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Piketty y la izquierda

“Los trabajadores y las clases populares poco o nada tienen que decir de la ‘política’. Ellos toman ‘su distancia social’ de ese mundo oficial elitista”.

El libro de Thomas Piketty: “Capital e Ideología” (Edit. Deusto), como dicen algunos, no trae buenas noticias para la izquierda occidental. Según este autor, “el fin del comunismo soviético y del enfrentamiento antagónico en torno a la propiedad privada, junto con la expansión educativa y la aparición de la izquierda brahmánica (o elitista), ha transformado considerablemente el panorama político e ideológico” (p. 582). Uno de esos cambios es que no existe hasta ahora un reemplazo del viejo programa de la izquierda que se basaba en las nacionalizaciones. El otro es que es que “ha surgido un sistema de élites múltiples, con una ‘izquierda brahmánica’ capaz de atraer el voto de los electores con un mayor nivel de estudios y una derecha de mercado que continúa recibiendo el apoyo de los electores con mayor renta y riqueza”. El Brahmán en el mundo de la India es una persona educada, pero al mismo tiempo adinerada. Sin embargo, lo más importante es que “ambos grupos comparten un fuerte apego por el sistema económico actual y por la globalización tal como está organizada actualmente. Un sistema económico que, en lo esencial, beneficia tanto a las élites intelectuales como a las económicas y financieras” (p. 582).

Esta situación nos plantea varios problemas: la ruptura entre los intelectuales y los trabajadores o lo que Piketty llama la “anatomía de un divorcio” (p. 568); el segundo, las enormes dificultades de estos “izquierdistas brahmánicos” para superar este “divorcio” porque al igual que la derecha “promercado” ellos también reciben los beneficios de una globalización que es contraria a los trabajadores; y el tercero es que ello provoca un cambio del mapa electoral. Si en el pasado los electores del Partido Socialista en Francia, del Demócrata en EEUU o el Laborista en Inglaterra, eran principalmente personas de bajo nivel educativo, de una “menor jerarquía” y trabajadores (es decir, plebeyos), hoy son principalmente personas con un mayor nivel educativo; “en otras palabras, la izquierda electoral ha pasado de ser el partido de los trabajadores al partido de los titulados (lo que vengo en llamar la izquierda brahmánica)…” (p. 570).

Esto último es posible, según Piketty, porque hemos pasado de un periodo definido por el “conflicto clasista” que se vivió entre 1950 y 1980 en el cual se enfrentaban “las clases sociales más bajas con las más altas”, a otro momento como consecuencia de la “globalización hipercapitalista y poscolonial de los años 1990 a 2020” en el que “los partidos y movimientos políticos han pasado a ser las formaciones con las que se identifica el electorado con mayor nivel de estudios y, en algunos casos, casi con un mayor nivel de renta y de riqueza” (p. 544).

En este contexto los trabajadores y las clases populares poco o nada tienen que decir de la “política”. Ellos, como se dice ahora, toman “su distancia social” de ese mundo oficial elitista. No es extraño que estos mismos sectores miren con simpatía a partidos “anti élites” que asumen sus demandas o se identifiquen con “líderes” con los cuales comparten una misma condición social.

Es cierto que este análisis de Piketty es útil para entender a la izquierda de los países desarrollados de occidente, sin embargo, me pregunto si puede ser útil también para entender al “progresismo” peruano que hoy se destaca por su alta especialización y por su nivel profesional y educativo y que se ha alejado del mundo del trabajo y en general del mundo popular urbano y rural al formar parte de las llamadas “élites múltiples”.