción la actuación pública quema a justos y pecadores por igual. Nadie está realmente por encima de la coyuntura.

Semejante desgaste es una oportunidad para los partidos recién constituidos o los que simplemente reaparecen en el ruedo. Numerosos candidatos es algo que ya antes ha significado que para llegar a la segunda vuelta o al Congreso se necesita relativamente pocos votos. Al no haber partidos realmente masivos, se empareja la cancha, como vimos en el 2021.

Sin duda la calidad, o por lo menos el atractivo, del candidato mismo es un factor importante. Pero de casi igual importancia es el acortamiento de la distancia en votos necesaria para ganarle a un rival. Como hemos visto varias veces, los rostros nuevos en partidos nuevos pueden atraer más que los muy jugados.

La abundancia de nuevos o renacidos partidos que dará cuenta de la fragmentación ya existe en los registros del JNE, o en las tareas de diversas agrupaciones. Sin embargo no suenan todo lo que deberían. ¿Por qué? Son varios los factores que los mantienen medio paralizados en el partidor, unos voluntarios, otros no tanto.

Entre los voluntarios quizás opere una resistencia a ser identificados con el lamentable estado de la cuestión política en el país. En otras palabras, habría una virginidad que se está cuidando para ser echada por la borda, suponemos que con bombos y platillos, en el momento adecuado. Cabe preguntarse en qué medida es una buena estrategia.

Otra forma de verlo es que los nuevos o renacidos sí quisieran estar mucho más presentes en la liza desde ahora, pero se lo impide la fijación de medios y redes en la peripecia del poder establecido. Hacer propuestas nuevas es mucho menos atractivo para el gran público que protagonizar escándalos de diverso tamaño, desde altos cargos.

Pero la fragmentación electoral es uno de esos casos donde en efecto los últimos pueden ser los primeros, siempre y cuando tengan un buen candidato, se muevan con decisión, y no tengan esos molestos pelos en la lengua. Los nombres de hoy tienen fuertes posibilidades de producir hartazgo mañana.