Augusto Álvarez Rodrich.

Augusto Álvarez Rodrich.

Claro y directo
Economista de la U. del Pacífico –profesor desde 1986– y Máster de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, Harvard. En el oficio de periodista desde hace más de cuatro décadas, con varios despidos en la mochila tras dirigir y conducir programas en diarios, tv y radio. Dirige RTV, preside Ipys, le gusta el teatro, ante todo, hincha de Alianza Lima.

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La muerte de Abimael Guzmán

¿Cómo entender en el futuro el daño que le hizo al Perú?

La muerte de Abimael Guzmán es relevante en la historia del Perú, pues fue el líder de Sendero Luminoso, uno de los grupos terroristas más criminales del mundo, que produjo un daño irreparable, inolvidable e imperdonable.

Tras ser dirigente de izquierda en Ayacucho desde los sesenta, cobró notoriedad nacional en 1980 cuando Sendero inició su lucha armada en Chuschi como comienzo de un terrorismo que fue el principal motor de las muertes en los siguientes años en el país.

Al inicio, el sistema no supo reaccionar ante este fenómeno polpotiano: la izquierda demoró en tomar distancia, la derecha no lo comprendió, y el estado respondió sin respetar los derechos humanos, agravando el problema.

Fue cuando el estado empezó a comprender que al terrorismo que quiere dinamitar el sistema se le debe combatir con la legalidad en la mano, que se comenzó a ganar esta guerra.

Y así fue como un sábado de hace 29 años fue capturado, produciéndole a los peruanos temor por la posible reacción de Sendero, pero alivio por empezar a ver luz al final del túnel.

Abimael fue una de las figuras que dominó la política del país de las últimas cuatro décadas, aunque pasara casi tres cuartas partes encerrado en la cárcel de la Base Naval. Su captura, juicio y carcelería se realizaron dentro de la legalidad, lo que no debe olvidarse.

No es casual que muchos –incluida esta columna– sintieran ayer sábado la necesidad de expresarse en las redes por el fallecimiento del Osama Bin Laden peruano, como queriendo ser parte de la historia, algo entendible pues Guzmán fue, en realidad, parte central y nefasta de nuestra historia.

¿Puede dejar de ser parte de nuestra historia futura? Eso sería imposible e incorrecto. Su muerte debe servir para entender lo que ocurrió, por qué sucedió, las razones de la pobreza que llevaron a algunos a apoyarlo, por qué eso está muy equivocado, y la manera cómo se le derrotó, con la ley en la mano.

Algo que, lamentablemente, no se percibe que el gobierno actual lo tenga muy claro, pues algunos de sus miembros actúan como siguiendo lo que dijo Abimael Guzmán en el momento de su captura, señalándose la sien: “Si uno muere, esto queda en los demás, y eso nunca se va a borrar”.

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