Mirko Lauer

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Después del último bono

En el caso de los particulares endeudarse ha sido un recurso para sobrevivir.

La prensa económica viene presentando a un nuevo tipo de personaje en la noticia: el deudor, nacido del frenazo causado por un año de pandemia. En el caso de las empresas la presunción, razonable, ha sido que un préstamo es el camino para que lleguen vivas a tiempos mejores. En el caso de los particulares endeudarse ha sido un recurso para sobrevivir.

En teoría la recuperación económica permitirá que los préstamos vayan siendo devueltos. Se anuncia desde el MEF un rebote entre 8% y 10% en el PBI peruano en el 2021, algo menos de la caída en el 2020. A primera vista pareciera que quedamos tas con tas, pero es casi imposible que la recuperación sea de manera pareja, algo así como equitativa.

Las empresas que desaparezcan (que no van a ser pocas) no van a poder pagar sus deudas, y tampoco las personas endeudadas que no puedan recuperar su empleo, u obtener otro. Con lo cual aparecerán las múltiples formas de la deuda impagable, pesando sobre las espaldas del sistema financiero y sobre las cuentas fiscales.

Estaremos ante un escenario de fuerza mayor. Las cifras de morosidad ya eran espectaculares en el 2020, y es muy probable que aumenten. En medio de ellas estarán el deudor que simplemente no puede pagar y el acreedor que no podrá cobrar, y que pronto se puede convertir él mismo en un deudor con serios problemas, o un prestamista al que se le quitaron todas las ganas de prestar.

Seguramente hay caminos para resolver o por lo menos aliviar el nudo gordiano de una bola de nieve en la morosidad, y ese es el clásico caso para expertos. Para quienes no somos especialistas, la preocupación tiene que concentrarse en lo social, es decir en el torbellino de pobreza y penuria que los alivios instantáneos de esta hora están creando.

Así, tenemos a desempleados que además son deudores y ahora han empezado a enfrentar la inflación que se anuncia con la devaluación del sol frente al dólar. Eso, más el alargamiento de todos los plazos en la pandemia local, nos va acercando a una suerte de tormenta perfecta. Pasadas las elecciones, su expresión va a estar cada vez más en las calles.