Circo del bueno

César Aedo: un sobreviviente del arte

El afamado mimo nacional estrenó a inicios de semana la última temporada de Paukartanpu, tributo circense a la festividad cusqueña de la Virgen del Carmen. La tibia acogida del público, en la explanada del Centro Cívico de Comas, lo obligan a hablar fuerte y claro.


Renzo Gómez

Domingo, 7 de Octubre del 2018

“Desde el ombligo del mundo: relájese, culturícese y disfrute”.

La voz en off lanza la promesa. Y de inmediato una luz enceguecedora copa el espacio. El golpe sostenido de las tinyas, la brisa de las quenas, y el chirrido de una quijada de burro se revuelven en un solo eco con el frenesí de una batería, los punteos de una guitarra eléctrica y la infinitud de un sintetizador. Seres mitológicos están por aparecer en escena. Comparsas de enmascarados, fieles devotos de la Mamacha Carmen, divinidad cusqueña de Paucartambo.

Bufones de chalecos multicolores en chullo y ojotas (Maqtas); acróbatas con caretas de rostros españoles y sacones azulinos (Kachampas); campesinos vacilantes con sombreros de paja y botellas de cerveza en mano (Majeños); toreros de expresiones mustias aireando capas rojas en espera de salvajes toros de espuma (Waca Waca); diablos pelucones y colorinches (Saqras), y así.

Sincretismo religioso. Cosmovisión andina y yugo colonial debajo de una carpa de circo, en la explanada del Centro Cívico Municipal de Comas.

Noche de jueves. Cuarto día de la última temporada de Paukartanpu, espectáculo circense del reconocido mimo peruano César Aedo. Montado por primera vez en el 2009, en un teatro cusqueño (hoy transformado en un centro comercial por el capitalismo feroz), el espectáculo se ha paseado por San Luis, Surco, San Juan de Miraflores y San Juan de Lurigancho.

Un elenco de 28 artistas, integrado por talentos formados en la Escuela Nacional del Folklore José María Arguedas, además de tres cubanos (Reymis Cardona y los mellizos Flavio y Fabián González) y un zanquero colombiano (Sergei Gómez) tienen el doble encargo de escenificar esta fiesta costumbrista y a su vez despedirla por todo lo alto durante todo este mes.

El encuentro de la Virgen del Carmen y una momia paseada en andas, mujeres de fuego, vicuñas gigantes. Un universo contemplado por cuatro personajes: una pareja de panaderos, el clásico borrachito del pueblo, y un turista singular, el propio Aedo.

Enfundado en un saco rayado, con la cara lavada, y sosteniendo un inseparable maletín que esconde cual caja de pandora pollos de plástico, pistolas de agua y pica pica, Aedo se comunica con mil y un muecas, y un silbato rompe tímpanos.

Como corresponde a su propuesta, el lenguaje oral se ausenta para dar paso a la música, la gestualidad, y el movimiento.

Son las diez de la noche, y el show ha concluido al cabo de dos horas. Solo entonces, Aedo coge el micro y su voz se despierta del silencio. Flavio y Fabián, los acróbatas del mástil, cumplen 13 años, su primer santo fuera de Cuba. Aedo, de 62 años, pretende hacer memorable el instante, cantándoles un japi berdei multitudinario mientras sujetan su pastel de chantilly.

Pero existe una pequeña dificultad: hay casi tantos espectadores como artistas. Apenas una treintena, en una carpa con capacidad para 1,146 asistentes.

Aun así, las gargantas y las palmas hacen su mejor esfuerzo. La magia del circo le llaman.

 

El estoicismo de Aedo

César Aedo acaba de recibir una tragedia vía telefónica.

Su rostro, tan dado a las risas, ha sido invadido, de pronto, por un sacudón de tristeza: ha tenido que reprogramar la función corporativa que tenía prevista para esta tarde, pues la directora de un colegio comeño le ha comunicado con desazón y vergüenza que solo 220 alumnos han adquirido los boletos para el show.

Es chocante ver triste a quien te hizo reír hace un puñado de horas. Aedo atina a pasar su mano por su revoltoso cabello, negrísimo por el tinte.

“Me siento un quijote, un desperdiciado en un sistema donde no existe voluntad política respecto a la cultura -dice Aedo mientras bebe una manzanilla, en un café de Jesús María, a unos pasos de Latina, donde tendrá un breve espacio en el noticiero-. Estoy peleando contra un monstruo que no me da cabida. Mi esposa me ha dicho que le hago más bien a mi país afuera que adentro. No sabes cuánto me duele”.

Su esposa, una pianista estadounidense de raíces noruegas, se refiere a El vuelo del cóndor, un espectáculo inspirado en la leyenda de los hermanos Ayar que Aedo montó en Florida durante seis años consecutivos, y que -de acuerdo a sus cálculos- fue presenciado por nueve millones de personas.

Pero este hombre bajito y vital, cuya infancia transitó entre Magdalena y San Juan de Miraflores, optó por el dificil camino de ir contracorriente, en un país donde La paisana Jacinta fue absuelta, y los circos más concurridos le pertenecen a los chicos reality.

En mayo de 2005, tras 27 años de emigrar del Perú, y ser acogido bajo la tutela de los franceses Marcel Marceau y Etienne Decroux, instituciones del mimo a nivel mundial, César Aedo pegó la vuelta con un ideal: trascender en su país de origen. Hacer escuela. Dar lo que le fue dado. Y con ello elevar la valla.

Aedo vendió su departamento en Florida y compró una carpa de 38 metros de diámetro, de una lona resistente y con retardantes al fuego. Decorada con los geoglifos de las Líneas de Nasca, obra y gracia de su hermano, Christian, Aedo asegura que su infraestructura está al nivel del Cirque du Soleil, el show circense más importante del planeta.

Lo cierto es que en 2015, en un hecho que despertó el repudio colectivo, la Municipalidad de Jesús María le negó la licencia en primera instancia para llevar a cabo Salsa, un tributo al género afro-latino-caribeño-americano.

Entre diez y once días son los que tarda instalar la carpa a través de una wincha eléctrica. Una tecnología inexistente en nuestro mercado. De allí que solo puedan operarla miembros del Cirque du Soleil, amigos del maestro. Y que sea guardada en un container a las afueras de Lima, cuando no es época de circo. Precisamente, una de las cuestiones que más hincan a Aedo.

“El peruano se ha malacostumbrado a ir al circo solo en Fiestas Patrias. Somos un mercado enano”, cuestiona. Si no fuera por un banco y una embajada, que le encargaron proyectos con sus clientes, la habría pasado muy mal.

“O Perú no me necesita o tengo que abrir mi mente. Ya contribuí. Ya luché. Creo que es momento de volver al extranjero para continuar mis creaciones. El Perú me ha sido esquivo. Ni el Ministerio de Cultura ni el de Educación han querido apoyar mis emprendimientos”.

De momento y para salvar la temporada de Paukartanpu, que además es la última, César Aedo ha decidido abaratar las entradas al extremo (ver apartado), y recurrir al perifoneo en Comas, y en los distritos aledaños.

“No es la cantidad de público lo que nos hace profesionales sino el compromiso de estar en escena para brindar lo mejor”.

Que el show marche acorde a su etimología: paukar (colorido) tanpu (espacio). Un remanso para César Aedo, un sobreviviente del arte.

 

 

• Más cómodo, imposible

Desde hoy y por el resto de la temporada, hasta el 28 de octubre, las entradas tendrán un único precio: 25 soles para los adultos y 15 soles para los niños.

• Premio a la puntualidad

No habrá diferencias entre platea, vip y platinum. La zona será de acuerdo al orden de llegada. De lunes a viernes: única función a las 8:00 p.m. Fines de semana: 3:30 p.m., 6:00 p.m. y 8:00 p.m. Lugar: Centro Cívico Municipal de Comas.


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