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Mentiras, mediocridad e indiferencia

“Contra las mentiras, defender la verdad públicamente y no permitir que se nos siga engañando; contra la mediocridad, volver a soñar a partir de las inmensas potencialidades del Perú”.

Por Michel Azcueta

Hemos vivido en el Perú en las últimas décadas momentos realmente malos, negativos para la mayoría, sin embargo, este año que termina se lleva el premio en lo que respecta al deterioro general de la sociedad peruana en cuanto tal… no hablamos del Perú como nación sino de las relaciones entre peruanos y del gran fracaso institucional tal como lo hemos vivido y sufrido durante el 2021.

Las manifestaciones más claras de todo ello, agravadas por su extensión y generalización por toda la sociedad y por todos los aparatos del Estado causantes de esta catástrofe nacional son la mentira permanente, el asentamiento general de la mediocridad y la indiferencia de los ciudadanos ante esta situación.

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La mentira como manera de relacionarse entre peruanos ha estado por todas partes todos los días desde el poder y desde la vida ciudadana: nos han mentido los políticos, nos han mentido los bancos y las empresas, nos han mentido los médicos, nos han mentido los dirigentes sociales, los medios de comunicación y hasta los presidentes de la república. La mentira ocupa un lugar importante sin lugar a dudas, sobre todo por el daño que hace en la destrucción de la confianza. Ya somos, según el barómetro latinoamericano, la última nación en confianza entre los propios ciudadanos. Así es poco menos que imposible construir un futuro común.

La segunda característica negativa que ha dominado el 2021 es la mediocridad en la sociedad, en la política, en los partidos, en los medios de comunicación, en las propuestas económicas, sociales, culturales, religiosas; mediocridad en los liderazgos de los diferentes sectores de la sociedad actual. Solo se busca el inmediatismo y el cortoplacismo, en donde nada cambia. Ahí tenemos el adocenamiento en la celebración del bicentenario, la mediocridad del nuevo Gobierno y del nuevo Congreso en los primeros seis meses de gestión, dejando de lado grandes objetivos nacionales.

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Muy unida a estas dos manifestaciones de lo vivido en el año 2021, tenemos otra realidad negativa: la evidente indiferencia de muchos ciudadanos ante la actual situación nacional con una falta de compromiso real y de análisis personales, de grupo; la poca voluntad de participar en organizaciones, en programas, para dar alternativas a los problemas que vivimos. Es cierto que hay personas comprometidas con su comunidad, con su organización, con el Perú, sin ninguna duda, pero me refiero de manera más específica al desentendimiento de los compromisos como ciudadanos.

El hecho que, en mi opinión, hayan predominado estas tres características a lo largo del 2021 no quiere decir que no haya habido ejemplos valerosísimos dignos de imitar y que no haya solución. Claro que la hay. Contra las mentiras, defender la verdad públicamente y no permitir que se nos siga engañando; contra la mediocridad, volver a soñar a partir de las inmensas potencialidades del Perú, en todos sus niveles y proponer objetivos superiores alcanzables y que beneficien a las mayorías; contra la indiferencia, participar organizada y permanentemente, uniendo y concertando fuerzas, ideas y voluntades preparando el surgimiento de nuevos liderazgos democráticos que tanto necesitamos.

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Todo ello es posible. No destruyamos la esperanza. Al contrario, llamamos a hacerla realidad y fortalecerla en el nuevo año.

PD. Escrito en plena cuarentena, 29 de diciembre 2021.