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La adhesión del Perú a la OCDE

“Formar parte de la OCDE no significa ingresar a ‘un club de países ricos o a un grupo elitista y exclusivo’ ni tampoco debe ser considerado como una aspiración ‘frívola’”.

Fernando Rojas Samanez (*)

La adhesión del Perú a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) es un proceso de negociación en el que han participado, desde años atrás, diferentes sectores públicos y privados, ha involucrado a sucesivos gobiernos y en el que la diplomacia peruana ha tenido activa participación. Por ello, es gratificante que la organización haya oficializado en días pasados su decisión de invitar a nuestro país a iniciar el proceso que conduzca a su ingreso formal.

La OCDE es un organismo que promueve políticas públicas a favor del bienestar económico y social de los países que lo integran y que están comprometidos con la democracia plural basada en el Estado de derecho y los derechos humanos y adscriben a los principios de una economía de mercado abierta y transparente. Lo conforman más de una treintena de países, entre ellos Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y los principales de la Unión Europea. De nuestra región solo Chile, México, Colombia y Costa Rica.

Para lograr su adhesión, el Perú ha participado desde años atrás y de manera progresiva en diferentes comités y grupos de trabajo que conforman la organización, desde políticas de promoción de la inversión extranjera directa en 1998, hasta políticas de desarrollo regional, gobernanza pública, políticas regulatorias y sobre cohecho en las transacciones comerciales, pesquería, agricultura y comercio, a fin de que las mejores y más exigentes prácticas sean aplicadas en nuestro país.

Igualmente participó en el denominado “Programa País” para identificar las áreas nacionales que precisan tratamiento en el desarrollo integral y diseño de nuevas políticas públicas y junto a otros países en el Programa Regional para América Latina y el Caribe para fortalecer el diálogo sobre políticas y difusión de buenas prácticas en áreas sensibles como inversión, educación, inclusión social, competencia, buen gobierno, lucha contra la corrupción y política fiscal.

En noviembre del 2012, la Cancillería planteó el inicio del proceso de adhesión para la incorporación futura al organismo con el envío de una comunicación, firmada por los ministros de Relaciones Exteriores y de Economía y Finanzas, al secretario general de la OCDE. Allí se transmitió la convicción del Perú de que “la adhesión a una organización que agrupa a los países con las mejores prácticas y los más altos estándares en una serie de áreas económicas y sociales de gran relevancia nos proveerá de la experiencia necesaria en la búsqueda del desarrollo y de la mejora integral de las condiciones de vida de nuestra población a través de mejores políticas públicas”.

En ese objetivo, los sucesivos gobiernos, a través de altos representantes y de las embajadas ante los países miembros de la OCDE, han desplegado gestiones para concretar el ingreso del Perú. Estas no habían tenido hasta el presente los resultados deseados, pues existía una moratoria temporal. Hoy la perspectiva de ingresar a la OCDE adquiere concreción y corresponde con una visión de políticas de Estado y con la adopción de altos estándares.

Formar parte de la OCDE no significa ingresar a “un club de países ricos o a un grupo elitista y exclusivo” ni tampoco debe ser considerado como una aspiración “frívola”. Por el contrario, en la coyuntura actual, cobra mayor prioridad por el significado positivo que representaría obtener el reconocimiento del conjunto de naciones que integran este organismo y porque profundizaríamos el aprendizaje y ejercicio de mejores y reconocidas prácticas en sectores prioritarios y sensibles como la corrupción, la justicia, la educación y la justicia social y en mejorar nuestra competitividad, productividad y conocimiento de nuevas tecnologías.

(*) Embajador, exviceministro de Relaciones Exteriores.