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Los cuatro pactos de Gustavo Mohme Llona

En situaciones similares como se viven ahora, en su condición de senador de izquierda y director de un medio de comunicación, con valentía y apertura Gustavo Mohme Llona anteponía el interés público. Cuánta falta nos hace.

La desaparición física de Gustavo Mohme Llona, hace 21 años, coincide con un período similar de extrema crispación que entonces se vivía, y en el que actuó al mismo tiempo con valentía y apertura, dos elementos de una cultura pública que parecen encontrados en tiempos en que la firmeza se confunde con la diatriba y las convicciones con la intolerancia.

Aún antes del golpe de Estado del 5 de abril de 1992, Mohme Llona como senador de izquierda, directivo de un medio de comunicación plural y crítico, y empresario, lograba compaginar estos quehaceres bajo el marco de una coherencia equilibrada que, para realizarse como tal, colocaba por delante el interés público. Esa realización era siempre compleja, y en cada caso desafiante, a la que solo podía accederse optando y escogiendo, es decir, tomando partido y ponderando los principios y los hechos.

Desde esa manera de actuar Mohme Llona no dudó en denunciar las violaciones de los derechos humanos en la década de los 80, especialmente las masacres cometidas contra las comunidades altoandinas por las FFAA y Sendero Luminoso, por lo que en más de un caso no dudó en integrar las comisiones investigadoras parlamentarias, recibir a las víctimas y sus familiares y hacer suyas sus versiones y demandas de justicia.

Este proceder, sin embargo, no le impedía participar en la elaboración de los presupuestos y en un trámite de consenso lograr el financiamiento de obras, programas de desarrollo y políticas públicas sociales, o alcanzar acuerdos sobre reivindicaciones laborales. Su afán valeroso y tolerante tampoco le impedía participar con éxito en las actividades de representación de los movimientos sociales y autoridades locales cuyos reclamos y gestiones ante el Gobierno Central acompañaba. De hecho, en su actividad destacaba una permanente predisposición por la descentralización que llevó a impulsar la temprana instalación de las ediciones regionales de La República y el respaldo al proceso de regionalización iniciado a finales de los años 80.

Mohme fue víctima del 5 de abril de 1992 en su calidad de senador; doble víctima porque el golpe se ensañó con La República y fue el inicio de una sostenida hostilidad contra el diario; triple víctima en su calidad de empresario porque, al escoger la democracia por encima de los negocios, la animosidad del gobierno de Fujimori se redobló contra él; y cuádruple víctima en lo personal y familiar, porque durante cuatro años, entre 1997 y 2000, fue objeto de una brutal campaña de demolición organizada desde los servicios de inteligencia y otros ámbitos del poder oscuro, dirigidos por Fujimori y Montesinos como fue documentado en el caso judicial de los “diarios chicha”, y que a pesar de su crueldad y bajeza, no lo logró doblegarlo.

Luego del 5 de abril, Mohme Llona se alzó como un pujante y aguerrido defensor de la democracia. Se negó a participar en el Congreso Constituyente Democrático (CCD) y lo combatió, y organizó el primer pacto democrático amplio contra el gobierno autoritario materializado en el Comité por el NO, contra la Constitución de 1993, y que casi vence en el referéndum ratificatorio de octubre de 1993. Este comité luego se transformó en el Comité Cívico por la Democracia que denunció el proceso autoritario, la represión contra los militares constitucionalistas, la matanza de Barrios Altos y de los estudiantes de La Cantuta, y la corrupción gubernamental.

A fines de 1994, Mohme y un grupo de personalidades públicas y líderes sociales impulsaron un segundo pacto democrático que condujo a la formación de Unión por el Perú (UPP) y la candidatura de Javier Pérez de Cuéllar en 1995. Entre 1995 y 1998, desde La República y el Congreso, con la intervención de la sociedad civil en sus variadas expresiones, Mohme Llona participó activamente en la formación de un tercer pacto democrático de la década de los 90, para denunciar la corrupción, la subasta subvaluada de los activos del Estado, el olvido de las regiones, la re-reelección, y la defensa de los magistrados del TC destituidos. El Foro Democrático y la Coordinadora de los Frentes Regionales desempeñaron en esta etapa un papel decisivo en esta convergencia.

De cara a las elecciones del año, Mohme fue el principal impulsor de un pacto más consistente que desafió la reelección de Fujimori, que concluyó en el Acuerdo de Gobernabilidad suscrito por 14 partidos democráticos en noviembre de 1999, antecedente de la movilización nacional contra la fraudulenta reelección del año 2000 y de la denuncia internacional del régimen autoritario. Fue el cuarto pacto democrático que emergió de la figura valiente y amplia de Gustavo Mohme Llona. Cuánta falta nos hace.