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¿Abrazaremos sin temor?

En casi 100 días habremos convertido a nuestros domicilios en una zona de seguridad.

Pilar Mazzetti considera muy poco probable que la cuarentena se alargue. Con esta suerte de garantía se está abriendo un nuevo ciclo de inquietudes personales. ¿Hasta dónde abrirnos a las demás personas en las diversas circunstancias de lo cotidiano? El confinamiento es un caparazón, ¿qué viene después?

Los comercios que se van abriendo al público tienen barreras de protección. Las aceptamos porque creemos en ellas, y en parte porque acudir es indispensable. Pero hasta nuevo aviso epidemiológico muchos van a preferir la entrega a domicilio antes que la visita al comercio mismo para concretar la compra. Pero ese espacio parece encaminado.

Mucho mayor va a ser la tensión en las relaciones uno a uno de la vida particular. Los individuos usan mascarilla, pero no spray desinfectante, termómetro infrarrojo, guantes de hule, o bandeja para neutralizar suelas. Mucho más que en las tiendas o el delivery, en la vida privada acercarse es arriesgarse, y eso significa calcular opciones, resistir impulsos.

En el caso de las intimidades recuperadas, que serán los primeros encuentros, acercarse a distancia prudencial y no tocarse va a ser un ejercicio que exigirá cierto esfuerzo. No tenemos experiencia en expresar afecto, o incluso simpatía, sin contacto físico. Aun con respeto a las pautas, sabemos que la proximidad es en sí misma un riesgo.

En casi 100 días habremos convertido a nuestros domicilios en una zona de seguridad, y en algunos casos hasta de comodidad. Sin duda nos va a costar convertirlos en el lugar de encuentros sociales que fueron. Quizás se descubra que había cierta comodidad en Skype y Zoom, y aparecerán argumentos para mantenerlos.

En otras palabras, el espacio público controlado puede terminar volviéndose más tranquilizador que el espacio privado. Allá afuera todos podemos ser contagiados o contagiosos, y actuamos en consecuencia, mientras que en las casas nos va a costar mucho acostumbrarnos a pensar de esa manera.

No todos enfrentaremos estas inquietudes de la misma forma. Para algunos una cuarentena voluntaria durará más allá de la oficial. Otros, como recomendaba un antiguo desodorante, abrazarán sin temor, es decir temerariamente. Todo esto va a obligar a la construcción de una etiqueta y modales para actuar a través de la mascarilla.