Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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El contagio

Con esa alianza ideológica apareció ante el electorado un fujimorismo nuevo.

¿Quién diseñó la segunda vuelta de Keiko Fujimori? Hasta ese momento la marca política de la familia se había mantenido como un producto diferenciado de la extrema derecha y el desdén por lo autóctono. Tanto así que algunos analistas habían visto en el fujimorismo el embrión de un partido moderno de derecha popular.

Acaso la buena performance de Rafael López Aliaga en la primera vuelta introdujo en las redes partidarias de Fuerza Popular la idea que para satanizar mejor a Pedro Castillo era conveniente tirarse lo más a la derecha posible. Se pensó que allí había un público complementario del de FP. Pero terminó siendo una sustitución, no un complemento.

Con esa alianza ideológica apareció ante el electorado un fujimorismo nuevo. Ya no tanto el partido antiterrorista que se jactaba de haber sido el que derrotó a Sendero Luminoso (muy discutible), sino ahora más bien un partido enfrentado a la izquierda legal y democrática, con seguidores de intensa vocación choleadora.

Mientras la candidata Fujimori cuidaba sus modales y su tono en público, en la intimidad los chats de derecha hervían de furia, con formas de maltrato clasista, racista y macartista en un volumen sin precedentes. Ser un votante por Castillo (sabemos lo que significa) se volvió prácticamente traición a la patria.

Si le concedemos el beneficio de la duda, a Fujimori la parte nacional de la campaña se le fue de las manos, o acaso es más real decir que se la quitaron y se la llenaron de discursos suicidas que Fuerza Popular, sus anteriores membretes, y su dinastía de originalmente honestos inmigrantes nipones nunca habían promovido ni acogido.

En un momento la candidata llegó a tener que tomar distancia frente a la práctica del terruqueo. Para entonces todo peruano de condición popular tenía que sentirse asustado por las cosas que se le estaba diciendo con el pretexto de la política. El temor al comunismo no fue el único miedo de la segunda vuelta.

La próxima presencia de los parlamentarios de López Aliaga en la batalla por el liderazgo de la derecha en el Congreso obligará al fujimorismo a comulgar cada vez más con el fascismo criollo que contrajo en la segunda vuelta. No hay vacuna para eso.