Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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Pacto prioritario o muerte segura

“Pongan a estos dos candidatos a prueba. No basta con el desprecio, con el desafecto, con el voto nulo o blanco que se merecen. Que trabajen por el bien común, juntos”.

El triunfo de los extremos minoritarios es un golpe duro para la democracia, del que puede ser tan difícil levantar cabeza como salir de la peste que nos arrebató tanto”. Así terminaba mi columna el domingo pasado. Lo que era un pronóstico informado (tenía acceso a las encuestas) se convirtió en dura realidad.

La pandemia se lleva esta semana unos 800 muertos diarios. La cifra, en tiempos anteriores a la peste, estaba encima de los 300 fallecidos. Hoy, está encima de los 1100. Esa es la magnitud más precisa para determinar cómo vamos. Sin vacunar a más del 70% de la población, vendrá la resaca y la nueva ola. Y otra y otra y otra. En medio de esto, la derrota electoral de la sensatez solo viene a ahondar la desesperanza.

Pedro Castillo y Keiko Fujimori compiten en deméritos y en escasez de méritos. Para cada objeción a un lado, hay su correspondiente en el otro. Juntos no suman ni el 20% del padrón electoral. Los ausentes, los nulos y blancos superan largamente no solo a cualquiera de los dos, sino también a ambos, sumadas sus votaciones. ¿Qué proponen para derrotar la peste? ¿Qué medios tienen para lograr una vacunación masiva nacional? ¿Son capaces de convocar a una alianza política amplísima para movilizar la vacunación sin perseguir a los funcionarios públicos que luchan hoy para salvar nuestras vidas?

Desde la derecha, hemos escuchado llamar terrorista y genocida al presidente Sagasti. Desprestigiar la vacuna de Sinopharm, cuando tanta falta hace y el resto de América Latina la recibe con los brazos abiertos. Desde la izquierda, el negacionismo frente a la enfermedad, la charlatanería de curas milagrosas y la persecución política a ministros, en plena pandemia, ha sido la norma.

En el Congreso, bajarse a un presidente, sobre los cadáveres de miles, les interesó un pepino. ¿Creían que cambiar de caballo en medio del río no tenía consecuencias? Por más deficiente que fuera el manejo de Vizcarra u hoy el de Sagasti, ¿no podía poner la política pausa a su ambición y dejarse de mezquindades? Por eso el país los desprecia en esta elección. Como en la guerra con Chile, cuando más se necesitan líderes brillantes y políticos extraordinarios, un presidente se vacunaba por la puerta falsa mientras sus enemigos planeaban para quedarse con el poder.

¿Puede esta segunda vuelta tener algún resultado positivo? Lo dudo. Pero como aquí hay miles muertos y muriendo, quiero ver un primer gesto. ¿Pueden Castillo y Fujimori conversar? Antes de sus alianzas y concesiones, antes de matarse, desprestigiarse (más, si eso es posible), ¿pueden encerrarse los dos unas cuantas horas y pactar un alto al fuego respecto a la pandemia? ¿Un pacto para que este gobierno transitorio tenga todo el apoyo para comprar vacunas, oxígeno, camas, monitores, conseguir más personal? ¿Un pacto que no augure una persecución administrativa y fiscal por salvar vidas?

Mientras ustedes juegan a “yo quiero ser presidente” los peruanos mueren por miles. Ya basta. ¿De verdad les importa? Paren. Los dos se necesitan para gobernar. Y, nos guste o no, el Perú los necesita a los dos para superar esta tragedia.

Mientras tanto, sugiero a los electores que nadie regale su voto. Solo observen. ¿Quién está a la altura de la desgracia y quién se queda a la altura de su mezquina ambición? Si la política no tiene prioridades, ya ha llegado la hora en que los ciudadanos las impongan. Por ocho semanas ese poder es nuestro.

Pongan a estos dos candidatos a prueba. No basta con el desprecio, con el desafecto, con el voto nulo o blanco que se merecen. Que trabajen por el bien común, juntos, ¿no es ese el fin de la política? ¿No es la urgencia de hoy?

Reúnanse, conversen, acuerden y salgan con un plan mínimo coordinado con el gobierno de transición. Un plan para hoy. No para cuando alguno llegue con una suma de votos, tal vez ridícula, a un poder precario. Un plan que dé carta abierta para la acción hoy. Dejar morir a su pueblo por omisión es el peor crimen que un político puede hacer. Si no pactan, uno de los dos morirá en las ánforas y el otro vivirá, tal vez por poco tiempo, sumido en el olvido que los pueblos dedican a quienes no fueron leales con la vida.

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