Maite Vizcarra

Maite Vizcarra

Hacker cívico
Autodidacta. Colecciono saberes y tiendo puentes para beneficio de todos. Experta en innovación tecnológica y digitalización. Catedrática en escuela de gobierno en Perú (USMP) y España (Fundación Ortega y Gasset). Bach. en cultura y sociedad, U. de Oslo. Maestría en Economía por la U. de Barcelona. Conductora de los programas Ruta CTi y 4D en RTV.

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Diplomacia emprendedora de Boric

“El eje Tacna-Arica puede verse beneficiado de esta visión, a través de un hub metal mecánico y/o minero...”.

La llegada de Gabriel Boric a la presidencia de Chile no solo es un hito político para el país sureño, sino que puede significar un hito para el multilateralismo regional enfocado en la nueva diplomacia del siglo XXI, vinculada con la innovación tecnológica, cambio climático y la economía creativa. Y esa es una buena noticia.

Ya antes he explicado que la agenda de relaciones exteriores de países como el Perú debería orientarse a beneficiar más a los ciudadanos de a pie, por lo que temas como el emprendimiento, la innovación tecnológica entre otros, son los que habría que priorizar. No en vano, Boric anunciaba en su campaña presidencial que Chile se tornaría en un país líder que busque impulsar el desarrollo de hub tecnológicos con sus vecinos y a través de ciudades fronterizas. El eje Tacna-Arica puede verse beneficiado de esta visión, a través de un hub metal mecánico y/o minero, por ejemplo.

PUEDES VER: Sueldo mínimo y reforma tributaria: ¿qué plantea Gabriel Boric inicialmente para Chile?

El novísimo presidente chileno también acuñó el término “política exterior emprendedora”, y con ella busca potenciar la innovación del cuerpo diplomático propiamente, dotándolo de nuevas herramientas y narrativas que se centren en construir consensos regionales y globales ad hoc, entorno a recursos naturales globales, tales como los océanos y mares.

¿Influirá la nueva política exterior de Chile en el Perú? Definitivamente, sí. Y en dos temas compartidos, por decir algo: en primer lugar, una estrategia conjunta para conservar la biodiversidad y la administración de los bienes comunes globales (la Amazonía y los océanos a través del “Panel de alto nivel para una economía azul, oceánica y sostenible”, del que Chile es parte, pero el Perú aún no) y, en segundo lugar, el impulso de nuevos esquemas productivos que superen la lógica extractivista que ha caracterizado el desarrollo de los países de la región. Esa nueva diplomacia chilena terminará influyendo en parte a la agenda local, si no es por imitación, lo será por accesión. No en vano, nuestra tecnocracia siempre mira hacia el sur para validar sus buenas prácticas de gestión, sea en lo público como en lo privado.