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Cómo hacer gobernable un país polarizado

Quien quiera que sea el próximo gobernante deberá tomar decisiones de distinta urgencia y con diferentes objetivos. La decisión más urgente es continuar con la vacunación y mantener la atención en el sistema de salud, por si se dé una tercera ola.

Efraín Gonzales de Olarte

La pandemia del COVID-19 desnudó varios problemas que estaban ocultos por la idea general que el neoliberalismo había tenido éxito en el Perú, al mostrar una macroeconomía estable, un largo ciclo de crecimiento debido al superciclo de los precios de los minerales que exporta y una moderada reducción de la pobreza. A los dos meses de la pandemia, comenzamos a tomar consciencia que el Estado no tenía las capacidades para afrontar un reto tan grande, luego se confirmó la gran desigualdad socio-económica que afectó a los más pobres, pero también nos dimos cuenta que tener más del 70% de empleados informales es una gran desventaja para poder luchar contra los efectos del desempleo y del acceso a las ayudas sociales.

En realidad, la pandemia nos hizo dar cuenta que el modelo neoliberal –economía de mercado más Estado chicha– fallaba frente a un gran schock exógeno. Quienes más sufrieron fueron los pobres, los excluidos del sistema estatal y las regiones más atrasadas y rurales. Esta dura realidad se tradujo en la votación de la segunda vuelta electoral, siendo el dato más sorprendente, como un candidato bastante improvisado, con un programa marxista trasnochado y con una intensa campaña en contra de su candidatura por las fuerzas de la derecha, haya logrado obtener la mitad de los votos. Esto de por sí muestra que hay un Perú olvidado y escindido que quiere un cambio, cualquiera que él sea.

No obstante, el resultado más importante es la polarización social y política generada por estas elecciones. Que es un desafío para el próximo gobierno.

Quien quiera que sea el próximo gobernante deberá tomar decisiones de distinta urgencia y con diferentes objetivos. La decisión más urgente es continuar con la vacunación y mantener la atención en el sistema de salud, por si se dé una tercera ola. Luego deberá tener un plan de reactivación económica con un sesgo proempleo antes que procrecimiento del PBI, esta será una gran diferencia con la política neoliberal que se centra en el PBI. Para tal fin se requerirá de una política de inversión, en la cual la inversión púbica se debería asociar con la privada para lograr la meta anterior. Sin embargo, la inversión debería hacerse en el marco de una política de desarrollo sectorial-regional, es decir se requiere reorientar el modelo de crecimiento, muy centrado en la exportación primaria, a uno que incorpore a otros sectores que generan más empleo, mayor valor agregado y que tienen mayores multiplicadores, como: la agricultura, la agro-exportación, la industria de preferencia exportadora (dentro y fuera del país) y los servicios en los cuales el Perú y sus regiones tienen ventajas comparativas absolutas.

La idea central es definir políticas económicas que comiencen a redefinir los sectores que le den dinamismo a la economía peruana, pero al mismo tiempo que vayan rectificando el patrón o modelo de desarrollo peruano, a uno que tenga tres patas: industria+agroindustria - minería - servicios, en lo posible integrados y con capacidad de exportar y espacialmente desconcentrado.

Esta propuesta permite incorporar varios de los puntos propuestos por Perú Libre cuyo efecto sería fundamentalmente el incremento del empleo en los sectores y regiones con menor productividad y mayor pobreza, pero al mismo tiempo, incorpora las propuestas de Fuerza Popular de mantener los sectores que generan divisas y rentas para financiar al Estado peruano. Si todo esto sucede es muy probable que la base tributaria aumente, en consecuencia, crezcan los ingresos fiscales, no sólo para lograr una más efectiva redistribución del ingreso y de la riqueza, sino también para lograr una desconcentración de las inversiones hacia las regiones. Así tendríamos un Estado más grande y más eficiente en sus tres niveles de gobierno, pero se requerirá de una efectiva estrategia para reducir la corrupción, la evasión y la elusión tributaria. Necesitamos otra moral pública y estatal.

Pero para lograr estos objetivos se requiere de acuerdos políticos tanto entre los partidos políticos, los empresarios, el Estado y la sociedad civil. Acuerdos sobre los ejes esenciales de la “nueva política de desarrollo” y un “Estado más inclusivo”.

Quizás la parte más débil de la salida de la crisis actual es: “la composición del próximo gobierno” en términos políticos y técnicos, dada la polarización. Se requerirá un presidente del Consejo de Ministros capaz de establecer los puentes entre las partes enfrentadas actualmente, es decir se requiere de un buen operador político. En segundo lugar, se requiere un ministro de Salud con el suficiente liderazgo profesional e institucional para continuar con el proceso de lucha contra el COVID-19 y, en tercer lugar, se requerirá un ministro de Economía que no sea un cajero defensor a ultranza del equilibrio fiscal, sino uno que desde el MEF tenga una mirada de largo plazo, capaz de hacer los cambios necesarios al modelo de desarrollo actual.

Es fundamental entender que, en esta coyuntura, cualquier enfrentamiento en las definiciones políticas tendrá resultados fatales para el Perú, pero sobre todo para los más pobres y excluidos. Es tiempo que el 80% que no votó por los dos finalistas entiendan que el país que es posible construir requerirá de nuestra compresión y de un espíritu democrático que respete la voluntad de “todos” los peruanos.

A puertas del Bicentenario nos toca la gran responsabilidad histórica de desterrar la herencia colonial de ser un país segmentado y asumir el desafío de hacer del Perú un país con oportunidades iguales para todos.

Junio 2021.