Elecciones 2018: Votar y/o botar

Casi todos los candidatos en su intento de “llegar” se han ofrecido publicitariamente como si fuesen meros detergentes o dentífricos. Todo se acepta, en tanto no cuestione el modelo económico y social que se quiere imponer en el orbe.

Casi todos los candidatos en su intento de “llegar” se han ofrecido publicitariamente como si fuesen meros detergentes o dentífricos. Todo se acepta, en tanto no cuestione el modelo económico y social que se quiere imponer en el orbe.

César Caro - Sociólogo

Este último domingo, millones de peruanos fueron a votar a regañadientes, obligados por las sanciones pecuniarias a los que no lo hacen. En líneas generales, las propuestas y los candidatos, salvo una que otra excepción, no despertaron mayor entusiasmo, más aún cuando se percibe cuán cierta es la observación de Eco: “Hay dos clases de liderazgo; una consiste en ir verdaderamente al frente y proponer y dirigir desde allí; la otra, en ver a dónde va la gente, dar un rápido rodeo y ponerse a la cabeza”. Y ello vale también para las actuales autoridades.

Y a decir verdad, ideas y liderazgo brillan por su ausencia, limitando su actuar o ruta por el humor social que detectan las encuestas del momento, determinando que es lo “políticamente correcto”. Pero cuidado: la elección de cierto candidato antisistema y movimientos de izquierda en el sur son una clara llamada de alerta.

Por ello, me temo —¿o debería alegrarme?— porque los votos nulos, viciados y en blanco deben haber aumentado, dado que la crisis de la clase política y sus candidatos, ideas y moral ha golpeado a todas nuestras instituciones, a tal punto que me atrevo a decir que, antes que votar, la gran mayoría hubiera querido botar al actual sistema electoral, a la vez que exigir cambios sustanciales en el Poder Judicial, Parlamento y Ejecutivo, que están enfrascados en defender sus cuotas de poder, a tal punto que se quiere consultar en un referéndum en cuanto a una tibia reforma del sistema de justicia, la bicameralidad, la no reelección de congresistas y el financiamiento de los partidos políticos, obviando otros críticos temas como, por ejemplo, el aprobar la obligación de pago previo de las deudas tributarias de las grandes empresas, antes de judicializar las mismas; la posibilidad de que el Estado o las regiones tengan una participación mínima en la propiedad de las empresas que usufructúan los recursos naturales no renovables, entre otros; incluida la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente para revisar la actual Constitución, que permite que los tratados de libre comercio tengan más valor o peso que ella misma, o si quieren, consultar sobre el indulto a Fujimori.

Sin embargo, estos y otros contenidos son prohibidos o ninguneados en la medida que afectan intereses de diverso origen. Por ello, quizá, las recetas de Mariátegui, Haya  y Basadre, que nos recomendaban originalidad y vocación de cambio, son obviadas por nuestros políticos que se limitan a imitar modelos e incluso frases, como aquella de Prado que copiando a un político chileno decía: “En el Perú no hay sino dos clases de problemas en política: los que se resuelven solos y los que no se arreglan nunca”.

En tanto que casi todos los candidatos en su intento de “llegar” se han ofrecido publicitariamente como si fuesen meros detergentes o dentífricos. Es decir: el circo ha sido sobre la forma y  no el fondo. Todo se acepta, en tanto no cuestione el modelo económico y social que se quiere imponer en el orbe. ¡Orwell o el “hermano mayor” están más presentes que nunca, acá y en todo el mundo! 

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