Mariana Alegre

“Los alcaldes distritales tienen demasiada autonomía”

Directora ejecutiva del Observatorio Ciudadano Lima Cómo Vamos. Master en Diseño de Ciudades y Ciencias Sociales por la London School of Economics and Political Science. Catedrática en la PUCP.


Maritza Espinoza

Domingo, 7 de Octubre del 2018

Este domingo, los limeños elegiremos al alcalde que gestionará Lima rumbo al Bicentenario, pero ¿qué ciudad será la que reciba el sucesor de Luis Castañeda Lossio? ¿Cuáles serán sus retos y cuáles, sus posibilidades? Mariana Alegre, directora ejecutiva del Observatorio Ciudadano Lima Cómo Vamos y Máster en Diseño de Ciudades y Ciencias Sociales por la London School of Economics, nos habla de esa Lima y de lo que debe hacer la próxima administración para hacerla más vivible.

¿Qué clase de ciudad será la que reciba el próximo alcalde?

El próximo alcalde va a recibir una ciudad complicada, pero ese no es su mayor reto. Su mayor reto es que va a recibir a una ciudadanía más involucrada con su ciudad y, por tanto, más exigente, más demandante y más vigilante de lo que haga…

¿Esto se da en todos los estratos o sólo en algunos?

Se da en general. Sin embargo, tiene mucho que ver con la clase media. En tanto la clase media se amplía y se consolida, y las preocupaciones ya dejan de ser conexión de agua, servicios básicos y supervivencia, puedes empezar a preocuparte por otras cosas más postmateriales o más inmateriales, como la calidad de tu aire, tus parques, el tráfico...

Es un consenso que Lima es una ciudad dura para vivir, y no solo en los estratos menos favorecidos. ¿Hubo alguna vez que fuera amigable, acogedora, digna de habitar?

La distribución desigual a nivel de la gobernanza y, en general, de los recursos que tiene la ciudad hace que las experiencias sean distintas dependiendo de dónde vives y también de quién eres. Entonces, una persona que vive en un distrito como Miraflores va a tener calidad en áreas verdes, como el malecón, y en Villa María del Triunfo, no. O vas a tener más posibilidades de morir atropellado en un distrito y no en otro.

¿Y qué nos hermana en precariedad?

Las ciudades en general son sistemas complejos. Eso significa que las jurisdicciones son irrelevantes, porque los sistemas trascienden esas fronteras, con lo cual el tráfico, el sistema de transporte y, por otro lado, la calidad del aire, el agua, tienen que ser gestionados como una integralidad. Entonces, tenemos un mal sistema de transporte y nos afecta, seamos el más millonario o el más pobre. Estos elementos acaban igualándonos.

Si tuviera que hacerse tres checks imprescindibles para que una ciudad sea vivible, ¿cuáles serían?

Vivienda de calidad y segura; movilidad o transporte digno (que va desde la vereda hasta el sistema de transporte público); y yo incluiría espacios públicos de calidad. Con esas tres cosas, ya reduces inseguridad, tanto desde la delincuencia como desde la vulnerabilidad. Con espacio público de calidad promueves desarrollo económico, recreación, cultura deporte. Desde el transporte público de calidad promueves empleo, ayudas a disminuir brechas de pobreza.

Los candidatos priorizan, sobre todo, inseguridad y transporte. ¿Cuál ha sido el problema más olvidado, aquel que, de repente, la misma gente no percibe?

Es bien loco. Como problema de la ciudad, por ejemplo, nosotros incluimos el tema de vulnerabilidad y riesgo de desastre, pensando que, con los desastres naturales del año pasado, iba a generarse un interés particular. En realidad, no. Para Lima y para Callao, la falta de prevención está en 12% y 13%. En último lugar está la falta de espacios públicos: la gente no reconoce su importancia ni su derecho a exigirlo. Nosotros preguntamos si creen que la ciudad necesita un plan que guíe su crecimiento y 8 de cada 10 te dicen que sí. Sin embargo, cuando se va al voto, igual la gente dice que es irrelevante que la ciudad se planifique.

Y, entre los candidatos, ¿cómo se ha dado esta jerarquización?

De los 20 candidatos a Lima Metropolitana, 17 han usado nuestros datos. De ahí a que los utilicen y los apliquen para hacer una ciudad mejor es otra cosa. Hay algunos que han enfocado los temas pensando en una ciudad más para personas. En realidad, ese es el foco.

¿Por qué es tan importante?

Si la línea de pensamiento, de acción, de política, de planificación, va enfocada en personas, las cosas cambian. ¿Por qué existen los colectivos informales? ¿Por qué los peatones cruzan por abajo del puente peatonal? ¿Por qué el conductor mete el auto en el cruce? ¿Todos son unos incultos y animales? No. El problema está en nuestra ciudad, en nuestra política y nuestras reglas, que están enfocados en el beneficiario incorrecto. Cruzamos por donde no debemos, porque la ciudad no está diseñada para que crucemos como corresponde. Metemos el auto mal, porque la infraestructura vial está mal pensada y mal gestionada. Entonces, enfocar la ciudad desde la persona es lo correcto.

Del otro lado, ¿qué tanto se debe enfocar los problemas en la responsabilidad del ciudadano?

A ver, uno actúa según su entorno y según su sistema. Obviamente hay una serie de valores y de cosas que están dentro de cada quien, pero uno toma decisiones en función de este modelo más sistémico. El peor personaje de transporte público o el peatón imprudente o el conductor agresivo se comporta excelentemente en una iglesia. Y es la misma persona, la misma cultura. Lo que cambia es el entorno y las reglas.

En los debates, se ha hablado por primera vez de que hay una Lima acomodada y una Lima olvidada. ¿Realmente hay dos Limas?

Lima es una ciudad fragmentada. De hecho, no me parece buena idea la división que han hecho, porque la fragmenta más y no procura un sentimiento de integración, que ocurre también cuando tenemos las diferencias marcadas en función de los distritos. Entonces, si no eres vecino, no quiero que uses mi parque. No quiero que gente de otros lados venga a mi zona. ¿Por qué mi alcalde tiene que ocuparse de los que no viven aquí? Total, mi plata es para mi distrito. Ahí de nuevo ves cómo la gobernancia acentúa y perpetúa estas desigualdades. ¿Existen zonas de la ciudad no consolidadas y con mucha menos calidad ambiental o social? Por supuesto. ¿Deberíamos procurar que todos tengan la misma igualdad de condiciones? Absolutamente. Eso no se va a poder hacer si seguimos gastando lo que tributamos en un distrito para los que están ahí.

En el debate, casi todos los candidatos apelaron al cliché de que Lima debe volver a ser bella. ¿Qué tanto sentido tiene esto en zonas donde la prioridad es sobrevivir y hay problemas más apremiantes?

Las ciudades del Perú se han construido principalmente por sus ciudadanos. Ahora, con las mejoras económicas, la emergencia de la ciudadanía como agente de cambio, la aparición de movimientos en defensa de sus ciudades y espacios públicos, sus árboles, la calidad del aire, estamos presenciando lo que llamo la emergencia de la nueva generación urbana. Todavía hay que hacer de esto una cosa común para todos. En realidad, mientras no resuelves tus problemas básicos, preocuparte por los problemas más comunes no es tan viable, porque no tienes tiempo ni capacidad económica para atender esas preocupaciones.

Y las Limas nuevas crecieron sin orden y lejos de la estética Casacor…

Ah, es que la estética Casacor es de revista. Eso es bien complejo porque, ¿quién determina que algo es bello? A algunos les gustará el malecón de Miraflores, es la imagen que sale en el video de Carlos Vives y la marca Lima. Por otro lado, ¿quién dice que el asentamiento humano no tiene su propia belleza?

¿Pero lo es, dentro de la estética del vecino del asentamiento humano?

Hay muchas ganas de, justamente, “vamos a tomarnos la foto al parque de Miraflores”, porque no tenemos la posibilidad de ofrecer espacios ni identidades locales, que existen y que son poderosas y buenas, pero que las invisibilizamos justamente porque reclamamos el diseño de Casacor.

Tú has denunciado los intentos de privatizar espacios públicos. Hay quien te diría: ¿por qué es cuestionable privatizar si da dinero para hacer otras obras?

En el entendido en que es correcta la municipalidad [risas]. En ese modelo incluso hay fórmulas más eficientes de generar ingresos sin la necesidad de privatizar el espacio. O sea, una cosa es la administración del espacio. Podría estar fantásticamente bien diseñado un parque gestionado y administrado por una empresa privada administradora de parques, porque, finalmente, la licencia de comercio ambulatorio es privado, no lo hace la municipalidad. Pareciera también que hay una categoría de privados.

¿En qué sentido?

No queremos que la señora venda en la carretilla papa y huevo duro, y no nos molesta que Mistura lo haga en un espacio público. O nos molesta esa carretilla y nos encanta que sea food truck. No nos gusta el crecimiento desordenado de la ciudad, pero estamos haciendo lo mismo cuando hacemos que nuestros carros privados invadan las calles. Y la gente se queja de las piscinas inflables en el verano en el Callao, en Surquillo y en la Victoria, que generan un espacio fantástico de entretenimiento, pero no demandan piscinas públicas ni espacios públicos donde las piletas puedan ser de calidad para ser usadas. Hay esa divergencia.

En ese sentido, el término “exclusividad”, exclusividad de playas, exclusividad de parques…

¡Es horroroso!

Que tanto daño le ha hecho ese concepto al crecimiento en Lima y a su formación como ciudad vivible.

Absolutamente. Lima viene también de una mirada hacia adentro, producido por varias cosas, entre ellas, el fenómeno del terrorismo. De hecho, mucha parte de la arquitectura de la Lima más consolidada es arquitectura del terror. Tú vas a la calle y fíjate: vas a ver muros levantados con estos cercos arriba o con cercos de seguridad, con cámaras, con luces que se prenden, con perro, con serenazgo y con guardián. Todo eso es producto de la arquitectura del terrorismo.

Y de la delincuencia, ¿no?

Sí, la delincuencia posterior. Eso hace que, para empezar, acrecentemos nuestro miedo al otro. No queremos hablar con extraños. Segundo, nos volvemos generadores de miedos, de desconfianza y, justamente, de alejarnos del espacio público en tanto no nos pertenece. Eso hace que tu relación con la ciudad cambie también, porque te alejas de ella y rompes esa noción de confianza entre los ciudadanos. Esta cosa de la exclusividad es ciertamente es un atentado contra la ciudad. Las rejas en las calles, las residencias o condominios, las playas tipo Asia, las propagandas de “vive cerca de la ciudad, pero lejos de ella”.

Y exclusividad...

Además, el buen marketing de los centros comerciales es que casi todos tienen un nombre de espacio público. “Plaza”, “Rambla”. Todos tienen la afición por transformarse en ciudad. Es natural que a la gente le guste los espacios públicos, porque allí hay vida, hay gente, hay cosas, hay acciones, hay comida, hay diversión. De hecho, nosotros, en nuestros datos, en la pregunta que hacemos sobre recreación, no estaba el centro comercial, pero cuando lo pusimos, le gana al parque, que había sido siempre la primera actividad recreativa.

Tú has planteado también suprimir los distritos.

Sí. Yo creo que es absolutamente necesaria hablar de una reforma del modelo de gobernanza de los gobiernos locales...

¿Por qué se reemplazaría?

Fórmulas puede haber varias, pero si hay una que no funciona es la que tenemos: con un alcalde mayor, metropolitano, con poco poder, pocas competencias, poco dinero y una fragmentación a nivel de los distritos con alcaldes que actúan en función de jurisdicciones marcadas en el plano, lo que no tiene ningún sentido. La ciudad, como un sistema complejo, requiere un tratamiento complejo, articulado e integrado, y eso implica gestión centralizada. De manera simple, con 43 distritos tenemos en este momento 43 contratos de recojo de basura, con 43 abogados que han firmado esos contratos que han revisado 43 oficinas de control. Un desperdicio en términos de recursos y de economía de escala propiamente dicha.

¿Los alcaldes distritales tienen demasiada autonomía?

Sí, en este momento tienen demasiada autonomía. Y como no hay un plan de ciudad que permita alinear lo que el distrito hace y lo que quiere hacer la ciudad metropolitana, cada quien hace lo que quiere.


Te puede interesar


Nuestras portadas