Lucia Solis

Lucia Solis

Casa de Brujas
Periodista feminista, activista y editora de género en Grupo La República. Licenciada en Comunicación y Periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y máster en Estudios de Género por la Universidad Complutense de Madrid (en curso). @lamenstruante lucia.solis@glr.pe

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Cómplices entre las oprimidas

“Es preocupante que se dé pantalla a voceras del odio, mujeres que destilan machismo y misoginia...”.

Que te regalen una cocina en miniatura, un bebé de plástico que ríe, llora y hace pis junto a un cochecito para que lo saques a pasear a la calle mientras otros niños saltan, corren y se ensucian la ropa jugando en total libertad habla de la posición que ocupas en el mundo. Es una forma de adoctrinamiento, de organización social: eres mujer y naciste para esto.

Que evites ciertas calles para pasar por la noche, que cojas con fuerza tus llaves mientras caminas, que avises a tus amigas que ya llegaste a casa, que no sueltes tu copa para que no te pongan ninguna pastilla, que empieces a sudar frío cuando el taxista empieza a hablarte, que no puedas tomarte unos tragos porque si estás borracha “puede pasar cualquier cosa” dice que el espacio público es peligroso, que estamos constantemente expuestas, que la culpa siempre es nuestra.

Que no contemos con insumos de salud menstrual en los colegios públicos y que cientos de niñas en las zonas rurales se vean obligadas a dejar de estudiar por esto. Que las que se quedan no tengan acceso a una educación sexual integral, que conseguir métodos anticonceptivos se vuelva una odisea (aunque sea ley), que tengamos que morir desangradas, con un gancho de ropa introducido en la vagina, esterilizadas a la fuerza, violadas por nuestros amigos, primos, tíos, padres, asesinadas por nuestras parejas o exparejas.

No es casualidad, ni mala suerte, ni consecuencia de unos cuantos “degenerados”, “monstruos”, “depravados”. Es lo que sucede en una sociedad patriarcal machista y sexista que tiene entre sus adeptos a mujeres que destilan la misma misoginia que muchos agresores. Con un país dividido, instituciones débiles, clasismo y discriminación tan penosa, es preocupante que se le dé pantalla a voceras del odio. Sus argumentos, además de falsos, son absurdos e ignorantes. Dicen no necesitar que nadie las empodere. Pero no se trata de ti, amiga, hermana, se trata de todas, de cambiar un sistema podrido del que tú también eres víctima.