Altos precios y burbuja inmobiliaria, la otra cara del boom turístico en Cuba

El gobierno cubano también ha impuesto medidas para reorganizar el sector privado

15 Sep 2018 | 14:50 h

El gobierno cubano también ha impuesto medidas para reorganizar el sector privado

EFE

Comprar una casa es una de las mayores aspiraciones de los cubanos, que ven cada vez más lejano ese sueño en medio del auge turístico que ha vivido la isla en los últimos tres años, cuando el acceso a servicios, productos y viviendas se ha vuelto prohibitivo para la gran mayoría. Muchos isleños, con salarios estatales que apenas superan los 30 dólares mensuales, no pueden pagar los miles de dólares que cuesta hoy una vivienda, ni los cientos que vale un alquiler lineal en La Habana, donde un estudio pequeño de una sola habitación se renta por 250 dólares al mes.
 

En la isla caribeña una cena en un restaurante privado o paladar frecuentado por turistas puede significar el ahorro de varios meses para un médico, un abogado o científico, en el rango medio de los asalariados en Cuba. "Los turistas lo han encarecido todo, desde el precio de una cerveza nacional, si la encuentras, hasta las casas, porque ahora todo el mundo quiere alquilar a extranjeros, y los que venden saben que hay demanda y se aprovechan", lamentó Ariel, un maestro que gana al mes unos 500 pesos cubanos (20 dólares).

De los 3,8 millones de hogares que existen en la isla (11,6 millones de habitantes), cerca del 40 % está en regular y mal estado técnico, un problema agravado además por el paso de huracanes. Según Daniela, una universitaria que nació y creció en una antigua casona de La Habana Vieja, epicentro turístico de la capital cubana, su familia ha recibido muchas propuestas pero no han querido irse de su barrio, aunque nunca puedan comer ni tomar en los restaurantes que han brotado por decenas en esa zona. Para la futura psicóloga será un problema cuando quiera formar familia porque no tiene el dinero que se necesita hoy para comprar aunque sea un apartamentico alejado del centro.

El naciente sector privado cubano, impulsado dentro de las reformas del exmandatario Raúl Castro, aprovechó el tirón y se volcó en tratar de satisfacer con propuestas atractivas una alta demanda que sus "contrapartes" estatales no podían cubrir. 

En poco más de tres años La Habana y otros polos como Trinidad, Varadero y Santiago de Cuba se llenaron de bares, "paladares", casas particulares de renta y de "almendrones", como llaman en Cuba a los coches estadounidenses de la década de 1950, vistos desde fuera como uno de los símbolos de la isla caribeña. La demanda por un romántico paseo en estos autos ha hecho que crezca el negocio de cortar los techos originales para convertir a los "almendrones" en descapotables, "con lo que muchos ahora dejan de trabajar como taxistas para los cubanos y prefieren irse al turismo", se queja Simón, un periodista habanero.

El gobierno cubano también ha impuesto medidas para reorganizar el sector privado, que incluyeron la paralización en la entrega de licencias a "cuentapropistas" por más de un año, hasta que entren en vigor nuevas regulaciones el próximo diciembre.

Además de endurecer los requisitos para los autónomos, estas disposiciones limitan el desempeño de algunas profesiones, como los corredores de viviendas, que no podrán emplear a otros trabajadores, para evitar la formación de agencias inmobiliarias privadas.

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