Verónika Mendoza: “Queremos desmontar todos esos fantasmas de que odiamos a los sectores pudientes”

Enrique  Patriau

epatriau

24 Ene 2021 | 3:04 h
Mitos. Mendoza señala que desea desmontar cosas que se han dicho sobre su candidatura, como que está en contra de la inversión privada. Foto: La República
Mitos. Mendoza señala que desea desmontar cosas que se han dicho sobre su candidatura, como que está en contra de la inversión privada. Foto: La República

Entrevista a la candidata presidencial de Juntos por el Perú, quien explica por qué propone una nueva Constitución y los elementos que deberían integrarla.

La candidata de Juntos Por el Perú , Verónika Mendoza, explica cuáles son -a su criterio- los elementos que debería incluir la nueva Constitución, una de sus principales banderas electorales. Además, señala que de ganar las elecciones preferiría cambios al frente del BCR.

Quiero empezar hablando sobre sus motivaciones. Es su segunda candidatura consecutiva. ¿Por qué se considera mejor opción que los demás candidatos? Le propongo un ejercicio de prospectiva. Imaginemos que usted gana las elecciones presidenciales. ¿Qué Perú espera dejar el 2026?

Claramente, Juntos Por el Perú es el proyecto político que de manera más firme y contundente está impulsando un compromiso para plantear los cambios de fondo que el país necesita, para emprender reformas estructurales que queremos dejar encaminadas o resueltas al término de nuestro gobierno. También somos conscientes de que si el pueblo peruano nos da su confianza, vamos a estar aún en medio de una grave crisis sanitaria y económica y vamos a tener que priorizar las medidas urgentes para frenar el avance de la pandemia, garantizar un proceso de vacunación universal y encaminar la reactivación económica y generación de empleo.

¿Y usted siente que es la única que podría acometer esas tareas?

Creo que somos los que más claramente nos hemos pronunciado a favor de cambios estructurales, los que más claramente hemos planteado nuestra posición de que el Perú necesita hoy un nuevo pacto social, que redefina las reglas de juego y los valores que guíe al país.

Ustedes no son los únicos que promueven una nueva Constitución.

Es cierto que otras fuerzas políticas, más recientemente, han ido adhiriendo esta propuesta, lo cual saludados, pero somos los que más claramente estamos más comprometidos con este cambio estructural.

¿Qué no se puede hacer en el país bajo la Constitución de 1993? ¿Por qué es indispensable una nueva en un país lleno de constituciones?

La grave crisis política que hemos atravesado en los últimos años con todos nuestros expresidentes procesados por corrupción, con cuatros presidentes que se han sucedido en un solo periodo, con una representación lejana de la gente y con la precariedad de un Estado incapaz de garantizar los mínimos de salud, educación y protección social, ha puesto en evidencia que esto no se va resolver solo con un cambio de personas si no que necesitamos cambiar las reglas de juego.

¿Qué debería incluir esa nueva Constitución, según usted?

Eso pasa por diseñar un nuevo pacto constituyente a partir de un gran dialogo nacional en el que, por ejemplo, se restituya la capacidad del Estado de planificar el desarrollo nacional, de fiscalizar y regular las actividades económicas, que reivindique la salud, la educación, las pensiones como derechos porque la actual Constitución las concibe como mercancías o negocios que el sector privado debe proveer. También se necesita que el Estado impida abusos a partir de concentraciones oligopólicas o monopólicas, como las que vemos en la banca o en las AFP.

Acá cuatro grandes bancos concentran todo el mercado financiero y se permiten cobrar las comisiones y las tasas de interés que les da la gana. Pero también hay nuevos temas y derechos que se deberían incluir en la nueva Constitución, entre ellos la centralidad del cambio climático y la protección del medio ambiente, o el acceso a Internet.

Un sondeo del IEP de diciembre, de hace un mes, preguntó qué temas se deberían incorporar en una nueva Constitución o cambiar en la vigente. Las respuestas son interesantes. El 74% pedía penas mayores para delincuentes y corruptos; el 25% fortalecer los valores familiares tradicionales y la tradición católica; el 23% promover la inversión privada. Asumo que usted quisiera una nueva Constitución que rescate banderas que, entiendo, usted defiende.

¿No hay una desconexión entre lo que usted esperaría de una nueva Carta Magna y lo que la gente realmente desea? A la luz de esas respuestas, quizás lo que tenemos ahora sea incluso menos conservador que lo que podría salir. ¿Qué piensa?

Primero, creo que es comprensible la indignación de la gente que se traduce en una demanda de sanciones más fuertes para corruptos y abusivos. Por eso planteamos la necesidad de un proceso constituyente, de un gran diálogo nacional en el que la gente pueda identificar la raíz de los problemas y no solo sus síntomas. Yo vengo recorriendo el país, Enrique, y los temas que la gente plantea tienen que ver con cosas concretas, como salud, educación, pensiones, Internet.

Hay una necesidad refundacional. No en vano vamos a conmemorar el bicentenario de una independencia que quedó trunca, incompleta, con una República que dejó en la exclusión a las mayorías que no se sienten representadas por la clase política ni protegidas por este Estado decadente y reducido a su mínima expresión.

¿No le preocupa que la nueva Constitución que pueda emerger sea incluso más conservadora que la actual?

No, porque en la medida que haya un debate con la ciudadanía, iremos desentrañando la raíz de cada uno de los problemas para identificar los cambios estructurales que se necesitan. En todo caso, lo que corresponde es abrir el debate. Me parece antidemocrático que se quiera censurar el debate en torno a la necesidad de un nuevo pacto social. Abrámoslo, para evitar que otras expresiones autoritarias puedan canalizar esta frustración, esta indignación de la gente.

Se ha dicho también que si se le encarga la redacción de la nueva Constitución a estos congresistas sería un desastre. De acuerdo. Por eso se ha planteado que se abra un proceso constituyente con la elección de una Asamblea Constituyente.

El mensaje de una nueva Constitución cobró mayor notoriedad con las movilizaciones ciudadanas de noviembre. Foto: Marco Cotrina / La República

Yo no he sugerido que sea este Congreso…

Otros lo han hecho para desacreditar el debate.

Lo que yo ponía sobre la mesa era el ánimo nacional. Creo que esas respuestas tienen que verse con atención. Esa era mi reflexión. Le cambio el tema…

Enrique, si me permite, eso no quita que no seamos conscientes del avance de ciertos discursos conservadores, autoritarios, anticientíficos que ganan terreno en la sociedad. Precisamente, es responsabilidad de las fuerzas políticas hacer pedagogía, discutir, conectar con los temores y preocupaciones genuinas de la gente. Si cerramos la posibilidad de ese diálogo, lo que podemos más bien es provocar es que estalle por otro lado, y no de la mejor manera.

Usted ha dicho que su candidatura es “pro inversión”, que desea recuperar los más de 3 millones de empleos perdidos y aumentar la inversión pública en dos puntos de PBI anuales con intervención del sector privado.

Ha propuesto recurrir a parte de los ahorros fiscales que tenemos en bancos nacionales -72 mil millones de soles, según lo expresado por usted- para la reactivación. No soy economista, aunque he leído a algunos señalar que no tiene sentido echar mano de ese dinero cuando endeudarse es mucho más barato. ¿Qué responde?

Que todos esos ahorros fiscales que nos han costado a todos los peruanos acumular son para encarar este tipo de emergencias. ¡Por Dios! Parece que algunos se olvidan que estamos atravesando una pandemia global, que hemos perdido a más 80 mil peruanos y peruanas en un año, mucho más que todo lo que perdimos en el conflicto armado interno que duró largos años. Y si no hacemos nada, esta cifra se podría duplicar.

Si tenemos ahorros es para precisamente para usarlos en este tipo de circunstancias y salvar la vida de la gente, para reforzar la estrategia sanitaria de contención del virus, reforzar el primer nivel de atención, construir centros de oxigenación temporal, porque el oxígeno es lo que puede salvar a la gente y no la ivermectina ni el dióxido de cloro que promueven otros candidatos, e implementar la telemedicina. Y en paralelo, para entregar un tercer y cuarto bono a las familias más vulnerables. Este es el momento de hacerlo.

Lo contrario es seguir haciendo lo que hace el actual gobierno, es decir: nada, nada. A pesar de que las cifras cotidianas dicen que la situación empeora, en la conferencia de prensa reciente (del miércoles) el gobierno no ha hecho ningún nuevo anuncio.

¿Y el endeudamiento no sería una mejor opción que gastar los ahorros?

Puede ser también una alternativa que vamos a evaluar. Pero la prioridad es salvar vidas, en un contexto en el que la vacuna aún va a demorar. Es cierto que hay un lote para enero pero que apenas alcanzará para 500 mil personas.

Dijo que revisaría las exoneraciones tributarias. Se refiere a campos como las universidades y la agroexportación, entre otros, me queda claro. ¿Mantendría alguna?

Si me permite, por un lado está la urgencia de reactivar la economía de manera inmediata y un tercer y cuarto bono contribuye a eso, junto a la inversión pública y el programa de crédito barato. Y en paralelo, en efecto, vamos a tener que recuperar los niveles de recaudación tributaria antes de la pandemia y superarlo. Eso significa revisar las exoneraciones tributarias a las mineras, a los casinos, a las universidades privadas. Y en paralelo se tendrá que diseñar una estrategia para combatir la evasión y elusión tributaria y generar un impuesto a las grandes fortunas, a los multimillonarios.

Dos cosas sobre lo que acaba de mencionar. Primero, no tiene claro todavía si mantendría alguna exoneración, ¿correcto?

Seguramente habrá algunas que se tendrá que conservar, sobre todo para los sectores o las empresas que recién inician sus actividades económicas y su inserción en el mercado, como pasó con la agroexportación. Nosotros no nos oponemos per se a los beneficios y exoneraciones tributarias siempre y cuando sean pertinentes y por un lapso determinado. Lo evaluaremos. Dicho sea de paso, el actual gobierno llamado de transición ya debería de haber empezado (a evaluar las exoneraciones).

Segundo, sobre el impuesto a las grandes fortunas: ¿sería temporal o permanente y a partir de qué monto se aplicaría?

Sí, tenemos un debate sobre eso. Consideramos que podría ser eventualmente a partir de los 10 millones o incluso los 100 millones. Estamos hablando de, efectivamente, grandes fortunas. En ningún momento hemos planteado tocar los ingresos de la clase media que, sabemos, está golpeada económicamente. Ese es otro de los fantasmas que tratan de avivar quienes no quieren que nada cambie. Lo pensamos en algún momento como algo temporal, único incluso, pero creemos que en la medida que esté adecuadamente diseñado se podría mantener en el tiempo. Estamos todavía ajustando, pero consideramos necesario que se implemente de todas maneras.

Temporal, por el momento. Ahora, entre 10 y 100 millones hay mucha diferencia, ¿no?

Claro, lo que pasa es que está pendiente revisar también cuál sería el universo de contribuyentes al que impactaríamos con esta medida.

¿10 millones solo en cuentas? ¿Con propiedades? Porque alguien puede heredar una casa y va sumando. ¿Cómo manejarían eso?

Justamente es lo que estamos diseñando, pero, insisto, no es un impuesto a la clase media ni a los ingresos, si no a las fortunas acumuladas que, además, valgan verdades, en el Perú provienen principalmente de herencias, no necesariamente del fruto de trabajo sostenido o del sudor de la frente de algunos, como se ha querido plantear.

Explíqueme lo de la maquinita. “Es una posibilidad que se evaluará en su momento”, dijo en la entrevista con Mávila Huertas. No zanjó el asunto, para ser honesto. Luego, en su cuenta de Twitter, dijo que sería un sinsentido. ¿Con cuál versión nos quedamos?

Con la única versión sostenida desde la campaña de 2016, con la que está en nuestro plan de gobierno. Insisto, sería un sinsentido y en ningún momento lo hemos planteado. No queremos ni maquinita, ni hiperinflación. Queremos una economía ordenada, planificada, con un Estado con capacidad reguladora y fiscalizadora.

Ya sé que dijo que respetará la autonomía del Banco Central de Reserva (BCR). No voy a insistir en ese tema…

Así es.

Sí tengo esta curiosidad, ¿designaría de nuevo a Julio Velarde al frente del BCR? Es potestad constitucional del presidente. Luego el Congreso debe ratificar la decisión. ¿O preferiría un cambio al frente de esta institución?

Creo que es tiempo en el Perú -en términos generales- de cambios, pero no solo en las personas si no, sobre todo, en las políticas, en las reglas de juego que guían nuestro país. Eso sí, reiterando siempre que en el caso del BCR respetaremos la autonomía que le corresponde. Pero sí, creo que necesitamos renovar la representación política y la participación en los distintos espacios de decisión, dándole voz a sectores que largamente han sido excluidos. Con eso no hablo específicamente del BCR, si no en general de la gestión estatal.

Mi consulta es específica sobre el BCR. ¿Ratificaría a Julio Velarde o preferiría a alguien diferente? ¿O no lo tiene claro todavía?

No, lo acabo de decir. Creo que lo que corresponde es un cambio. Además, recordemos que en el BCR no solamente está el señor Julio Velarde, con quien, dicho sea de paso, hemos coincidido en algunas propuestas, como Reactiva Perú. Conceptualmente me pareció un buen programa, necesario en su momento…

Velarde es presidente del BCR desde hace más de 10 años. Foto: La República

¿Pero?

Lamentablemente en su implementación tuvo serias deficiencias, porque no puso los filtros adecuados y permitió que grandes empresas con dinero en paraísos fiscales, o procesadas por corrupción, o que despidieron a sus trabajadores se beneficiaran de esta garantía estatal. Recordemos también que en el BCR hay otros personajes que no tienen méritos técnicos ni éticos y que claramente tienen que ser removidos.

Intuyo que habla de Rafael Rey.

Exactamente.

Vayamos a la salud. ¿Cree que hay falta de liderazgo de parte del presidente Sagasti en la lucha contra la pandemia?

Para todos los ciudadanos está claro que la situación sanitaria es cada vez más crítica, con un sistema al borde del colapso, y sin embargo el gobierno actúa como si no estuviera pasando nada, como si la situación tendiera a mejorar cuando lamentablemente tiende a empeorar. Todo esto con una nueva variante del virus que es mucho más contagiosa que el Estado ni siquiera está monitoreando. ¿Cómo es posible? Es desconcertante que en la última conferencia no se haya hecho ningún nuevo anuncio. Hay una mala evaluación de la gravedad de la situación.

Sé que no es fácil implementar una eventual restricción adicional de la movilidad de la gente, una eventual disminución de los aforos, pero está claro que a estas alturas es necesario. Eso sí, es fundamental el apoyo económico a las familias más vulnerables. Nada de esto ha sido dicho por parte del gobierno y es sumamente preocupante e irresponsable. Le pido al presidente de la República que reconsidere las medidas implementadas.

¿Qué propone para mejorar el sistema de salud?

Una primera cosa fundamental abandonada es el primer nivel de atención que reforzado puede ayudar a prevenir cantidad de enfermedades. Eso pasa por diseñar una estrategia sanitaria comunitaria, vital para la Covid, pero en general para el país. Hay que articular el sistema de salud a través de postas, centros de salud con las organizaciones de base, las ollas comunes.

¿Unificaría el sistema?

Necesitamos una reforma integral del sistema de salud, con un proceso de descentralización y, a la vez, una rectoría clara que pueda ordenar lo que hoy está disperso, una de las grandes trabas para articular una estrategia contra la pandemia.

Inacción. Según la candidata de JP, el actual gobierno no reacciona frente a la pandemia. Foto: PCM

En la última encuesta de Ipsos aparece con 7% de intención de voto. Estaba revisando las cifras desagregadas por sector socioeconómico y me llamó la atención lo siguiente: en el A, es decir el más pudiente del país, usted figura con el 10% de intención de voto.

En términos porcentuales, es donde mejor le va. En los segmentos D y E figura con 6 y 7, respectivamente. ¿Por qué cree que es así? ¿No debería ser al revés para una candidatura que se proclama de izquierda y defensora de los más pobres, necesitados?

Mire, Enrique, si fuera real igual yo me alegraría. Nuestra propuesta es para todos los peruanos y peruanas, es cierto que con particular énfasis en los más vulnerables. Pero la verdad es que me desconciertan absolutamente las últimas encuestas. A mí también me llamó muchísimo la atención lo que usted comenta, sobre todo porque en las encuestas previas, de la misma encuestadora, ocurría lo contrario: teníamos en el sector A cero por ciento de aceptación, y no me alegra decirlo.

A lo que voy es que hay, a mi juicio, una inconsistencia que no me explico técnicamente. Soy muy honesta, me desconcierta la diferencia que hay entre una encuesta y otra. No creo que de un mes a otro hayamos saltado de cero a 10 en el sector A.

Me parece curioso que casi estuviese lamentando haber subido esos 10 puntos en el sector A.

No, le acabo de decir lo contrario. Lo que queremos es llegar a todos los sectores del país. Queremos desmontar todos esos fantasmas de que odiamos a los sectores pudientes y somos enemigos de la inversión. Nada más lejos de la realidad. Nuestro proyecto plantea escuchar a todos. Encantada de tener 10 puntos en el sector A, si fuera el caso. Solo señalo una inconsistencia concreta.

Según esa misma encuesta, Keiko Fujimori le gana en los sectores, D y E. En el E, por una buena diferencia. ¿Hay alguna lección por sacar ahí?

Por supuesto, que tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para que nuestro mensaje llegue a estos sectores, para incorporar sus agenda. Y por eso hemos puesto mucho énfasis a nuestra propuesta de segunda reforma agraria. El sector agrario es estratégico para el desarrollo nacional, porque es uno de los que más empleo genera. Estamos comprometidos con modernizar este sector con una segunda reforma agraria, que implica la institucionalización de un gabinete de desarrollo rural y agrario dirigido por la propia figura presidencial.

¿Quizás ha habido un distanciamiento de la izquierda con los sectores más necesitados?

Mire, en los últimos años hemos hecho un esfuerzo sostenido por tener presencia en el territorio, por dialogar con distintos sectores sociales y organizaciones. Seguramente aún no la suficiente fuerza y despliegue, pero estamos en ese trabajo. Somos conscientes del desafío, estamos haciendo esfuerzos, quizás aún nos falta caminar un poco más pero estamos en esa perspectiva.

¿La pregunta sobre Venezuela es la que más le han hecho en su carrera política?

Probablemente, probablemente.

Con la de las agendas, quizás. Pelean.

También, ¿no? Hay una serie de fantasmas y estigmas que toca desmontar y frente a los cuales seguiremos respondiendo siempre con la misma convicción. Nuestro proyecto es cien por ciento peruano que no pretende copiar ningún modelo, menos uno que está claramente atravesando hoy una situación de dictadura, una situación social y sanitaria catastrófica.

Yo no iba a preguntarle sobre si zanja o no con Maduro, por favor. Ya se lo deben de haber preguntado 200 veces.

¡Como siempre me lo preguntan!

No, no es mi intención. Sí quería plantearle lo siguiente: ¿no se hubiera evitado tanta insistencia sobre ese asunto si lo hubiese cerrado desde un inicio? ¿Quizás faltó algo de reflejos en su momento?

Nuestra posición siempre fue clara y tajante sobre este tema. Una cosa es que, claro, se remitan a declaraciones mías del 2013 o 2014 cuando la situación era ciertamente ya preocupante pero cuando ni siquiera la oposición venezolana calificaba al gobierno de turno como una dictadura. A medida que la situación fue cambiando y agravándose y claramente entramos a un régimen dictatorial, no tuvimos ningún reparo en señalarlo así y desmarcarnos.

En una entrevista también con La República, de hace un año, usted recordaba algo que le dijo su padre: “Vero, harás lo que quieras pero no me digas que quieres hacer política, porque la política es muy ingrata y está llena de traiciones”. ¿Tenía razón su padre? ¿La política es ingrata y llena de traiciones?

Hay traiciones, hay momentos de decepción, hay momentos de frustración también. Pero hay momentos muy emotivos y gratificantes como cuando, a pesar de la grave crisis que estamos atravesando, vemos gente joven valiente y comprometidamente involucrándose con los cambios que necesita su país. Me refiero por ejemplo a las movilizaciones de los jóvenes de noviembre, que eran políticas, cuando vimos a una juventud que no estuvo dispuesta a quedarse de brazos cruzados mientras algunos pretendían usurpar el poder, reprimiendo y criminalizando. Siempre es difícil y arduo hacer política, sobre todo en una sociedad marcada muchas veces por el individualismo. Cuesta construir institucionalidad, un partido político pero es absolutamente necesario para el país. No podemos dejarle la cancha libre a los mismos de siempre, a los corruptos y mafiosos que han tenido secuestrado a nuestro Estado.

Sobre las protestas de noviembre, ¿qué piensa de cómo se están llevando las investigaciones sobre las muertes de los dos jóvenes? ¿Y sobre las ocurridas durante el paro agrario?

Lamentablemente, se está configurando a estas alturas la impunidad de los responsables directos y de los responsables políticos por la represión y las muertes de las movilizaciones de noviembre. Esto no es algo nuevo. En Espinar, durante la protesta social de 2012, hubo tres campesinos muertos. Son muertes que se produjeron hace ocho años y que hasta el día de hoy están en la impunidad total, igual que los cinco fallecidos por el conflicto de Conga, en Cajamarca.

E igual que los tres indígenas fallecidos en la pandemia, en Loreto, que protestaban exigiendo atención sanitaria del Estado. Todos están en la impunidad. Por eso, tenemos que seguir vigilantes y así lo haremos. Y si somos gobierno, exigiremos investigaciones exhaustivas, que lleguen hasta el final.

¿Propondría una reforma policial también?

Para evitar que se sigan cometiendo abusos, represión y criminalización excesivas. Y también para combatir la corrupción enquistada. Además, hay que garantizar una adecuada remuneración a los policías y evitar que se den convenios entre empresas privadas, extractivas en particular, y la Policía. Esta debe ser garante de la democracia y de los derechos para todos.

Han aparecido cuestionamientos sobre algunos candidatos al Congreso de Juntos Por el Perú. Usted es quien lidera este proyecto político. ¿Puede garantizar la idoneidad de quienes postulan al Legislativo?

Juntos Por el Perú es una coalición de distintas organizaciones y cada cual tuvo su propio proceso de primarias y de designación que hemos respetado. Eso sí, exigimos que todos se ciñan a una propuesta programática con líneas muy claras de defensa de la democracia, de la paz, de la justicia social, del enfoque de género. Cualquiera que en algún momento se aparte de estos compromisos dejará de tener lugar en este proyecto.

¿Llevará la bandera del matrimonio homosexual?

Lo propusimos en el 2016 y nos ratificamos en construir un país igualitario que reconozca el amor y la posibilidad de constituir una familia del mismo sexo. Claro que sí.

¿Y la eutanasia?

Es algo que creo hay que evaluar muy rigurosamente. Sé que hay un caso particular en torno al cual no puedo más que expresar mi apoyo a la persona que valientemente pide su derecho a morir en dignidad. Sin embargo, para una regulación más amplia, general, se necesita un debate ciudadano y revisar la experiencia de otros países. Particularmente no tengo una posición definida, en términos generales.

¿Qué piensa de lo que dijo Keiko Fujimori, en el sentido de que si es electa presidenta indultaría a su padre?

Siempre hemos rechazo el indulto, en el Parlamento y en las calles. No se puede indultar a un asesino, ladrón, a un violador de derechos humanos. Pero lo que me parece más indignante y vergonzoso es que en este contexto de pandemia, donde la gente se está muriendo por falta de camas, de oxígeno, haya gente que quiera poner al indulto en el centro del debate.

Mendoza señaló que en un eventual Gobierno a su cargo no indultaría a Alberto Fujimori, quien cumple prisión por crímenes de lesa humanidad.

La plancha

José de Echave, primera vicepresidencia

Luzmila Ayay, segunda vicepresidencia

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