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Infraestructura natural para la reconstrucción con cambios

Hasta el momento, se ha desarrollado una cartera de más de $ 210 millones en inversiones en reforestación, restauración de matorrales y pastizales, y mejores prácticas de manejo del suelo y el agua que se implementarán en los próximos 4 años.

Fernando Momiy Hada (*)

El Perú es un país altamente vulnerable a inundaciones, deslizamientos, huaycos y erosión del suelo. Los eventos de El Niño que han golpeado a nuestro país en los años 82-83, 97-98 y 2017 afectaron de manera implacable a millones de peruanos. En cada ocasión, entre 500,000 y 1.3 millones de personas sufrieron sus embates y las pérdidas que tuvimos como país fueron de entre USD 3 mil y 9 mil millones cada vez. Fuente: Libro-PERC-nino-costero.pdf (floodalliance.net)

Con el cambio climático, se estima que la tendencia será hacia un incremento en frecuencia, intensidad y magnitud de este tipo de eventos, por lo que los daños podrían ser aún mayores. Las actividades humanas tienden a incrementar significativamente los riesgos, que podrían ser exacerbados por lluvias más intensas o por periodos más largos. Los cambios en la cobertura vegetal ocasionados por la deforestación, el sobrepastoreo o la construcción de caminos y carreteras aumentan la probabilidad de erosión, movimientos en masa e inundaciones.

¿Qué hacer? Tradicionalmente, la respuesta ha priorizado soluciones de infraestructura gris (construcción de muros de contención, diques, defensas ribereñas, etc.); sin embargo, las evidencias muestran que las soluciones de infraestructura natural y ancestral, también contribuyen de manera decisiva en generar resiliencia frente a los desastres, especialmente frente a las inundaciones y movimientos de masa.

Así, los investigadores encuentran que evitar la deforestación en los Andes permite reducir la ocurrencia de deslizamientos superficiales, que la cobertura vegetal permite la estabilización de pendientes y taludes, y que la densidad de deslizamientos es más baja si se conservan o restauran bosques nativos. En promedio, los bosques, páramos, pastizales bien conservados reducen entre 9 y 12 veces las tasas de erosión en comparación con campos de cultivo agrícolas y ganaderos (ver estudio: Infraestructura natural para la gestión de riesgos de erosión e inundaciones en los Andes: ¿Qué sabemos?).

Una apuesta pionera en esta línea, es la que está haciendo el Programa Nacional Reconstrucción con Cambios, que desde el año 2019 viene incorporando en su planificación y desarrollo, soluciones e inversiones en infraestructura natural en 17 cuencas en las que trabaja, y que complementan a soluciones de infraestructura gris en las zonas afectadas por el Fenómeno El Niño.

Hasta el momento, se ha desarrollado una cartera de más de $ 210 millones en inversiones en reforestación, restauración de matorrales y pastizales, y mejores prácticas de manejo del suelo y el agua que se implementarán en los próximos 4 años. Las inversiones, que se espera que restauren más de 45.000 hectáreas de ecosistemas críticos en las cuencas costeras vulnerables de Perú, están diseñadas para proteger los suelos de la erosión y aumentar la infiltración, reduciendo los riesgos de inundaciones y deslizamientos de tierra para las poblaciones vulnerables y la infraestructura crítica y se constituya además, en una fuente de reactivación económica para las comunidades donde se ejecuten.

Actualmente, existen 10 proyectos de infraestructura natural por un valor de más de $ 167 millones que han sido aprobados en la etapa de diseño inicial para la inversión de RCC, En los próximos 6 meses se aprobarían entre 3 y 4 proyectos adicionales, todo esto con el apoyo técnico de expertos locales e internacionales, bajo el proyecto de Infraestructura Natural para la Seguridad Hídrica financiado por USAID y Canadá.

Por ello, en el marco del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres que se conmemoró el 13 de octubre, es una oportunidad para llamar la atención sobre la importancia de priorizar la conservación e invertir en la recuperación de los ecosistemas (bosques, pastizales, andenes y terrazas), para reducir la vulnerabilidad de las poblaciones y sus medios de vida frente a los desastres.

Hoy, los proyectos y programas para una gestión integral de los desastres reclaman urgentemente una mirada mucho más integral, que rescate los valores de conservación y restauración de los ecosistemas, que reivindique las técnicas ancestrales y se sustenten en una robusta evidencia científica. Vivimos en un país altamente vulnerable, por lo cual es imprescindible actuar de manera responsable y con una visión a largo plazo, que sea sostenible en el tiempo y que también permita, a toda la población vulnerable, reactivar sus economías, preservando el medio ambiente y, al mismo tiempo, haciendo del lugar donde habitan, un espacio más seguro.

(*) Director del Proyecto Infraestructura Natural para la Seguridad Hídrica.

El proyecto es promovido y financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Gobierno de Canadá y ejecutado por Forest Trends, CONDESAN, la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), EcoDecisión e investigadores del Imperial College London.