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Los perdedores

Aunque no lo digan con todas sus letras, son varios los partidos que acusarán a su candidato presidencial de la derrota.

Es el momento de empezar a pensar en el futuro de los perdedores. No todos ellos tendrán la constancia necesaria para dar el largo salto hacia el 2026 y seguir pensando en la presidencia. Sin embargo, más de media docena de los candidatos de ayer también lo fueron en anteriores elecciones. Hay un bicho presidencial que no se cura fácilmente.

A primera vista los perdedores de oposición tienen su futuro político servido. Sin embargo en estos últimos años esa tarea casi no estuvo en manos de políticos sueltos sino sobre todo de congresistas y periodistas. Además todavía por un tiempo la oposición va a tener que entenderse con la pandemia, donde el oficialismo seguirá siendo la carta ganadora.

Los perdedores vinculados a un partido más o menos estable tendrán más facilidades para mantenerse en los márgenes del candelero. La cosa será más difícil para los que candidatearon desde un vientre de alquiler, sobre todo si llegaron muy rezagados, y el partido que los alojó no pudo superar la valla. Allí podemos pensar en divorcios instantáneos.

Los perdedores más afines a quien gane podrían, en la teoría, encontrar alguna forma de acomodo. Pero, una vez más, los que mejor pueden acomodarse son los votos del Congreso, no tanto los políticos sueltos. Además de que por la fragmentación ninguno de los partidos tendrá muchos votos parlamentarios que ofrecer, con dos o tres excepciones.

Aunque no lo digan con todas sus letras, son varios los partidos que acusarán a su candidato presidencial de la derrota. Lo cual va a obligar a varios competidores a una cura de silencio, que puede ser larga. No faltará quien haga notar que se necesitaban realmente pocos votos para ganar, y que fue un crimen no haberlos podido obtener.

Sin embargo, entre la votación de ayer y la de la segunda vuelta el nombre de algunos de los principales perdedores puede tener un valor político. Mayor valor cuanto más polarizada venga la cosa. Los perdedores del lado ganador pueden obtener alguna ventaja de eso, si sus buenos oficios llegan a ser reconocidos.

Quizás veamos a perdedores dedicados a no reconocer su derrota. Allí estarán deambulando por los medios como furibundas almas en pena.