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Los dos errores de Sergio Ramírez

“¡Qué ilusos! Ortega es una prueba de que estaban errados. Se trata de otro triste aniversario”.

Por Danilo Arbilla

Me gusta el mondongo. No a todos, pero yo solo he titubeado con una sopa de panza que probé en una pequeña ciudad de Nicaragua, Masatepe, cerca de Managua. Fue Sergio Ramírez Mercado quien me dijo que en su pueblo se hacía la mejor sopa de mondongo.

Lo conocí en 1985, en Managua. Me recibió como presidente interino en el Palacio Presidencial. La entrevista era con Daniel Ortega, flamante presidente elegido en elecciones libres –¡qué tiempos aquellos!–. Ortega tuvo que viajar a Moscú para asistir a los funerales de Chernenko.

Comparado con Ortega, eran como el día y la noche. No me encontré con un “revolucionario” pichón de Fidel Castro, sino con un hombre serio –que no estaba disfrazado con uniforme–, fino, culto, amable, tolerante y, eso sí, “abrazado” a la causa y la suerte de su patria, que por enésima vez recobraba la libertad.

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El presidente interino me hizo conocer Nicaragua, su sufrido pasado, y lo que se estaba viviendo en ese momento.

En el 2003, también en Managua, con Ramírez presentamos el libro “Tiempo de vivir” de Claudia Chamorro Barrios, la hija del mártir Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y de la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro. Las cosas fueron mutando en Nicaragua. Nos reencontramos muchas veces y me fue (Sergio Ramírez) poniendo al día. Anticipándose con dolor y rabia.

Y sus libros. Sus novelas y sus cuentos cortos. Premios y reconocimientos y si alguna condecoración le faltaba, Ortega lo acusó por “realizar actos que fomentan e incitan al odio y la violencia”. ¡Sergio Ramírez acusado, y requerido, por incitar al odio y la violencia! ¿A quién se le ocurre? Solo a un dictador.

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Lo puso mal la ultima novela,–”Tongolele no sabía bailar”–, censurada y secuestrada.

Ortega no tiene límites. Habla de elecciones, que él de antemano tiene “ganadas”. Ha puesto preso a críticos y opositores y a todos los candidatos a la presidencia que le podían vencer, y que, sin duda, lo vencerían en elecciones libres.

Presos, torturados y casi cuatrocientos muertos y cientos en el exilio.

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Sigue en la OEA. ¿Cómo es posible? ¿Por qué no se aplican los mecanismos de la Carta Democrática Interamericana (CDI)?

Veinte años se cumplieron del atentado a las Torres Gemelas. Todos lo recordaron. Nadie recordó que también el 11 de septiembre se cumplieron 20 años de la aprobación, en Lima, de la CDI. Y fue en el Perú como un juramento de que regímenes como los de Alberto Fujimori no deberían repetirse jamás. ¡Qué ilusos! Ortega es una prueba de que estaban errados. Se trata de otro triste aniversario.

Solo dos errores puedo marcarle a Sergio Ramírez: cuando me dijo lo de la sopa y sobre de que esa vez Nicaragua recobraba su libertad para siempre.