Eloy Jáuregui

Eloy Jáuregui

Animal urbano
Cronista, poeta y profesor en la Universidad de Lima. Estudios en Lingüística y periodismo. Editor en la mayoría de los medios peruanos y corresponsal en revistas del extranjero. Autor de una treintena de libros sobre comunicación, lenguajes alternativos y culturas urbanas. Con premios en Casa de la América y Prensa Latina (Cuba) y Etecom-Perú.

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“En mi país, más de 4 millones hablan quechua en sus diferentes variantes. Y somos abundantes en nuestra amplia diversidad lingüística con las 48 lenguas originarias donde no solo se transfieren significantes sino también conocimientos, historias y tradiciones”.

A finales de los 70 era obligatorio en mi universidad el curso de quechua. Lo juro, yo lo aprendía a regañadientes. Una noche conté de mis clases a mis amigos del Café Haití de Miraflores. Fue mi debacle. Me miraron como a una rata. “Es de cholos”, me dijeron. Entonces yo quise cantar “Coca quintucha”, el huayno que me había enseñado Máximo Damián: “Ñoqacho karqani mamay waqachiq…”. Y fui defenestrado entre improperios de aquel antro apitucado. Mis padres eran quechuahablantes, cientos de amigos lo son. Y a mi casa llegaban José María Arguedas (autor de Katatay, poema en quechua), Jaime Guardia, Raúl García Zárate, Ranulfo Fuentes y el mismo Damián, y todos hablaban el quechua a los gritos. Esa era su lengua, con ella lloraban y reían. Esa su identidad, su trueno telúrico en medio de un mundo que los excluía por serranos.

En los 50, con el desborde popular que tomó Lima, los provincianos se ocultaban en sus coliseos y corralones para cantar sus entrañables canciones y melodías. Para ellos, la radio, la televisión y los discos eran prohibidos. Cierto, los blancos capitalinos argumentaban que el quechua era peligroso, un lenguaje cifrado que infundía pánico. Como la reciente reacción en el congreso cuando el premier Bellido, para añadir espanto a sus palabras, se pronunció en quechua.

Es la venganza de los terroristas, dijeron, ahora me quitarán mi 4x4. Y es que el quechua para la derecha cavernícola del Perú es sinónimo de resistencia y rebelión. El mismo argumento evidenció el Informe final de la CVR. Que para los represores, los quechuahablantes eran todos sospechosos y así se produjo el asesinato, la desaparición y la tortura masiva, ante la indolencia y la indiferencia de quienes pudieron impedir esta catástrofe humanitaria y no lo hicieron.

En mi país, más de 4 millones hablan quechua en sus diferentes variantes. Y somos abundantes en nuestra amplia diversidad lingüística con las 48 lenguas originarias donde no solo se transfieren significantes sino también conocimientos, historias y tradiciones que definen la identidad de los pueblos que las hablan. ¿Sabrán de esa riqueza los conservadores racistas y fascistas? No.

Pero en su ignorancia no entienden el quechua ni entienden el Perú. No tengo nada contra el inglés. Me encanta cómo hablaba Marilyn Monroe. Pero los limeños pitucos siguen creyendo que esta es su hacienda. Y hasta ahora no se dan cuenta que ya no son amos de nada.