Diego García Sayán

Diego García Sayán

Atando cabos
Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente es Relator Especial de la ONU sobre Independencia de Jueces y Abogados. Autor de varios libros sobre asuntos jurídicos y relaciones internacionales.

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Muy buen gol… pero viene una larga marcha

“El Perú tiene buena experiencia en campañas de vacunación y la vacuna de Sinopharm –y las demás que vendrán- está científicamente probada...”.

La imagen del Boeing 777 de Air France mientras desembarcaban las 300.000 dosis de la vacuna Sinopharm condensaba la esperanza de millones de salir de esta pesadilla. Es un paso importante y corresponde reconocer el esfuerzo gubernamental de las últimas semanas para concretar este resultado.

Se tuvo que superar, por cierto, inercias institucionales y burocráticas previas y el atasco que produjo la aventura golpista de noviembre con el fugaz “Merino el breve” como ariete; precisamente en días que los países de la región concretaban sus contratos de compra de vacunas. Se empezó a vacunar, sin embargo; y eso es extraordinario. El Perú tiene buena experiencia en campañas de vacunación y la vacuna de Sinopharm –y las demás que vendrán- está científicamente probada y lo que viene tendría que funcionar.

Hay, sin embargo, tres consideraciones en un panorama en el que lo que tenemos por delante es una larga marcha. No nos quedemos, pues, en el golazo del domingo cuando tenemos aún un largo partido por delante.

En primer lugar, el mundo –y el Perú- sigue sometido al virus. Y en nuestro país bajo una segunda ola a la que probablemente sucederá una “tercera ola”, como ha ocurrido donde pasó la segunda. Nunca es tarde para mejorar nuestro precario sistema de salud, pero en eso arrastramos un poco los pies.

Se avanza, pero falta ponerse las pilas, ya que se sigue a la cola en la región en los gastos extraordinarios hechos el 2020 en el sector salud. Y para el 2021 el presupuesto del sector salud es inaceptablemente inferior a lo que se gastó el 2020. Mal.

Parte crucial del drama es la escasez de oxígeno. Se ha demostrado que no es insoluble y tiene que ver mucho con inercias burocráticas del sector salud. Por ejemplo, para poner en funcionamiento las plantas donadas por empresas mineras como Chinalco, Minsur, Southern y Goldfields. Que no funcionan porque falta una reparación a cargo del Minsa o que acaben trámites eternos en Digemid.

Plantas que fabrica la UNI por convenio con Minsa: urgente que se informe con precisión el calendario de entrega de las 47 plantas y que la ministra informó se instalarían en enero-febrero

En segundo lugar, la geopolítica de la vacuna. El 75% de las dosis ha sido desplegado en solo diez países ricos, como lo anunció este lunes el presidente de la OMS. En los países pobres –a los que desfasados burócratas internacionales persisten en llamar “en vías de desarrollo”- solo queda repartir este semestre 370 millones de dosis (para 185 millones de personas) entre 3.000 millones de personas. Casi nada.

¿A dónde van el Perú y el mundo a ese ritmo? No está aún claro el calendario de todas las vacunas que vendrán. Hay que ser optimistas y asumir que, como se ha planeado, la vacunación se habrá completado a mediados del 2022. La pandemia, sin embargo, es global y mientras no haya una respuesta global lo que se avance en un lado seguirá bajo amenaza de un virus –y sus variantes- que seguirá rondando y atacando. En la mayoría de países del África subsahariana, por ejemplo, la vacunación se prolongará al menos hasta fines del 2023. Esto quiere decir que en el planeta seguiremos viviendo junto con el virus al menos por dos años más y que las campañas nacionales de vacunación no impedirán que todos los países sigan siendo vulnerables.

En tercer lugar, además de su efecto en la vida social (mascarillas, distancia social, etc.), la economía continuará afectada. Es una ilusión, por eso, pensar en el Perú que la economía se podrá recuperar en el 2021 a lo que fue antes de la pandemia. Por ejemplo, en áreas como los ingresos por turismo receptivo (que seguirán casi en cero), la normalización de servicios de restaurantes y demás (todos estos altos generadores de empleo), espectáculos y deportes, etc. No veremos eso antes del 2023.

Este impacto global exige respuestas multilaterales y sólido financiamiento. Inevitable evocar lo que se dio para la reconstrucción europea con el Plan Marshall. O ahora con los gigantescos programas que EEUU o la UE se están dando para sí mismos.

Otrosí digo: Muy apenado con el fallecimiento de Renzo Rossini, impecable profesional y gran persona. Mis condolencias sentidas a su familia y compañero/as de labores en el Banco Central de Reserva.