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Perú y México: elecciones con miedo y violencia

Mientras los peruanos elegían entre Castillo y Keiko Fujimori, a casi cinco mil kilómetros de distancia se celebraban las elecciones intermedias en México.

Columnista invitado: Marcel Lhermitte (*)

“Durante la votación, en una mesa electoral en Tijuana (en la frontera con California) habían entregado una caja de cartón cerrada, en su interior había una cabeza humana...”. Una de las últimas cosas que hago antes de apagar la luz para dormir es revisar el teléfono, chequear el WhatsApp, el correo electrónico y dar una fugaz mirada a las redes sociales.

Desde hace una semana al menos me sorprende leer distintas publicidades que me advierten que si Pedro Castillo es electo presidente del Perú peligrará mi economía, mi seguridad y hasta mi salud... Y eso que estoy en Montevideo, a más de 3 mil kilómetros de Lima.

Mientras los peruanos elegían entre Castillo y Keiko Fujimori, a casi cinco mil kilómetros de distancia se celebraban las elecciones intermedias en México, las más grandes de la historia: a nivel federal, 500 diputaciones; a nivel local, quince gobernaturas y 1.063 diputaciones, además de otros casi 20 mil cargos vinculados a gobiernos locales.

Es difícil analizar lo acontecido en estas elecciones sin poner arriba de la mesa un factor predominante y determinante en la vida de los mexicanos: la violencia. Al caer la noche me llegó una noticia estremecedora. Durante la votación, en una mesa electoral en Tijuana (en la frontera con California) habían entregado una caja de cartón cerrada, en su interior había una cabeza humana. Poco después, en otro circuito del país, aconteció un hecho similar; esta vez entregaron un hígado –aparentemente de un animal-.

Luego, lo que algunos dicen que es lo cotidiano: robo de urnas cerradas, enfrentamientos a balazos, candidatos y autoridades partidarias detenidas por compra de votos o ejercicio de acciones violentas, etc.

Solo en el transcurso de esta campaña hubo 90 asesinatos, 33 intentos de homicidio, 40 secuestros y 963 agresiones a candidatos. Violencia, corrupción y para mi sorpresa la normalización ciudadana de ambos estados. “Bienvenido a México”, me contestó un amigo cuando realicé este comentario en un grupo de WhatsApp vinculado a una campaña local.

Más allá de varias impugnaciones que se darán por las irregularidades mencionadas –y por muchas otras–, desde lo estrictamente político partidario se puede afirmar que el presidente Andrés Manuel López Obrador mantendrá la mayoría legislativa, ya que entre el oficialista Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y sus aliados del Verde y Partido del Trabajo (PT) obtendrán entre 269 y 292 curules, por lo que la Cuarta Transformación sigue en marcha.

En el debe queda pues la normalización de la violencia y de los actos de corrupción de un sistema político que está enfermo y que llevará mucho tiempo sanar; las víctimas siguen siendo las personas de a pie, que día a día continúan perdiendo la fe en la democracia y acentúan su descreimiento hacia los políticos y las instituciones.

(*) Periodista y consultor electoral