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  • Adriana Mayo
Lunes, 1 de Junio de 2015 | 23:11:30 pm

“El sistema no entendía a los quechuahablantes”

Redacción LR
¿Cómo vive un quechuahablante en un país castellanizado?
 
¡Mudo pues! No puedes comunicar qué quieres, tampoco eres escuchado ni puedes escuchar. O sea, eres mudo... ¡Es bien bravo!
 
El idioma los margina...
 
Sí. Te podrán oír, pero no captan tus ideas ni tú las de ellos.
 
¿Y cómo afrontan esta situación?
 
La única solución que tienes es aprender el castellano, no hay de otra. Quieras o no, hay que hacerlo. Para ello tienes que estar detrás del diccionario y la gramática porque eres objeto de burlas, mofa y críticas... Y es que te expresas mal, pues.
 
¿Y eso le pasó a usted también?
 
Me pasó y fue muy duro. Lo que me sirvió fue que en mi época había un libro de percentiles ortográficos. Yo memorizaba las palabras antes de los exámenes y con ello lograba mejores notas que los castellanohablantes. Ese fue mi apoyo.
 
¿Es la marginación la razón por la que los quechuahablantes se avergüenzan de su lengua materna?
 
¡Exacto! Tenías que negar parte de tu identidad y decir que no hablabas quechua para que tuvieras oportunidad de estar en un lado u otro y hasta para trabajar. Eso lo he vivido en carne propia, con muchos de mis compoblanos.
 
¿Tiene alguna anécdota?
 
Recuerdo haberle preguntado a un señor: “Taytáy, tapurikusqayki, manam kaymantachu kani, ¿maymantataq carrokuna Mañazoman lluqsin?”. Este
me escuchó y no me quiso hablar. Por segunda vez le repetí y su respuesta fue: “yo no sí la kichwa”.
 
¿Qué le había preguntado?
 
Le había dicho que no era del lugar y que quería ir a Mañazo. Yo necesitaba saber de dónde salían los carros porque era muy temprano. Fíjate que este señor tocó una puerta y cuando le abrieron habló en quechua ¿Qué había pasado? Negó ser quechuahablante para que yo no lo maltrate.
 
¿Hablar quechua equivalía a ser maltratado?
 
Sí pues, era que valías menos y la única estrategia que tenías era negar que lo hablabas para que te traten un poco mejor.
 
Pero negar tu identidad, tu lengua materna, no conduce a nada.
 
Eso era lo terrible porque si por lo que niegas estás manifestando lo que eres, ¿qué eres? Nada realmente. Tú tenías que decir que no eras quechua, que no eras indígena, que no eras del lugar o cualquier cosa... pero eres lo que no eres, pues.
 
Y eso se ve todavía en el país...
 
Sí, y peor ahora porque para que los hijos no sufran como sus padres y los quechuahablantes declarados, los profesores no quieren enseñar quechua, aimara ni otras lenguas; solamente castellano. Y por eso se está perdiendo terriblemente el quechua.
 
Y hace unos años usted decidió recuperarlo.
 
En 1970 fui maestro en una escuela de cuatro grados: transición, primero, segundo y tercero. Yo les hablaba en castellano a mis 36 alumnos y ellos no me entendían nada de nada. Sabían escribir algunos números, pero no me entendían. Como estaban tan mal empecé a revisar todos mis papeles y cuadernos de la universidad para ver si allí encontraba una respuesta, algo que me ayude a cambiar la situación. 
 
¿Y encontró algo?
 
No, por eso decidí hablar con cada padre. En la tercera casa que visité me recibieron varios pequeños, uno de ellos era la niña que en clase era muda pero fíjate que al hablarle en quechua qué bien me entendió y hasta me sirvió leche.
 
¿Qué lección le dio esa visita?
 
Hizo que me pusiera a pensar qué estaba haciendo... Inmediatamente me fui a buscar libros para preparar mi clase pero no existía la escritura en
quechua. Me las ingenié para enseñar a leer, contar y escribir, todo en nuestra lengua.
 
¿Y allí sí respondían los pequeños... ya no eran mudos?
 
¡Pues claro! Es que los mudos no eran ellos, el mudo era yo y el sistema educativo que no los entendía.
 
Ese sistema errado es el que decidió transformar.
 
A partir de allí tuve varios problemas, pero cada vez la escuela me enseñó que yo soy el que debía cambiar para tratarlos de mejor manera. Es así como me enrumbé en escribir y enseñar en quechua. Ese es mi fuerte. 
 
Si bien los años han pasado, ¿el castellano sigue brindando más oportunidades que el quechua?
 
Es el que te abre más caminos pero, ojo, que saber leer, escribir, escuchar y hablar en quechua también permite desarrollarte, de eso yo soy un ejemplo.
 
Qué idea errada, ¿no? Si hasta  los propios incas lo hablaron.
 
Yo me pregunto, ¿los griegos qué hablan? ¡Griego, pues! Y nosotros con el Tahuantinsuyo... y esto pese a que la Constitución lo reconoce como un
idioma oficial. Y no solo no hablamos ni escribimos, tampoco la tele ni la prensa lo utiliza. Por eso pido, por favor, una oportunidad para que difundan nuestras lenguas. Ese sí sería un país democrático.
 
LA FICHA
 
Nací hace 69 años en Azángaro, Puno. Soy quechuahablante. Con el fin de difundir mi idioma aposté por enseñarles a mis alumnos en quechua y no en castellano como mandaba el sistema educativo. Así nació la Educación Intercultural Bilingüe (EIB). Hace unos días, el Ministerio de Cultura me reconoció por mi contribución a la diversidad cultural y lingüística.