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¿Celebrar el Bicentenario en el 2021?

“El vacunagate es otra muy dolorosa expresión de que no hemos aprehendido que la república insurgió contra el privilegio”.

Por: Joseph Dager Alva*

Este 28 de julio llegaremos a los doscientos años de vida independiente, según la fecha que tradicionalmente hemos celebrado. De lo que se trata es de tener un día para conmemorar el inicio de la adopción del modelo republicano que, además de los valores de libertad e igualdad y la separación de poderes, traía la oferta de la ciudadanía. Un gobierno de los ciudadanos y para los ciudadanos, con instituciones sólidas que frenasen el interés particular, en la esperanza de convertirnos en una democracia. La búsqueda por alcanzar el bien común es lo que entonces empezábamos.

Durante el siglo XIX, terminamos por identificar como la fecha nacional lo que en realidad fue la decisión de Lima. Hubiera podido ser diciembre de 1820, si las voces que lo postularon hubiesen tenido más eco; o 1814, de haber seguido lo que hizo la mayoría de los países hispanoamericanos que asumieron como fecha patria el primer grito de libertad. Pero, en la compleja construcción del Estado-nación decimonónico, fue Lima la que se consolidó como la capital, la cabeza de la nueva realidad política, y no Trujillo o Cuzco.

En la difícil coyuntura por la pandemia, vale preguntarnos si estamos como para continuar con las festividades. En solo un año, hemos padecido más de 100.000 muertes. Buena parte de ellas se deben a que no supimos construir un sistema público de salud para todos. Especialmente desde la década de 1990, estuvimos más preocupados de la salud de las grandes inversiones que de la salud de las mayorías. La COVID-19 ha desnudado cuánto nos ha faltado en la construcción de una sociedad de iguales. Las brechas se han incrementado y hecho más evidentes. Es hora que rechacemos esa cruel máxima según la cual el Estado debe tener un rol (solamente) subsidiario.

Los últimos Congresos están muy lejanos de representar ese poder institucional por excelencia que debería ser el Legislativo. Parlamentarios que constantemente pretenden socavar la estabilidad del país y que defienden intereses de privados son evidencia que ni electores ni elegidos hemos interiorizado plenamente los valores republicanos. La frecuente invocación a la mano dura, y su aceptación, es casi contradictoria con una mentalidad democrática. El vacunagate es otra muy dolorosa expresión que no hemos aprehendido que la republica insurgió contra el privilegio. Si bien la indignación es generalizada, también lo es un sentimiento de honda decepción, por lo que galas ceremoniosas o discursos grandilocuentes sobre los logros del Perú independiente sonarían sino vacuos, sí inoportunos.

La difícil situación que atravesamos es suficiente razón para aplazar un poco la celebración. Pensemos en otros años de importancia aún mayor que 1821. Por ejemplo, de carácter más conceptual como la instalación de nuestro primer Congreso (1822) o la de nuestra primera Constitución (1823). O una de carácter más pragmático como la batalla de Ayacucho (1824). Deberíamos darnos un tiempo más para que conscientemente y como nación empecemos a procesar las heridas, a reflexionar profundamente sobre el real significado de vivir en república; para asumir lo distante que hemos estado, tantas veces, de los ideales fundacionales; para reivindicar a los padres de la patria y reinventar nuestro panteón incluyendo a los héroes de a pie, en especial los que ofrendaron su vida en la primera línea en la lucha contra la pandemia.

Las crisis dan ocasión a oportunidades. Los problemas son también posibilidades al decir de Basadre. Aprovechemos ese tiempo que pedimos, tal vez necesitemos más tres años que uno, para acogernos y reconciliarnos, para repensarnos, para comprometernos como ciudadanía en dar un giro de timón que conduzca a que seamos, o volvamos a ser, ese país, cuya grandeza pasada auguraba un futuro promisorio, que tanto soñaron los fundadores.

(*) Historiador y profesor universitario