Inés Flores

Inés Flores

La Tribu
Periodista especializada en temas de política y docente de la Facultad de Comunicación de la Universidad San Martín de Porres. Magister en Periodismo y Comunicación Multimedia por la USMP. Siguió estudios de periodismo internacional en la Universidad de Navarra, España. Actualmente se desempeña como jefa de Informaciones del diario La República.

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“Dirigentes sindicales, líderes políticos, autoridades municipales, militares y policías también estuvieron entre sus cuantiosas víctimas”.

La semana se cierra con un acontecimiento de primera plana y de repercusión internacional: la muerte de Abimael Guzmán Reinoso, el sanguinario fundador y cabecilla del grupo terrorista Sendero Luminoso que tanto dolor, muerte y destrucción generó en el Perú en la década del 80 y comienzos de los 90.

Guzmán era un comunista de línea ideológica maoísta, la cual considera al campesinado como fuerza motriz de la revolución. Sin embargo, lo que hizo Sendero Luminoso en el país fue someter a sangre y fuego a los poblados campesinos, hasta el genocidio, como en Lucanamarca y Soras, en Ayacucho. En Lucanamarca mató a 69 hombres, mujeres y niños siguiendo órdenes del mismo Guzmán. En Soras victimaron a 100 pobladores que viajaban en autobús (el “bus de la muerte”), en venganza porque se organizaron para luchar contra la subversión.

Posteriormente Guzmán desplazó su violencia a Lima, donde ocasionó crímenes descomunales como los de Tarata, en Miraflores, con decenas de víctimas mortales. Dirigentes sindicales, líderes políticos, autoridades municipales, militares y policías también estuvieron entre sus cuantiosas víctimas. Todo esto hizo que en su momento Sendero Luminoso, la gran obra de Guzmán, fuera considerada “la guerrilla más letal del mundo”, mucho antes que aparecieran en la escena internacional Al Qaeda y el Estado Islámico.

Guzmán no fue un doctrinario ni un teórico del marxismo. Fue un criminal sanguinario, dogmático y despiadado. Su fracaso es evidente. Segó la vida de más de 30 mil peruanos y no logró ninguna revolución. Ha muerto en la víspera de cumplirse 29 años de su captura. Su historia de sangre y terror debe figurar en el currículo escolar para que no vuelva a repetirse.