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La fe mueve montañas y también emprendimientos

Oportunidad. La crisis sanitaria se ha convertido en el contexto adecuado para que muchas personas reluzcan su ingenio para salir adelante y generar una nueva fuente de ingresos sin trabajar para otros.

Delicia vegana. Daniel Chávez y Shanelle Gamarra, dos hijos de Ventanilla que encontraron en la repostería su fuente de ingresos. Foto: La Guarida Verde
Delicia vegana. Daniel Chávez y Shanelle Gamarra, dos hijos de Ventanilla que encontraron en la repostería su fuente de ingresos. Foto: La Guarida Verde
Andi Chero

Albert Einstein rezaba que solo en momentos de crisis surgen las grandes mentes. Más allá de parecer un llamado motivacional, muchas veces repetitivo, el verso trasciende la línea de lo literal para convertirse en realidad.

La pandemia de la COVID-19 se convirtió en el empujón para que muchas personas se arriesgaran a realizar cosas no planificadas e impensadas para salir de la necesidad y aumentar sus ingresos económicos.

La Guarida Verde: hogar dulce hogar

Daniel Chávez (20) y Shanelle Gamarra (19) son dos jóvenes residentes del AH Hijos de Grau (Ventanilla) que salieron de su zona de confort tras quedar sin trabajo en la primera cuarentena. Él se desempeñaba como asistente de marketing y ella laboraba en una empresa de productos de limpieza, pero la crisis sanitaria los integró a aquel 47,2% de jóvenes desempleados en el trimestre marzo-abril-mayo de 2020, de acuerdo a las estadísticas del INEI.

La necesidad despertó el ingenio de ambos vecinos y la matizaron con sus prácticas alimenticias y su conciencia ambiental que dio vida a La Guarida Verde, un negocio dedicado a la venta de donas veganas.

“Decidimos que las donas fuesen veganas, ya que no queríamos incluir alimentos de origen animal, ya que estos alimentos contaminan al ecosistema igual o más que la industria petrolera –aquí en Ventanilla ya tenemos una (La Pampilla)– y sinceramente ya no queremos contaminar más”, respondió la pareja emprendedora a La República.

El emprendimiento lleva seis meses y antes de constituirse contó con un mes de prueba y planificación, inicialmente con sus círculos más cercanos, luego mediante encuestas virtuales. Este periodo les ayudó a encontrar a su target que oscila entre los 18 y 36 años; además del presupuesto que tenían que invertir en ingredientes, utensilios y combustible. El monto utilizado en fundar la marca se originó en los ahorros que los audaces muchachos guardaban ‘bajo el colchón’.

Desde entonces, Daniel convirtió la cocina de su hogar en su centro de labores, lugar en el que pasa nueve horas diarias junto a su copartícipe preparando y horneando las rosquillas. Los pedidos suman entre 10 y 15 cajas al día, las mismas que tienen un costo de S/ 14.00, por seis unidades, y que son distribuidas por ellos mismos cuando el cliente está muy cerca o con la ayuda del servicio motorizado.

“El primer día solo tuvimos un cliente. Fue chocante porque nosotros esperábamos tener pocos pedidos por ser postres, luego nos dimos cuenta de que las personas nos consideran una especie de comida rápida. Teníamos miedo a fracasar ante el desconocimiento de la gente acerca del veganismo, pero nos sorprendió ver la aceptación que tuvimos”, expresó emocionado Daniel.

La Guarida Verde también es el nombre del refugio en donde habitan –por ahora– tres gatos que fueron adoptados por los jóvenes socios. De hecho, un 5% de las ganancias de las ventas de las donas se destinan para la alimentación, aseo y esterilización de los felinos.

“Nuestra visión a largo plazo es tener un espacio en Ventanilla en el cual se pueda educar a la población sobre el cuidado medioambiental, el cuidado de los animales y el estilo de vida vegano, para que la gente sea más consciente de lo que consume”, sentenció Shanele.

La fe también emprende

Muchas personas manifiestan su fe, ya sea congregados en un templo o predicando las enseñanzas de Cristo mediante la evangelización.

La pandemia alejó a cientos de feligreses de sus centros religiosos, sin embargo, muchos de ellos también consideran que la fe se lleva en el corazón o también estampada en un polo.

Así lo entendió Ricardo Preciado, quien desde hace dos años tenía en mente expresar su amor a Dios en una prenda para que el mensaje fuese compartido a través de frases grabadas en tela de algodón. “Cada vez nosotros nos congregábamos en la iglesia y allí comenzó la idea de hacer los polos y hubo muchas personas a las que les gustó mi propuesta”, narró el joven a este diario.

Los diseños y modelos de las prendas reposaban en hojas bond. No obstante, las palabras de su guía espiritual Carlos David de Redhead, a inicios de este año, lo convencieron de retomar su idea.

La iniciativa, bautizada como YAHWEH, vio una luz de esperanza hace algunas semanas, con la venta de los 39 primeros ejemplares que se confeccionaron con el apoyo del padre de Ricardo de quien aprendió el oficio textil desde muy pequeño. “Sé coser, sé agarrar máquina, gracias a lo que aprendí de mi padre”.

Los mensajes estampados connotan el agradecimiento hacia el creador “por sus acciones en favor de la humanidad”.

Su campaña en redes sociales le ha permitido establecer sus primeros contactos en el interior del país.

“Este negocio no es mío es de Dios, yo solo soy un obrero en la mano de él que ya conocía mi anhelo de formar mi emprendimiento”, sentenció Preciado al acotar que tiene esperanza en que su iniciativa se expanda, mientras cortaba los hilos al momento de brindar esta entrevista.

La mano de dios. Con la fe en alto, Ricardo Preciado afina detalles de su última confección. Foto: Andi Chero/La República

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