Augusto Álvarez Rodrich.

Augusto Álvarez Rodrich.

Claro y directo

Más columnas

Augusto Álvarez Rodrich.

Elegir entre el COVID-19 y el dengue13 Abr 2021 | 3:43 h

Augusto Álvarez Rodrich.

Qué nos dice el triunfo de Pedro Castillo12 Abr 2021 | 7:47 h

Augusto Álvarez Rodrich.

La fábrica de crear problemas11 Abr 2021 | 3:57 h

Augusto Álvarez Rodrich.

López Aliaga y Castillo: la misma vaina10 Abr 2021 | 4:18 h

Gran dilema el de la gran vacunación

¿Se debe autorizar a privados a comprar los anticovídicos?

El permiso para que privados adquieran la vacuna para sus grupos de interés –como sus trabajadores– es un debate relevante y oportuno, por no decir urgente, en el que esta columna aún tiene más dudas que certezas.

Esa urgencia ha motivado a varios políticos a pronunciarse. La premier Violeta Bermúdez dice que,”por ahora, el sector privado no podría adquirir y vender vacunas por la emergencia y porque los laboratorios solo las negocian con gobiernos”), y el ministro de salud, Óscar Ugarte, ha dado respuestas cambiantes, la última de las cuales es que “si el privado importa la vacuna, no debe competir con el estado”.

La candidata fujimorista apoya que los privados puedan comprar vacunas; el defensor del pueblo advierte que estas no deben ser mercancía que traiga mayor desigualdad; y en el congreso hay trece proyectos para que privados y regiones las compren directamente.

La vacuna tiene algunas características de bien público, aunque eso no implica que su provisión la deba realizar, necesariamente, el estado. Pero, al margen de quién lo haga, lo crucial es que se vacune a todos, por razones humanitarias, políticas y pragmáticas para alcanzar la inmunidad de rebaño.

El debate en el Perú sobre si el privado puede importar vacunas se explica por la incapacidad del estado para conseguirlas en cantidad y oportunidad requeridas. En Israel, el Reino Unido o Chile no existe el dilema pues sus gobiernos fueron capaces de obtenerla; en el vecino, habrán vacunado al 80% de la población antes de terminar junio.

El dilema es que, si el sector privado las adquiere directamente para su grupo de interés, puede bajar la presión social al gobierno para conseguirlas, y solo se vacune a los trabajadores del sector formal y gente con dinero, dejando al 70% de la población a la espera de que el estado logre lo que debe hacer.

Pero, por otro lado, impedir esa posibilidad implicaría que los 30 millones de peruanos se queden sin vacuna, cuando podría hacerlo alrededor de un tercio con el permiso al sector privado.

Gran dilema por resolver, aunque lo mejor sería haber tenido un estado que consiguiera la vacuna y la aplicara a todos, como ya lo están haciendo esos ‘comunistas’ de Sebastián Piñera, Boris Johnson y ‘Bibi’ Netanyahu.

Newsletter Augusto Álvarez Rodrich en LR

Suscríbete aquí al boletín de Augusto Álvarez Rodrich en La República y recibe en tu correo electrónico, todos los viernes, las ediciones de su programa “Claro y directo” y su columna diaria.