Lucia Solis

Lucia Solis

Casa de Brujas
Periodista feminista, activista y editora de género en Grupo La República. Licenciada en Comunicación y Periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y máster en Estudios de Género por la Universidad Complutense de Madrid (en curso). @lamenstruante lucia.solis@glr.pe

Más columnas

Lucia Solis

Acoso político: edición gordofobia19 May 2022 | 7:02 h

Lucia Solis

Defendamos el enfoque de género (otra vez) 12 May 2022 | 7:28 h

Lucia Solis

Repensar las maternidades, por Lucia Solis 05 May 2022 | 3:47 h

Lucia Solis

Ser mujer: una forma de supervivencia28 Abr 2022 | 7:58 h

¿Cuál cancelación?, por Lucia Solis

“Acusados de abuso sexual, acoso, violencia y hasta feminicidio andan tan tranquilos conduciendo programas de televisión, actuando en telenovelas y hasta liderando la intención de voto en la capital”.

Tan falsa como aquella ‘’caza de brujas’' que muchos alertan cuando se dan cuenta que ya no pueden acosar, abusar y comportarse de forma machista sin que se les señale, es la ‘’cultura de la cancelación’', esa sobre la que las feministas debatimos y que sirve también para justificar los supuestos ataques. ‘’Es que ya no se puede decir nada’'.

Sí que se puede. Tanto se puede que las mismas personas que fueron señaladas en redes sociales y en otros espacios siguen siendo aplaudidas y reconocidas. Se bromea con ellas, se escribe sobre ellas sin ningún reparo, sin ningún cuestionamiento. Tanto se puede que estos hombres, que componen casi en su totalidad el número de ‘’cancelados’', son los que nos informan, los que hacen reir, los que hoy escriben lo que mañana se debatirá en un aula de universidad, los que recibirán ovaciones de ocho minutos, los que serán homenajeados en festivales de cine.

Roman Polanski, Plácido Domingo y Johnny Depp. Acusados de violación, acoso y violencia respectivamente. Cada uno con testimonios en su contra y, aún así, cada uno con un reconocimiento. Hubo protestas y varias colegas mujeres de estos tres renombrados varones se solidarizaron con las sobrevivientes y manifestaron públicamente su rechazo a la omisión de los grandes academias y círculos artísticos hacia la violencia de género ejercida por ellos, las mismas que eligan priorizar la ‘’genialidad’' y la trayectoria antes que las consecuencias fisicas y para la salud mental que sus intocables dejaron a decenas de mujeres.

Pasa en todos los ámbitos y en todos lados. Solo aquí, en Perú, vemos cómo acusados de lo mismo: abuso sexual, acoso, violencia y hasta feminicidio, andan tan tranquilos conduciendo programas de televisión, actuando en telenovelas y hasta liderando la intención de voto en la capital.

No existe tal cosa como la ‘’cultura de la cancelación’' porque no hay consecuencias para quienes solo refuerzan los comportamientos que siempre han sido aplaudidos, ignorados o colocados bajo la alfombra. No existe porque la violencia de género, en todas sus formas, sigue siendo parte de la vida. ‘’Gajes del oficio’', ‘’derecho de piso’', ‘’asuntos personales’'. Quienes se llevan las verdaderas consecuencias son las sobrevivientes… aquellas que no ganan nada alzando la voz pero que lo hacen con valentía, aquellas por las que otras se animan a hablar y que, pese a ello, son cuestionadas y atacadas. Con los agresores no pasa nada.

Ocurre siempre. Sea en un actor internacional ganando un Oscar o un reportero acosando a mujeres durante un Mundial. Da igual. Siempre habrá una excusa. ¿La más elaborada? Esa que dice que hay que separar la obra del autor. Para eso, solo una cita de la divulgadora cultural española Eugenia Tenenmbaum: ‘’La construcción del genio es muy excluyente. Estos artistas, estos genios, se han deshumanizado y parece que, en vez de personas, son otra cosa. Al humanizarlos y exponer su personalidad, sobre todo cuando no es para bien, ese constructo del genio se empieza a caer. Esto no le interesa ni a la Historia del Arte ni al mercado artístico porque, en realidad, son personas que mueven miles de millones de euros al año.’’.

Más que ‘’cultura de la cancelación’', lo que hacen las feministas es normalizar una cultura de la reparación, aquella en donde, frente a la indolencia de quienes están en el poder, pueden visibilizar a un agresor y señalarlo en un tweet, por ejemplo. O dejan de alabarlo públicamente. O piensan dos veces antes de comprar un disco o ver un película suya, o reflexionan antes de votar por él. Podemos reparar a las cientos de sobrevivientes (y víctimas) a través de nuestras decisiones. Porque los agresores pueden tener impunidad legal y social, pero no cuentan más con la comodidad del silencio de miles de mujeres.