Mirko Lauer

Mirko Lauer

Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Adiós muchachos

“¿Se portó este Congreso peor que el anterior? En verdad no. Los elegidos en 2016 también se dieron el gusto de derrocar a un presidente, y terminaron disueltos ellos mismos. Pero a la vez lograron que sus furias políticas no se desbordaran hacia la administración del Estado”.

A 15 días de su partida, el Congreso saliente se sigue manejando como si fuera a quedarse para siempre. Las leyes siguen apareciendo como si salieran de un cajero automático. El intento de imponerse a otros poderes del Estado sigue al tope. Todavía se mantienen las ganas de vacar, dentro y fuera de casa, en una suerte de Pleno del estribo.

Hay que reconocerle haber samaqueado a la política. Derrocó a un presidente de la República, y mantuvo a otro amenazado con lo mismo. Colocó a su propio presidente en Palacio, por un par de días. Se arrogó atribuciones del Ejecutivo. Hirió gravemente al sistema previsional. Metió mano en las tasas de interés.

La quincena que viene los va a mantener apurados y especialmente nerviosos, soñando con un alargamiento de su mandato. Formalmente es tiempo de más para hacer movimientos extraños en la cancha. De pronto hasta veamos una quinta legislatura de último minuto, o alguna insólita indemnización, o una propuesta contra las propias elecciones pasadas.

El balance no es bueno, y es probable que la despedida venga seguida de investigaciones, destapes o rectificaciones de una parte de lo actuado. Los partidos que pisaron fuerte a lo largo de los 12 meses van a estar en minoría, y no parece que sus nuevos parlamentarios tengan muchas ganas de defender a los correligionarios que los antecedieron, o en aprovechar su breve experiencia para una de esas clásicas asesorías compadreras.

¿Se portó este Congreso peor que el anterior? En verdad no. Los elegidos en 2016 también se dieron el gusto de derrocar a un presidente, y terminaron disueltos ellos mismos. Pero a la vez lograron que sus furias políticas no se desbordaran hacia la administración del Estado. Quizás a los elegidos el 2020 los alentó la llegada de la pandemia.

Un factor catastrófico en el Congreso saliente fue la abultada presencia de congresistas primerizos (que a este columnista le hizo repensar la conveniencia de la no reelección). Nunca hubo un sentido claro de lo que se podía y no se podía hacer, y menos aún lo que se debía hacer, en el Poder Legislativo.

Quizás haríamos bien en irnos preparando para una sorpresa de último momento.