Mirko Lauer

Mirko Lauer

Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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¿Cómo termina el oleaje?

Es hora de tratar de imaginar una cierta estabilización de la política, sus posibilidades y sus plazos. No una concordia, que vista desde aquí parece imposible. Pero la pugna política llevada por cauces que se podrían llamar normales. Hubo un momento en que se pensaba que eso iba a depender de si Pedro Castillo era capaz de hacer una lectura ajustada de la realidad. ¿Sigue siendo así?

Todavía no conocemos los alcances de la actual respuesta de la derecha más radical al triunfo de Perú Libre. Es decir si estas pocas pero intensas semanas han logrado instalar algo así como un sentido común reaccionario en una parte de la población. De ser así, no habrá moderación o sensatez de Castillo que alcance para gobernar en paz.

En otras palabras, todavía no está claro si el actual clima de confrontación que raya en la irracionalidad es una función de lo electoral, llamada a calmarse con el paso de los días, o si se ha abierto una proverbial caja de Pandora, que vomitará problemas de larga duración y será sumamente difícil de volver a tapar.

En esa segunda opción quedará poco en manos de Castillo. Más aún, una confrontación endémica y más allá de una oposición democrática, puede arrastrar al nuevo gobierno hacia la búsqueda de fuerza en las bases, con más medidas y escenarios populistas que los previsibles. Una suerte de versión irreflexiva de la famosa profecía autocumplida.

Los avances democráticos se dan, para casi todas las ideologías del espectro, en un contexto de estabilidad. Esto vale para gobernantes y opositores. Si el gobierno pasa a ser autoritario y la oposición saboteadora, la pérdida es para ambos bandos. Fuerzas nuevas suelen aparecer luego para recoger los despojos de este tipo de guerras a muerte, aunque gran parte del daño ya estará hecho.

Lo que atiza el encono, y la consiguiente inestabilidad, entre los políticos es el temor a que ya no haya una nueva oportunidad política. El mejor antídoto para esto desde y para el gobierno es mantener abiertos al tope los canales democráticos. Esto es algo que puede aislar y calmar a una oposición irracional, no importa qué juramentos esté haciendo en esta coyuntura.