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Educación: terrorismo y reforma magisterial

“Hay que evitar que algunos ‘economistas, burócratas y opinólogos de la educación’ pretendan seguir precarizando la Carrera Pública Magisterial”.

Por Idel Vexler, educador y exministro de Educación

Hay muchos temas de la actualidad educativa en nuestro país que deben tratarse y atenderse oportunamente. Sin embargo, me parece indispensable en esta oportunidad, por su impacto y preocupación en la ciudadanía, poner atención en los referidos al tratamiento educativo que debe tener el fenómeno terrorista, así como en la intención de eliminar la reforma magisterial en marcha.

El 2018, cuando me desempeñaba como ministro de Educación, incorporamos en el currículo escolar —en proceso de reajuste— el estudio del fenómeno terrorista, de menor a mayor complejidad, desde quinto de primaria hasta quinto de secundaria. Precisábamos el carácter criminal y genocida del fenómeno terrorista de Sendero Luminoso (encabezado por Abimael Guzmán) y del MRTA (y su cabecilla Víctor Polay). También el rol importante que desarrollaron las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, así como muchos actores en la lucha antiterrorista como alcaldes, dirigentes políticos, rondas de autodefensa y otros líderes sociales; pero, igualmente, la existencia de atentados de algunos militares y policías en contra de los derechos humanos. Esta propuesta fue dejada de lado, lamentablemente, por la gestión ministerial que nos sucedió. Hoy, si tenemos en cuenta que muchos peruanos (sobre todo jóvenes) ignoran los luctuosos sucesos causados por el terrorismo, debemos reafirmar que la formación ideológica contra el terrorismo debe ser no solo del sistema educativo nacional, sino del Estado y la sociedad en su conjunto. Es una tarea educativa de todos.

Otro tema preocupante es la amenaza que se cierne sobre la reforma magisterial. En ese marco es loable el anuncio del ministro de Educación actual de mantener la Carrera Pública Magisterial, que se sustenta en evaluaciones, capacitaciones y aumento de haberes con base en los méritos. Esta Carrera constituye una política de Estado que desde el 2007 ha costado mucho esfuerzo llevar adelante. Pero, para afianzarla, no es suficiente hablar de sus fortalezas, sino también de sus debilidades en su desarrollo. Creo que una de ellas es la relacionada con la evaluación de nombramiento. Desde el 2015 hasta la actualidad —inclusive a partir del 2018 en que promovimos una ley para que los concursos fueran anuales— han ingresado en cada convocatoria a la primera escala alrededor del 4% en promedio de más o menos 220 mil postulantes en cada concurso (el 2019 aproximadamente 2%). Por eso, me parece bien que el Minedu revise y mejore los procesos e instrumentos de evaluación de nombramiento de los docentes, en un marco de calidad. Hay que evitar que algunos “economistas, burócratas y opinólogos de la educación” pretendan seguir precarizando la Carrera Pública Magisterial. Y que ciertos congresistas radicales avancen en sus afanes de desactivarla.