Eloy Jáuregui

Eloy Jáuregui

Animal urbano
Cronista, poeta y profesor en la Universidad de Lima. Estudios en Lingüística y periodismo. Editor en la mayoría de los medios peruanos y corresponsal en revistas del extranjero. Autor de una treintena de libros sobre comunicación, lenguajes alternativos y culturas urbanas. Con premios en Casa de la América y Prensa Latina (Cuba) y Etecom-Perú.

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Jugarse la vida en cada soplo

“Me refiero a tanto sabiondo que sale en la televisión y se llena la boca de desatinos. Que venga la vacuna”.

Los noto exhaustos y agotados. Los doctores, las enfermeras, los técnicos de la salud. Porque las secuelas del virus me mandaron otra vez al hospital. Y esta segunda ola es más dramática ahora que los sistemas sanitarios peruanos no progresaron un ápice. Y las nuevas cepas del Covid son más agresivas. Pero aquí se sigue padeciendo de lo mismo: camas UCI, pruebas, oxígeno. Y a la espera de las vacunas.

El Estado paquidérmico está encallado en el pantano. Y la estructura burocrática es un armatoste oxidado que no ata ni desata. Y la horma no es de ahora, vienen desde hace decenas y decenas de años. Puedes cambiar de ministro de Salud pero la armazón oficinesca y administrativa es la misma. Una manera patriarcal anticientífica mientras los médicos desfallecen de agotamiento. Y pensar que todos los médicos que me salvaron la vida, todos terminaron infectados.

En el 2015 me operaron de la rodilla con cirugía artroscópica en el Hospital Universitario Quirúrgico “Comandante Manuel Fajardo”. Estuve internado dos días. Ingresé con muletas y salí caminando. No pagué mucho más que en Lima que me querían sacar un ojo de la cara. Es que en Cuba la salud es la preocupación más importante de todas las responsabilidades del Estado. Y ahí están los resultados como respuesta al COVID-19.

Por ello hoy las misiones humanitarias de los profesionales cubanos de la salud están nominadas para el Premio Nobel de la Paz 2021. Y es que su labor trabaja en los cinco continentes y atienden a 46 naciones y siguen haciéndolo hasta hoy. Leo la noticia en Página 12 que en este momento crucial –con 2,2 millones de muertos y más de 100 millones de contagiados por el virus, todavía sus labores causan recelo en gobiernos autoritarios.

Y dos ejemplos hablan de la ignorancia del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro o la dictadora Jeanine Áñez, quienes expulsaron a los médicos cubanos de Brasil y Bolivia. Sin embargo, estos contingentes fueron distinguidos por la OMS en 2017 por su labor en emergencias y graves epidemias que suelen hacerlo a costa de sus propias vidas.

Esa es la diferencia con el sistema de salud peruano. Y no critico a los médicos de mi país. Al contrario, son los profesionales más arriesgados del planeta porque trabajan en condiciones miserables y se juegan su existencia a cada instante. Me refiero a tanto sabiondo que sale en la televisión y se llena la boca de desatinos. Que venga la vacuna.