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Gabinete plural. ¿Debe serlo?

Una extrapolación que no es tan inusual en los gabinetes, salas de espejos de los presidentes.

Todavía no es tarde para seguir hablando sobre el nuevo gabinete. Parece un buen gabinete, aunque a algunos no les parecerá tan plural. Quizás hubiera podido correrse un poquito hacia el centro-derecha, aunque la extrema derecha parece haberlo teñido todo. Pero no era fácil armar un equipo urgente en estos tiempos, en que los plazos del encargo son breves, y el piso es movedizo.

Hay en la nueva corporación muchos jóvenes, un predominio de tecnócratas, cuadros salidos de las ONG, funcionarios públicos de carrera, y el conjunto no llega a ser político. En el segundo y tercer aspecto es una viva imagen de Francisco Sagasti. Una extrapolación que no es tan inusual en los gabinetes, salas de espejos de los presidentes.

En cuanto al centro-derecha ausente, o muy poco presente, parece un género ideológico en extinción, sofocado por posturas extremas, donde incluso los que no son ultras por momentos lo parecen. Tal vez se hubieran sentido incómodos en un gabinete tan progre, y al mismo tiempo tan cuidadosamente distante del izquierdismo puro y duro.

Estas son las personas que, unas más, unas menos, van a tener que llevar la fiesta en paz con congresistas a los que pronto se les pasará el susto y empezarán a dar peligrosos últimos rugidos. Tal vez a esa tarea se refiere Sagasti cuando dice plural. Convendría además entenderse con potenciales futuros ministros.

Si bien la estrella de aquí a julio será Sagasti, para muchos de estos jóvenes pueden ser siete meses de oportunidad, el plazo justo para cimentar una carrera, si todo va bien. Por lo pronto haber repetido el encargo es importante, aunque irrite a algunos antivizcarristas.

A Pilar Mazzetti le tocará, si los plazos lo permiten, la parte más dramática del encargo ministerial: administrar la llegada de la vacuna, que será organizar la distribución, y lidiar con grupos antivacunación.

A pesar de todos nuestros buenos deseos, el contexto de este gabinete será el constante peligro de que se desfleque por presión de un golpismo que sigue activo en el Parlamento. Manuel Merino ciertamente lo está, con diversos tipos de insolencias que buscan tensar la cuerda. La única defensa real tendría que ser la de las potenciales marchas. Una solución que puede volverse más seria que el problema.