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El desconfinamiento reabre la ruta para los emprendedores

Resurgir. Empresarios encontraron en la distancia propia de las medidas sanitarias una oportunidad para acercar a las familias, en un nicho de mercado cada vez más asentado.

Giuseppe Horna le canta a la vida y lucha contra la pandemia desde una avenida, sobre ruedas o a pie. Manuela destaca el vínculo con el cliente. Foto: composición
Giuseppe Horna le canta a la vida y lucha contra la pandemia desde una avenida, sobre ruedas o a pie. Manuela destaca el vínculo con el cliente. Foto: composición
Esteban Salazar,Andi Chero,

Las medidas de desconfinamiento y la paulatina vacunación de los ciudadanos dan sus primeros atisbos de recuperación en el mercado, aunque más de un emprendedor ha tenido que reinventarse para seguir en la pugna de no ser parte de la estadística de las nuevas clases desprotegidas.

Tiempo de música

Nada le hacía presagiar a Giuseppe Horna, cantante en los mejores escenarios del país, que al tercer mes de la crisis sanitaria sería despedido de la agrupación que integraba.

En mayo del 2020, el músico recibió la llamada de un pariente para pedirle un par de canciones a su hija por su onomástico, solo desde la puerta de su casa.

“Para el cuarto mes estaba pensando lo que iba a hacer, ya que la música estaba muerta. Mi tío me dijo que fuese con un guitarrista o un pianista y que le cantase a su hija sin acercarme a ellos porque las reuniones están prohibidas”, recuerda.

Así inició la historia de Serenata a la Puerta de tu Casa, un emprendimiento que brinda conciertos al aire libre desde una avenida, plaza o parque sin tener que poner en riesgo la salud del cantante ni la de sus sorprendidas clientas. Ello causó revuelo entre sus allegados y fans.

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“De allí quedó la idea. Amoldé mi movilidad y empecé con mis primeras presentaciones. Gracias a Dios, tuve mucha acogida en las redes sociales”, dice.

Hoy, el exintegrante de Los Cinco de Oro y reciente reincorporación de Los Hermanos Yaipén, se desplaza en su furgoneta por toda la capital acompañado de un parlante acondicionado y un pianista para armonizar cualquier ocasión con todos los protocolos de bioseguridad.

“No hay muestra de amor tan bonita como una serenata. Lo mejor que sé hacer es cantar y decidí llevar mi talento a muchos hogares”, señala Horna.

Atrás quedaron los grandes reflectores. La calle se convirtió en su nueva palestra, y los transeúntes curiosos o residentes que entonan las canciones desde las ventanas, en su nuevo público. De esta manera, busca recaudar ingresos monetarios para sostener su hogar integrado por su esposa y su pequeña hija, además de su mascota.

“Me he reinventado y eso me está ayudando mucho. El sector musical ha sido uno de los más afectados y olvidados por las autoridades”, expresa triste, aunque con optimismo.

Florecer en el desierto

Un año después de ver su negocio florecer, Manuela Victoria Zúñiga tuvo que cerrarlo todo.

Atelier Divina Flor, en el corazón de La Molina, dejaba así atrás años de crecimiento ininterrumpido y se enfrentaba a la incertidumbre. Fueron los clientes quienes, a expensas de su buen servicio, y la necesidad de recortar su ausencia en la mesa de cada familiar, llegaron a su puerta.

“A fines de mayo, los clientes empezaron a llamar. Me dije: ‘Ni modo, tengo que hacerlo’. Estar cerrado es estar en crisis, pero fue bastante difícil”, relata.

Como se recuerda, en mayo del 2020 el Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri) dispuso que la floricultura sea considerada una de las actividades esenciales que no afectan el estado de emergencia nacional, por lo que podían reactivarse.

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Un préstamo de S/ 30.000 en Reactiva Perú, aproximadamente lo necesario para resucitar durante seis meses, nunca vio la luz. Ello y la necesidad de pasar de cinco a dos trabajadores, el uso de micas, menores horarios de atención y dificultades de abastecimiento en Acho y Santa Rosa volvieron la experiencia de Atelier Divina Flor cuesta abajo, pero no imposible. Recurrió al retiro de AFP.

“Eran tantos los requisitos de Reactiva Perú que finalmente desistí. Me di cuenta de que era más favorecer al banco que al pequeño empresario”, señala Manuela.

Ahora, Manuela puede reconocer que, desde que se reactivó en pandemia, su negocio ha recuperado cierta prosperidad. Desde el segundo trimestre del 2020 ha logrado encaminarse con ingresos superiores al 15%, sorteando, sobre todo, cualquier tipo de contagio para ella y sus clientes.

“Generalmente, son las mujeres las que van a comprar flores. Cuando comenzó la pandemia, las mayores un poco no volvieron al negocio. De lo que estaba bregando en el desierto, tuve que volver a ganarme a las personas cuando reabrí”, remite, con entusiasmo.

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