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¿Quién es el cuco en las elecciones?

Piura lleva décadas sumida en la corrupción, el olvido y entre autoridades incompetentes y obras abandonadas, pero no he visto ninguna sociedad civil organizada marchar en contra de los que se roban el futuro de la ciudad.

Pedro A. Castro Balmaceda.

Hace unos días me llegó un mensaje de texto con la apocalíptica advertencia: “REACCIONA PIURA - #VotaBien”, seguido de un enlace que me llevó a un fanpage de Facebook donde, entre otras cosas se dedican a incentivar el miedo hacia la candidatura de Pedro Castillo. Claro, no lo hacen de manera muy directa, pero si presentándose, y los citaré textualmente: “Como una plataforma política complementaria que representa la respuesta de la sociedad civil piurana organizada para defender los valores constitucionales y democráticos de nuestra región (Piura) y del país”. Así, sin comas ni puntos; si ustedes no entendieron, les aseguro que yo tampoco, pues Piura lleva décadas sumida en la corrupción, el olvido y entre autoridades incompetentes y obras abandonadas, pero no he visto ninguna sociedad civil organizada marchar en contra de los que se roban el futuro de la ciudad.

Líneas más abajo, la página recalca –a modo de eslogan– que su objetivo es “defender la democracia, la paz, la libertad de los peruanos”. Luego de leer todo esto, y pecando de inocente, podría asegurar que este entusiasta grupo de patriotas pide un voto en contra de la mafia que durante años nos robó la democracia a muchos peruanos, quienes sufrimos los abusos de la dictadura fujimorista. Me quedó esa duda, sentí que le faltó ser más explícito y directo, como los medios de comunicación que ya se pusieron la enagua naranja.

Si bien Pedro Castillo ya adelantó que presentará el “Plan 200”, siento que su estado de shock –sorprendido al verse en segunda vuelta– le restó seriedad, mientras que las continuas declaraciones de Cerrón le siguen restando autoridad, aunque él afirme que lleva la batuta. Y no hay algo que el peruano repruebe más que la falta de carácter de una autoridad, sino recuerden la historia del tristemente célebre “Cosito Humala”.

Pero, por el otro lado tenemos a la reina del antivoto, Keiko, quien lejos de desmarcarse de los errores del pasado volvió a convocar a la misma gente que purgó condena por corrupción en la dictadura fujimorista, lejos de apartarse de la portátil agresiva y furibunda que la rodea, volvió a dejarse cautivar por esos que le venden el cuento de que, hoy por hoy, es la heroína de la democracia y salvadora del futuro de los peruanos.

Acaso no suena irónico que la historia haya puesto a Keiko Fujimori –la hija del dictador que destruyó la democracia en los 90, acaparó todos los poderes del Estado y envileció el sentido de justicia en el país– como la única opción ¿coherente?, para salvar esa democracia que su padre nos arrebató durante ocho años.

En el Perú la historia es cíclica o el destino es cruel.