Diego García Sayán

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¿Otra vez el diktat imperial?

”El mundo ya no gira en torno a ‘un’ centro. Los países latinoamericanos se mueven por redes mucho más variadas y plurales”.

Terminó este junio de pandemia con dos actos gravísimos de la política exterior de Trump, típicos de diktat imperial. Uno contra el orden jurídico internacional: el ataque frontal a la Corte Penal Internacional (CPI). El otro contra relaciones interamericanas basadas en la igualdad y el diálogo, pretendiendo imponer a su asesor en temas latinoamericanos –Mauricio Claver-Carone– como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La amenaza y sanción a sus jueces y funcionarios de la CPI por desempeñar su función es una aberración jurídica sin precedentes. Ya varias instancias y personalidades internacionales se han expresado al respecto. A ello me remito.

Paso a lo del BID, a lo que se refirió ya Rafael Roncagliolo (LR 27/6/20) con precisa apreciación que comparto. Hizo bien recordar el compromiso de EE.UU. cuando se fundó el BID: la sede en Washington, pero lo presidiría alguien de Latinoamérica. Con esto se ha cumplido desde 1958.

Otras dos consideraciones aconsejarían especial firmeza e independencia en el manejo de las decisiones de nuestra política exterior en este asunto.

Primero: el mundo ya no gira en torno a “un” centro. Los países latinoamericanos se mueven por redes mucho más variadas y plurales de cuando los EE.UU. eran casi el único referente para el comercio y las finanzas internacionales. Evolución que el propio BID está teniendo en cuenta; incluso iba a realizar su asamblea anual el 2019 en Beijing, lo que quedó sin efecto por la controversia sobre la representación de Venezuela.

Pero el candidato de Trump parece no haberse dado cuenta. Con desfasada mentalidad de “guerra fría”, parece guiarlo una obsesión confrontacional sobre temas como la interacción del sistema interamericano y de la región con China. Con ello desconoce la dinámica real de las saludables aperturas comerciales y financieras de la región. Acusando al Perú, por ejemplo, de tener relaciones comerciales “innaturales” con China (entrevista periodística 21 enero 2020).

Segundo: Claver-Carone, el candidato que quiere imponer Trump. Que sea Republicano conservador, pasaría, pero en este caso se está ante quien luce como extremista enfervorizado y en las antípodas de cualquier lógica concertadora. Sale de ser nada menos que el brazo derecho de Trump en el diseño y ejecución –en el Consejo Nacional de Seguridad– de su desastrosa política latinoamericana, lo que ya dice algo. Tres ejemplos que harían “innatural” un voto peruano a su favor:

1. El principal diseñador de una ineficaz política de EE.UU. frente al régimen de Maduro; bravatas de por medio, a lo que dicha estrategia –fallida– ha contribuido es a atornillar a Maduro. 2. Ha puesto al actual gobierno de Bolivia como uno de los dos “modelos” de transición latinoamericana; soslaya las denuncias reiteradas sobre avasallamiento del gobierno de Áñez a jueces y fiscales para perseguir y encarcelar, poco “democráticamente”, a sus opositores. ¿Modelo? 3. Al estilo de los tiempos de los diktat de Teddy Roosevelt, recorrió en enero la región para exigir –públicamente– que el Perú retire la candidatura del diplomático peruano Hugo de Zela a la Secretaria General de la OEA, organización multilateral en crisis urgida de un relanzamiento creativo.