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El trabajo está de vuelta

“En las ciencias sociales se decía que había caído el paradigma de entender a las sociedades a través de las condiciones del trabajo”.

Columnista invitado: Moisés Rojas

La pandemia ha desnudado nuestros problemas más profundos: el débil sistema de salud pública, la falta de madurez política de las elites, y la incapacidad de las autoridades estatales en este caso para comprar vacunas. A ellos se suma otro problema: la alta precariedad de nuestros empleos.

De acuerdo al INEI, 6 millones de personas dejaron de trabajar debido a la pandemia y la informalidad laboral creció de 72,7% a 74,3%. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que un 40,8% del empleo de Perú se encuentra en sectores de riesgo alto y otro 8,4%, en sectores de riesgo medio-alto. Ello implica una alta probabilidad de que estos trabajadores pierdan su empleo, vean reducidas involuntariamente sus horas de trabajo, o sufran recortes salariales. Estos empleos tienen una alta concentración de mujeres y jóvenes. La pérdida de sus empleos ha llevado a muchas personas a idearse emprendimientos. Un estudio de Activa Perú señaló que el 36% de peruanos han decidido iniciar emprendimientos durante la pandemia.

Del 45% de peruanos que, según el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), pudieron conservar sus empleos, el 19% desarrolló su trabajo desde casa, el 17% salió a trabajar con autorización y el 8% lo hizo sin autorización formal. A pesar de la ventaja de los que conservaron sus empleos, también ellos vivieron la precariedad laboral. Hubo muchas quejas por empleadores que no respetaban horarios, por la sobrecarga de trabajo con el mismo salario, por daños a la salud debido a lugares inapropiados para trabajar, y por la doble carga en el caso de las mujeres ya que a sus labores como trabajadoras remuneradas se sumaba el mantenimiento de la casa y la educación de sus hijos.

Muchas veces cuando los problemas sociales se experimentan en varios estratos sociales y de forma explícita, existen más posibilidades de crear amplios consensos. No son casualidades las mayores muestras de solidaridad con los ambulantes informales. Las protestas de los trabajadores de la agroexportación y el inicio de las protestas de los agricultores familiares por mejores condiciones laborales podrían anunciar un cuestionamiento sostenido a la precariedad de nuestros empleos. Además, las marchas contra el expresidente Manuel Merino han demostrado que la protesta ciudadana es efectiva, lo que es un estímulo para más manifestaciones.

En las ciencias sociales se decía que había caído el paradigma de entender a las sociedades a través de las condiciones del trabajo. El trabajo parecía una variable secundaria. Como hubo una suerte de consenso en no regular el trabajo, discutir sus mejoras parecía no tener sentido. Sin embargo, ahora, por las manifestaciones públicas y los anuncios de movilizaciones, parece que la calidad del empleo vuelve a cuestionarse y a generar acciones colectivas. En un contexto en que además se discute la constitución neoliberal del 93 y su modelo económico y laboral, entonces el trabajo esta vez sí parece estar de vuelta.