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La jugarreta conservadora

La decisión de los cuatro magistrados del TC es más que una lavada de manos. La ultraderecha quiere un arma a la que apelar cuando sea necesario. ¿Qué pasaría si, como temen, la izquierda llega a gobernar? ¿Dónde se ubicaría nuestra derecha democrática actual?

Por: David Rivera

La posición en mayoría del Tribunal Constitucional de no pronunciarse sobre la demanda competencial planteada por la Procuraduría del Estado sobre la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente, parece ser mucho más que una lavada de manos o una sacada de cuerpo.

El magistrado Ernesto Blume ha afirmado sin tapujos que se trata de “una cláusula abierta, que no se pueden acotar las causales, porque depende de cada situación”. Y que “el Congreso está habilitado para determinar si una conducta está dentro de cánones, patrones, principios y valores que constituyen un agravio a la majestad de la Presidencia de la República”. Es decir, libre albedrío para el Legislativo.

Si a ello le sumamos otros hechos, es posible plantear que se trata de una jugarreta política que trasciende el golpe contra Vizcarra, e incluso la supuesta pretensión de tener contra la pared al gobierno de Francisco Sagasti. Veamos.

Gustavo Gorriti ha relatado cómo el gobierno de Merino, luego de ordenar a la Policía que ejerciera violencia represiva, pretendía ordenar la intervención de las Fuerzas Armadas, imponer un toque de queda de 24 horas y llevar a cabo redadas y detenciones a los “instigadores”. Pero las FF.AA. se habrían negado.

En paralelo, la derecha más rancia del país, que tiene en Willax a su canal de comunicación oficial, intentaba desprestigiar las protestas y asignarles un contenido ideológico radical. Mientras Barba Caballero y Rafael Rey mostraban imágenes de armas de fuego supuestamente utilizadas por los protestantes (falsas, claro está), Hernando de Soto, en el mismo programa, afirmaba que detrás de las marchas está el fantasma del marxismo, “que está regresando por vías muy bien articuladas”. Y agregaba que “hemos comenzado la guerra ideológica con el comunismo. Le ganamos la guerra militar. Ahora comenzó la ideológica… Estas personas no solamente saben moverse en la calle, sino que tienen ideas claras”.

Esa misma idea, con otras variantes, está detrás de las afirmaciones de Ántero Flores Aráoz, Delia Muñoz y Juan Sheput: que las protestas no eran espontáneas, que eran promovidas/incentivadas. “Hay una incentivación, hay carteles, hay llamados… He apreciado que hay propaganda abundante en redes”, apuntó Muñoz.

¿Por qué es importante prestar atención a estos hechos? Porque más allá de la intención de desprestigiar la protesta, en la mente de la ultraderecha anda rondando realmente ese fantasma. Y cuando menos lo pensemos, podrían no ser solo ellos. ¿De qué depende?

Para la derecha más democrática, hoy el enemigo es la corrupción, las mafias y su intención de ocupar mayores espacios de poder. Pero ¿qué pasaría si, como teme la extrema derecha, la izquierda llega a gobernar? Recordemos la reacción frente a la posibilidad de que Rocío Silva Santisteban asumiese el gobierno de transición. ¿Íbamos a tener una ola de estatizaciones? ¿Una nueva reforma agraria? Claro que no. Pero les da escozor y repentinamente se convierten en caja de resonancia de la derecha más conservadora con la que confrontan en otros momentos. (Es necesario señalar que la crisis también nos ha mostrado los espíritus autoritarios de un sector de la izquierda).

¿Le suena a paranoia? Recordemos la caída de Dilma Rousseff, orquestada e impulsada por la ultraderecha brasileña, pero respaldada por la derecha “democrática” de ese país. Ahora, ¿le suena muy lejano?

Como es natural, en algún momento los ciclos políticos nos llevarán hacia corrientes que están a la izquierda. En ese momento sabremos si nuestra democracia se ha sostenido 20 años por auténtico convencimiento de nuestras élites, o porque finalmente consiguieron alinear hasta a los candidatos “radicales”.