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Héroes desprotegidos

Óscar Miranda

Capitán Juan Antonio Solano junto con algunos miembros de la Compañía Puente Piedra 150. Casi todo su equipo se contagió. Foto: Jorge Cerdán.
Capitán Juan Antonio Solano junto con algunos miembros de la Compañía Puente Piedra 150. Casi todo su equipo se contagió. Foto: Jorge Cerdán.

Casi el 40% de los bomberos peruanos ha contraído coronavirus. En lo que va de la pandemia han fallecido 48, entre ellos algunos de los mandos más queridos del cuerpo. En Puente Piedra, casi toda una compañía terminó contagiada. Hoy, que siguen atendiendo emergencias todos los días, exponiéndose al virus, solo aguardan a que su labor se valore y que empiecen a ser vacunados cuanto antes

La bombera Cristina Ramírez (22) no recuerda muy bien esos días. Para la Compañía Puente Piedra 150 fueron días como cualquier otro, de accidentes vehiculares, fugas de gas, quizás algún rescate. Era junio, y mientras muchos peruanos empezábamos a salir tímidamente del confinamiento, los bomberos de la 150, y del resto de compañías del país, seguían haciendo lo que nunca habían dejado de hacer: recorrer las calles atendiendo emergencias.

En esa rutina de carreras, alguien se contagió. A estas alturas no importa quién ni cómo. El virus se había colado en la 150 y rápidamente se propagó.

Lo detectaron la mañana de un sábado, cuando el primer jefe de la compañía, el capitán Juan Antonio Solano (40), acudió con los cuatro efectivos con los que había estado de guardia a hacerse las pruebas de rutina en las instalaciones de la 25ª Departamental, en Los Olivos.

Solano dice que los sanitarios se sorprendieron: los cinco bomberos salieron positivos. Les volvieron a hacer los exámenes y el resultado fue el mismo.

El capitán avisó a la compañía: todos los efectivos que habían estado de guardia en los días anteriores debían ir a hacerse las pruebas. Fueron ocho, incluyendo a Cristina Ramírez. Los resultados mostraron que también estaban infectados.

Trece bomberos, casi todos los que estaban en actividad durante esos días, después de que muchos decidieran quedarse en casa, tenían coronavirus.

Durante las siguientes cuatro semanas, mientras los contagiados hacían cuarentena en la Villa Panamericana y, luego, en sus casas, los pocos efectivos que quedaban se mantuvieron en servicio, atendiendo las emergencias como podían.

A finales de julio, poco a poco, los positivos comenzaron a volver, ante la sorpresa y confusión de familiares y amigos. ¿Por qué volvían? ¿Por qué no hacían como todos y se quedaban protegidos en sus casas?

El capitán Solano dice que es una decisión difícil, pero que siente que tiene una responsabilidad: ayudar a las personas. Y que siente que ayudando a un extraño en una emergencia, alguien más ayudará a sus seres queridos cuando se encuentren en la misma situación.

–Claro que tengo miedo –dice la seccionaria Cristina Ramírez–, pero no puedo quedarme en casa sabiendo que hay personas afuera que nos necesitan. Por eso sigo viniendo.

Piden vacunación

Como los médicos y enfermeras, como los policías y militares, durante el confinamiento y tras la reapertura, los bomberos del Perú nunca dejaron de servir a la sociedad, en su caso, atendiendo emergencias. Y lo hicieron como lo han hecho toda la vida: por amor al prójimo, sin recibir pago alguno.

Por supuesto, no estuvieron todos. Sea por su condición de vulnerabilidad o por proteger a sus familias, muchos decidieron no acudir al servicio hasta que lo peor hubiera pasado. El brigadier general Raúl Begazo dice que por esa razón hoy en día solo hay alrededor de siete mil efectivos en actividad.

De ese número, hasta mediados de esta semana había 2615 contagiados. Como dice Begazo, cerca del 40 por ciento.

–Los bomberos estamos en una situación muy difícil –dice–. Estamos desprotegidos. El bombero sale a atender la emergencia sea cual sea su naturaleza y no sabe si la persona que va a socorrer está contagiada.

Por eso es que, esta semana, Begazo, presidente del Consejo Nacional de Disciplina del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú, llamó a las autoridades del gobierno a iniciar el proceso de vacunación de los bomberos cuanto antes.

El Ministerio del Interior les ha dicho que su vacunación arrancaría el 12 de abril, pero que no es seguro. Begazo dice que la fecha debería estar definida ya y plasmada en un documento oficial. El tiempo pasa, dice, y los bomberos se siguen contagiando. La vacuna al menos reduciría sus probabilidades de acabar hospitalizados.

Como le ocurrió al comandante Luis Escudero, jefe de Comunicaciones y Transporte de la IV Comandancia Departamental Lima, que dirige el brigadier mayor Mario Casaretto.

Escudero dice que se contagió a inicios de mayo, probablemente atendiendo emergencias o en alguna de las diligencias junto a su jefe buscando donaciones de víveres y equipos de protección para los suyos.

Pasó un mes hospitalizado. Llegó a tener el 50 por ciento de su pulmón comprometido. Todos los días rezaba junto a la pequeña imagen de la Virgen de Guadalupe que le había regalado un compañero. Volvió a casa, se recuperó y a inicios de julio estaba nuevamente en la comandancia. Al pie del cañón.

Mártires de rojo

Otros no tuvieron tanta suerte. Los bomberos de Iquitos todavía lloran a quien, hasta inicios de este año, fuera su jefe departamental, el brigadier Rodolfo Arévalo. Este abogado de profesión se ganó el cariño de sus subordinados porque en los momentos más duros de la primera ola se movilizó para conseguirles equipos de protección personal y medicinas a los que habían caído enfermos. Uno de sus mayores logros fue lograr la donación de la primera escalera telescópica en la región. Falleció el 21 de febrero. Su padre había muerto solo doce días antes.

Quizás una de las pérdidas más sentidas en la institución fue la del brigadier general Duilio Nicolini. Miembro de una familia de bomberos, amado esposo y padre de dos jóvenes profesionales, fue el oficial más joven en asumir la comandancia de la histórica y tradicional Bomba Lima 4, a quien él siempre consideró su segunda casa.

Su esposa y su hijo Franco lo recuerdan como un hombre recto y apegado a la ley, por su formación de abogado, y un gran promotor desde siempre de que los bomberos cedieran el manejo administrativo de la institución a los funcionarios públicos y que solo se concentraran en su vocación: atender emergencias, salvar vidas.

Como muchos bomberos, era de los que salían disparados cuando escuchaban que había una emergencia cerca de donde ellos estuvieran. En uno de esos momentos, en diciembre pasado, Franco le tomó una foto que hoy le parece premonitoria: el brigadier camina por la vereda en dirección a un accidente cerca de su casa. Está de espaldas, lleva su traje rojo y ante él se alza un atardecer esplendoroso.

Cuando cayó enfermo, a mediados de enero, se movilizó toda la comunidad bomberil en su ayuda. La búsqueda de cama UCI y de ventilador fueron un vía crucis. Un miércoles, internado en el Hospital Rebagliati, Nicolini llamó a su mujer y le dijo que ya lo iban a entubar y que se prepararán porque cuando saliera se iban a ir todos de viaje a celebrar la vida.

Falleció una semana después, el 27 de enero.

Hasta el momento, 48 bomberos en actividad y 16 en retiro han perdido la vida a causa del coronavirus. El brigadier Begazo dice que muchos de ellos lo contrajeron en la primera línea de batalla, ayudando a otros peruanos a vivir. Por eso les resulta doloroso que estén en la cola de los programados en la primera fase de vacunación. Por eso esperan que se valore su labor y que los vacunen cuanto antes.