“El día que sea detenido Alan García, habrá fiesta nacional”

Maritza Espinoza
8 M12 2018 | 16:00h
Fernando Olivera

Excandidato presidencial por el Frente Esperanza. Exministro de Relaciones Exteriores y de Justicia en el gobierno de Alejandro Toledo. Exparlamentario.

Como el Coyote al Correcaminos, como Tom a Jerry, como el inspector Clouseau a la Pantera rosa, Fernando Olivera se ha pasado más de la mitad de su vida persiguiendo a Alan García. Desde los tiempos en que, jovencísimo parlamentario de la escoba, le robaron un maletín conteniendo –aseguraba- pruebas de la corrupción del también jovencísimo presidente, hasta el recordado debate presidencial del 2016, cuando se dio el gusto de gritarle en la cara las acusaciones que le guarda hace décadas, no le ha dado tregua. Ahora que García parece acorralado por la justicia, Olivera nos cuenta detalles desconocidos de esta historia de vidas cruzadas.

Eres el Némesis de Alan García desde que inicias tu carrera parlamentaria. ¿Cómo y por qué comienza esta fijación tuya?

Mi padre fue político, un hombre de izquierda. Antes fue aprista, pero renunció al Apra, junto con José de la Puente Uceda, y formaron el Apra Rebelde. Luego, cuando derivan a la lucha armada y De la Puente funda el MIR, mi padre se replegó y, manteniendo sus ideas, se concentró en la familia y la vida profesional. Mi hermano Humberto, ya fallecido, también era aprista. Así yo conocí a Haya. Era un grande de la política. Tuve oportunidad de escuchar sus charlas sobre filosofía, lógica, historia, durante cuatro, cinco horas…

Entonces no eres un antiaprista, sino… ¿un antianalista?

Yo soy anticorrupción y, como demócrata, respeto todas las ideologías. Haya me tomó mucho aprecio, pero teníamos pensamientos diferentes. Yo seguí el camino del PPC. La primera campaña en la que participé fue la de la asamblea constituyente, el 79. ¡Vaya que peino canas! (ríe y luego narra su paso por la U del Pacífico, su activismo estudiantil, y cómo fue reclutado, a los 21 años, por el entonces fiscal de la Nación, Gonzalo Ortiz de Zevallos, y participó en la condena judicial del narcotraficante Guillermo Cárdenas Dávila, alias Mosca Loca, así como de Carlos Langberg, otro narco cercano al Apra).

Mosca Loca, Langberg… ¿Cómo llega Alan García a tu carrera?

A mí me pide el PPC que forme parte del comando de campaña de (Luis) Bedoya el 85, como secretario de prensa y propaganda, y que postule para diputado por Lima. Fui con el número 30 y subí al puesto 4. Y, bueno, asumo el 85 y, en honor a la verdad, García, en esa elección, había despertado la simpatía de muchos. Era la renovación: un joven del Apra, con apertura…

¡¿O sea en algún momento lo viste con simpatía?!

Claro, pero mi candidato era Bedoya. Pero cuando García asume el poder el año 85, yo le aplaudí en más de una intervención. Y le aplaudí ingenuamente, por ejemplo, cuando anunció que reducía el número de aviones Mirage…

¿Fuiste a alguno de sus balconazos?

No, no, no. Yo era diputado. Pero rápido empecé a mirarlo con cuidado, porque, al poco tiempo, en agosto, dio una norma: había rescindido los contratos con la Occidental Petroleum y la Belco. Poco tiempo después renegoció los contratos, pero para darle más beneficios a la Occidental y, a la Belco, que ya había cerrado sus operaciones, le permitió invocar un seguro de 300 millones que tuvo que pagar el estado peruano.

¿Y cuándo tienes la convicción de que ahí hay corrupción?

Antes del 85, ya frecuentaba la cámara de diputados y conocí a algunos parlamentarios. Uno de ellos era Ernesto “Polo” Gamarra, quien, cuando salgo elegido, me dice: “Fernando, hay que investigar a García”. Habían sido colegas, diputados, del 80 al 85, y él le estaba haciendo seguimiento, porque García llegó con una casa modesta en General Varela, pero luego fue creciendo su patrimonio inmobiliario. Cuando llega a presidente, ya se había comprado la casa de Chacarilla.

¿Y ahí te conviertes en el Coyote del Correcaminos García?

Sí. Ya había ciertos indicios que se empezaban a ver de operaciones sospechosas y actos de gobierno. Y ya se hablaba de su desequilibrio patrimonial. Gamarra me dio la posta. Así fue cómo, hasta el año 87, ya había establecido cuatro juegos de cheques en la casa de Chacarilla, el precio real y otra serie de gastos en los que había incurrido. Estaba armando el expediente, investigado un negociado en marcha con Argentina de equipos para el seguro social… Y ahí fue que me robaron el maletín y empieza la historia de suspensiones en mi contra.

¿Entonces ya pensabas que García iba a marcar tanto tu carrera política?

Bueno, nadie lo prevé, pero ahí empezamos a ser enemigos acérrimos, porque a mí me silenciaban, me suspendían. Era una la lucha contra la dictadura parlamentaria. Significó que al final de ese período fundara el Frente Independiente Moralizador, con la escoba (su símbolo). Y la verdad es que las encuestas que yo conocí, aunque no lo crean, me daban a mí como un candidato a la presidencia vencedor. Pero yo tenía menos de 35 años, no podía postular. Postulamos como lista parlamentaria y logramos el 20% en Lima. Sacamos siete u ocho diputados. Fue todo un éxito.

¿Cuándo ha sido la última vez que viste a García cara a cara?

Bueno, en el debate del 2016 (donde se enfrentaron). Después, nos hemos tropezado un día que viajaba yo en AirEuropa a las 12 de la noche. Recuerdo que no había podido ni almorzar. Me fui y me compré mi Burger King, y estaba comiendo mi hamburguesa, y de pronto me dicen: “¡Mira! Está García pasando por ahí. ¡Va en el mismo vuelo!” Y pasaba así, como camina él. Después abordamos los que íbamos en económica. Él se iba en primera clase.

¿No hubo saludo ni nada?

¡No, qué va! Bueno, hubo un saludo de todos los pasajeros porque, cuando lo vieron, empezaron a gritarle “¡ladrón, corrupto!”. Por otro lado, a la vez, me gritaban: “¡Popi! Buena, Popi”. [Risas]. García salió disparado, por supuesto. Desde ahí, bueno, nunca más.

¿Tienes un odio personal hacia él?

No. Eso es querer trasladar el cumplimiento de un deber a cuestiones personales. Y, en general, te digo que no tengo capacidad de odio. Yo no disfruto con el sufrimiento de nadie. Hasta, en algún momento, uno, por más duro o firme que sea, piensa en el drama familiar de esos corruptos que terminan encarcelados, en la vergüenza que hacen pasar a la familia, a los hijos...

En el 92, con el autogolpe, García dice que huyó porque sufrió persecución. ¿Hubo persecución?

En realidad, entre primera y segunda vuelta, el Apra y el fujimorismo tenían un pacto que tiene su origen en que Alan García busca a una persona cercana a Vargas Llosa y le ofrece apoyarlo a cambio de que no se le toque. Cuando se entera Vargas Llosa, convoca a una conferencia de prensa en la puerta de su casa, donde habla de que no iba a haber impunidad y menciona el caso de los Mirage y esto y lo otro. O sea, le tiró el portazo en la cara. Ahí es donde García destaca a Montesinos para apoyar a Fujimori.

Por eso digo: ¿hubo persecución el 92 contra García después del favor que les debía Fujimori?

A eso iba. El año 90, cuando se instala el nuevo Congreso, se produjo algo increíble: un pacto entre el APRA y los fujimoristas. Estos ponían al presidente de la cámara, que fue Víctor Paredes, con los votos apristas. Sin embargo, el 5 de abril del 92, cuando da el autogolpe Fujimori, se informa que van a detener a García, y ahí es donde se produce la supuesta fuga y Fujimori termina dándole el pretexto para la impunidad, para fugarse.

Cuando cae el gobierno de Fujimori, se habla de un reporte de llamadas de Montesinos a García, del velero Karisma (donde huía) a París. ¿Qué hay de cierto en eso?

Bueno, en el primer vladivideo salía Alberto Kouri, con lo que se había herido de muerte a quien ellos proyectaban como el sucesor, (su hermano) Alex Kouri. Entonces, como se habían quedado sin el candidato de la corrupción, ¿a quién más podían tener pues? A Alan García, que regresa. ¿Por qué regresa? Porque un juez de Montesinos le dicta una prescripción indebidamente. En ese ínterin es que vienen los contactos entre Alan García y Montesinos …

¿Esas llamadas han sido verificadas?

Haré la revelación ahora: con quien se conoció la información primigenia fue con el procurador de entonces, José Ugaz. Se inició una investigación, porque sí se había detectado los contactos entre el teléfono de París de García con Montesinos, desde el yate Karisma, y la intervención de un Winter, que era como el intermediario que iba y llevaba papeles para que se pusieran de acuerdo en el retorno de García para la candidatura que luego se gestó y fue realidad.

Tú has comparado a García con Al Capone, quien cayó por un delito tributario, mientras él ha caído por un contrato fraguado para dar una conferencia…

Aquí, en los procesos actuales, lo que se tiene firme es el pago de la conferencia con dinero de la corrupción de Odebrecht y por eso es vital consolidar esas investigaciones con información que va a proporcionar Odebrecht con el acuerdo (que firmará con la fiscalía peruana) y con el seguimiento de la ruta del dinero. Independientemente del acuerdo, hay un fiscal en Áncash, que ha logrado la confesión de los de Odebrecht de una coima por diez millones de dólares, donde interviene César Álvarez (entonces presidente regional de Ancash), pero también Rómulo León, que andaba por Palacio en ese entonces, trabajando en pared con García. Y se paga ese soborno millonario, pero no todo va al bolsillo de Álvarez, sino que gran parte va a un banco chino. Hay que seguirlo.

¿Y hacia dónde habría que seguirlo?

Mi olfato de investigador me dice que va a los bolsillos de García. Igual que, en el caso de la línea uno del Metro, que ya reconoce Odebrecht que han sido 24 millones de coima y que diez millones se reparten en los mandos menores. ¿Los otros catorce dónde están?

Pero la respuesta de sus defensores es que, si son tantos millones, ¿cómo los va a estar pitufeando de cien mil en cien mil, como en la famosa conferencia?

Primero, porque no hay crimen perfecto. Él estaba sometido a una investigación patrimonial del Congreso (la llamada Megacomisión, dirigida por Sergio Tejada) y necesitaba cuadrar sus cuentas, su patrimonio, su ritmo de vida. Y para eso tenía que tener dinero legalmente ingresado. Por eso es que se explica que primero dicte la conferencia y luego firme el contrato y el recibo. Y allí comete un error y estoy seguro que ha cometido más. En todo este tiempo en que guardo silencio, yo he estado investigando. Muchas pruebas no se pueden mostrar para no anularlas, porque, si no, se termina ayudando a la corrupción...

¿Tienes pruebas nuevas de más actos de corrupción recientes?

Yo tengo investigación realizada de cómo hay correspondencias, depósitos… En un momento dado, cuando empieza el escándalo Odebrecht, entran en trompo los grandes corruptos, y buscan, en el mercado de los hackers, quién pudiera destruir cuentas bancarias. Ahí cometen errores, porque lo que no pueden destruir son los archivos My Web Day B y Drousys, donde está la correspondencia entre los funcionarios de la corrupción de Odebrecht, con las iniciales, los seudónimos y nombres secretos que van asignando a cada uno de los coimeados, con cantidades, números de cuenta…

¿Y cuál sería el nombre secreto de García allí?

No, yo no lo puedo decir, porque espero que Odebrecht entregue toda esa información. La experiencia no es en vano. Aquí ya no pegamos patinadas. Cruzamos y recontra cruzamos la información con los que saben y con diversas fuentes antes de que se conozcan.

¿Es el sueño de tu vida ver a García preso?

Créeme que tengo sueños mejores. Pero, te digo, sí, que sería sentir que cumplir el deber da resultados y sí creo que sería devolver la esperanza y la fe a nuestros compatriotas. Yo estoy seguro que el día que sea detenido o condenado Alan García, habrá fiesta nacional. Aunque no declaren feriado, la gente va a salir a celebrar a las calles.

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