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Elecciones generales de Costa Rica: población elegirá entre el “cambio” o la “experiencia”

Los costarricenses eligen a su próximo presidente, este domingo 3 de abril, en segunda vuelta electoral. Ninguno de los candidatos tiene un respaldo contundente.

De izquierda a derecha: Rodrigo Chaves y José María Figueres. Foto: AFP
De izquierda a derecha: Rodrigo Chaves y José María Figueres. Foto: AFP
Agencia EFE

La población de Costa Rica acudirá a las urnas, este domingo 3 de abril, a escoger presidente entre la promesa de un “cambio” que ofrece el economista Rodrigo Chaves y su partido prácticamente desconocido, y la “experiencia” que plantea el expresidente José María Figueres apoyándose en una tradicional agrupación política.

La segunda ronda del próximo 3 de abril, que ha estado marcada por los cuestionamientos hacia ambos candidatos a la presidencia y por la escasa propuesta sobre los temas de fondo que aquejan al país, tendrá como escenario la incertidumbre, ya que no hay un favorito entre la población.

“Tenemos una población a la que la oferta política no le gusta o no se siente representada y más bien tiene opiniones negativas. La campaña, además, ha caído en descrédito, no se trata de quién ofrece mejores soluciones para el país, sino de quién es menos malo”, explicó a Efe el analista político Gustavo Araya.

El Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica reveló en su más reciente encuesta que la intención de voto coloca a Chaves, del Partido Progreso Social Democrático con un apoyo del 43,3 % de los encuestados, mientras que Figueres del Partido Liberación Nacional, tiene un 38,1 %, para un empate técnico. Por su parte, el 16,5 % está indeciso.

Además, un 73% de los entrevistados mantiene opiniones de rechazo, ya que no quieren que ninguno de los dos candidatos gane o no se identifican con ninguno de los candidatos. Solamente el 13% se muestra indiferente y un 14% opina que ambas candidaturas le parecen buenas.

“Ha empezado a perder relevancia la propuesta programática, las ideas del Plan de Gobierno empiezan a perder potencia y se concentran en dos o tres con algún sentido o alguna viabilidad política o sin ella, y empieza a cobrar mayor relevancia el personalismo y no necesariamente los equipos de trabajo, la experiencia y otras características”, manifestó el analista político.

Este panorama pone en evidencia que indiferentemente del resultado de la segunda ronda electoral, el futuro presidente de Costa Rica será mal calificado, ya que no tiene el suficiente apoyo popular de los costarricenses.

Cara a cara

Chaves, duramente cuestionado por el financiamiento de su campaña, llega con la promesa de que va a realizar mejoras en la administración de las políticas públicas para una mejor distribución de la riqueza.

“Tiene una contradicción muy fuerte y es que su propuesta no es cambiar la administración, sino de un cambio más radical, cambios estructurales en lo económico y uso de herramientas que se saltan el ordenamiento jurídico costarricense (...) Ha dicho que va a realizar esta gobernanza a través de referéndum. Es una falacia decir que esto puede hacerlo, pero de todas maneras, lo que ofrece es un liderazgo de choque, de transformación drástica y radical”, puntualizó Araya.

Al frente, el expresidente Figueres señalado por supuestos actos de corrupción a inicios de la década del año 2000 por los que no fue acusado penalmente, se presenta como la opción con más “experiencia” para darle un rumbo al modelo de desarrollo del país.

“Podría tener un enfoque general en términos de la situación económica, de una relativa estabilidad y para las condiciones de ampliación de alianzas público-privadas y su mejor funcionamiento. Por otro lado, pertenece más a la dinámica política tradicional donde se hace más por un diálogo, por medio de procesos de concertación, más conciliador, el tipo de política que tenemos en el país normalmente”, destacó el analista político.

Ambos candidatos lucharán por la silla presidencial el próximo domingo 3 de abril en la segunda ronda electoral a la que están llamados poco más de 3,5 millones de costarricenses.