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La capitana Marta la cantinera

A tiros ganó su incorporación como la primera mujer oficial del ejército peruano. Pero vivió una época en la que era inconcebible su incorporación a la vida militar.

Ilustración: Alejandro Alemán
Ilustración: Alejandro Alemán
Roberto Ochoa

“Parecía una candidata a la presidencia”, fue lo que nos contó Magdalena. “La gente salió para verla desfilar liderando a sus montoneros por la calle Maravillas. Marta saludaba a todos desde su cabalgadura. Mi padre me cargó y ella me sentó sobre su silla. Hacía calor. Recuerdo el rancio olor a sudor de caballo y de jinete. Sus balas y hebillas me hicieron daño. Me asusté y rompí a llorar. Ella me devolvió a los brazos de mi padre no sin antes decirme ‘niña llorona’... Esa niña llorona terminó siendo su nuera”.

Así era el recuerdo de Magdalena Manrique Pastor, quien años después se casó con el capitán EP Alberto Berreteaga Reyes, el único hijo de la legendaria Marta la Cantinera.

Su nombre fue Marta Olinda Reyes, nació en Pisco y ganó fama con el alias de Marta la Cantinera durante la Campaña de la Breña, bajo el mando de Andrés Avelino Cáceres. La cantina servía para llevar agua a los heridos durante la batalla. Y su fama creció años después, en 1895, durante las cruentas batallas callejeras que expulsaron al propio Cáceres de Palacio de Gobierno. Su fama de guerrera quedó grabada en un valsecito del ayer: “Muchachos, vamos a Lima/ que viene la montonera/ con Felipe Santiago Oré/ y Marta la Cantinera...”.

Cáceres y Piérola

Su vida es un fiel reflejo de los vaivenes de la política nacional. Marta luchó bajo el mando de Cáceres y años después comandó una montonera para derrocarlo.

El tradicionalista Lázaro Costa Villavicencia asegura que Marta la Cantinera se unió a las filas de la resistencia antichilena en la campaña de la Breña. Se integró al grupo de mujeres que atendía en el hospital de campaña. También revela que ella inventó la papa a la huancaína mientras seguía al Brujo de los Andes en su dura resistencia contra el invasor chileno.

Pero ella cambió la cantina por el fusil y participó en las batallas de Julcamarca, Concepción, Marcavalle, Huamachuco y San Pablo.

Años después, cuando El Brujo de los Andes asumió la presidencia de la República, en el denominado Segundo Militarismo, el propio Cáceres la invitó a participar en una ceremonia de reconocimiento en la Plaza de Acho, dedicada a los héroes de la Breña.

Pero la presidencia afectó la fama de Cáceres, quien pasó de héroe a villano, y tuvo que abdicar en marzo de 1895, luego de los cruentos combates callejeros que dejaron más de mil muertos en el Centro de Lima. Entre los heridos figuraba Marta la Cantinera: logró quebrar la resistencia de los militares que defendían las calles aledañas a Palacio de Gobierno y les arrebató un cañón. En el ataque, recibió un tiro en la pierna.

Su fama creció como la espuma y fue entonces cuando el propio líder rebelde, Nicolás de Piérola, la ascendió al grado de capitán y autorizó su incorporación al ejército como la primera oficial mujer.

El historiador Luis Alberto Torrejón Muñoz, autor del libro Rebeldes republicanos: la turba urbana de 1912, sostiene que “Marta Reyes había cumplido este papel en la revolución de 1894-95, y como testimonio quedan las marineras y décimas populares mencionadas por Basadre en su Historia de la República (capítulo: CXXIII). En 1904 desfiló junto con la alianza Demócrata Liberal llevando un estandarte (...), se batió a tiros por Piérola el 17 de marzo de 1895 y este le reconoció el grado de capitán de cuya renta hoy no goza. El que no goce de su pensión militar se explica por la política de modernización del ejército emprendida por López de Romaña”.

Su expediente duerme el sueño de los justos en el Archivo Histórico Militar.