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¿Quedan más Merinos en la sopa?

“Parte del problema es que hay demasiados cabos sueltos. La falta de interpretación cabal de la incapacidad moral en Palacio puede aparecer como problema post-2021”.

¿Pueden repetirse algunos de los sucesos políticos de octubre-noviembre? ¿Por qué no? Rosa María Palacios hace notar que el tinglado revocador sigue en su sitio, y así es. Al mismo tiempo parece que hemos cruzado una línea sin retorno, que lleva hasta julio del próximo año. Ocho meses de gracia.

Pero podría ser, en la línea de RMP, que en algún lugar alguien esté soltando una frase como “Oiga, consígame algo sobre Sagasti”, para que los engranajes de la moral utilitaria (algo hay que llamarla) se vuelvan a poner en movimiento. De ese récord Guinness ya no nos sacaría nadie.

Hay atenuantes al peligro. Luis Valdez no parece muy interesado en presidir el Perú (mientras que a Manuel Merino la cegadora ambicia se le notaba al instante, desde lejos). Los conspiradores originales ya parecen acorralados por otras formas de ambición. Que las serruchadas de piso no se hayan sostenido ya es una forma de antídoto.

Además por alguna razón Francisco Sagasti parece mucho más efímero que Martín Vizcarra, e incapaz de interferir con planes ajenos, y eso aligera las cosas. Casi imposible imaginarlo volviéndose un dictador (varios académicos lo han hecho) mientras que Vizcarra despertaba verdaderas paranoias en torno al tema, y todavía.

Todavía pueden pasar cosas en el Congreso. Proyectos de ley con serio impacto económico negativo. Declaraciones varias de intención desestabilizadora. Conatos de modificar las reglas electorales vigentes o interferir en el proceso mismo. Movidas de bancadas a favor de sus candidatos en campaña, por supuesto.

Parte del problema es que hay demasiados cabos sueltos. La falta de interpretación cabal de la incapacidad moral en Palacio puede aparecer como problema post-2021. La idea de los grupos de congresistas pícaros sueltos en plaza no va a desaparecer tan fácilmente, y menos si no habrá sanciones, inaplicables por el momento.

Nuestro amigo Andrés Hoyos ha escrito en El Espectador que defenestrar presidentes se nos ha vuelto un deporte de moda, con el cual el Perú, fiel a su forma, se vuelve a joder. En realidad si hubiera que identificar las jodas de esta era, para nosotros serían más la actuación de Odebrecht y la pandemia. Pero si, RMP tiene razón, ninguna repetición es imposible. Hay que estar preparados.