Adiós, Ernesto Ráez, hombre de teatro

Homenaje. El reconocido actor falleció a los 85 años de edad de un mal que padecía hace tiempo. Dedicó su vida también a formar legiones de actores.

El maestro. Ernesto Ráez en una imagen elocuente como hombre de escenarios. Foto: Prin Rodríguez
El maestro. Ernesto Ráez en una imagen elocuente como hombre de escenarios. Foto: Prin Rodríguez
Cultural LR

Santiago Soberón (*)

Ha muerto Ernesto Ráez Mendiola, un educador y hombre de teatro (como le gustaba definirse), que deja un gran vacío no solo en las artes escénicas, sino en la educación por el arte en nuestro país. La dimensión de su aporte quizá se visibilice mucho mejor cuando sus ideas y conocimientos alcancen la divulgación que merecen y trasciendan el ámbito teatral y pedagógico en el que él se desenvolvía.

El maestro Ráez, que el 20 de mayo habría cumplido 85 años, se formó en la Escuela Nacional de Artes Escénicas (ENAE), hoy la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático Guillermo Ugarte Chamorro. Como actor, formó parte de una de las agrupaciones más importantes del medio teatral peruano, Histrión; entre sus actuaciones más destacadas con este grupo se recuerda su interpretación de Marat, en Marat Sade de Peter Weiss, para muchos el montaje más importante de Histrión y uno de los hitos fundamentales en la historia del teatro peruano contemporáneo. La obra fue dirigida por Sergio Arrau (maestro de Ráez, también muy querido en nuestro medio).

Más allá de sus virtudes actorales, Ernesto Ráez tuvo siempre una gran vocación e inquietud por la investigación, por profundizar el conocimiento no solo en las artes escénicas, sino también en la educación. Por eso, la dirección escénica no le fue ajena, adquirió un profundo conocimiento de las técnicas y estéticas teatrales contemporáneas que ponía en juego en cada montaje que realizaba de manera innovadora. Solo por señalar un caso, en los 80 tomó el cuento “Rashomon” de Ryūnosuke Akutagawa (el que llevó al cine Kurosawa) y lo puso en escena sin mover una sola parte del texto, demostrando que las fronteras entre lo narrativo y dramático podían ser relativas.

Innovador también fue en la formación de actores y en la enseñanza del teatro dirigida a niños y jóvenes. Su concepto de la sinceridad expresiva controlada (como buen conocedor de las técnicas de Stanislavski) contribuía a que el actor adquiriera esa “verdad” en escena que el gran maestro ruso buscaba en su famoso sistema. No obstante, en el campo de la enseñanza del teatro para niños y jóvenes ha sido un referente muy importante. En el contexto de la reforma educativa del gobierno de Velasco Alvarado se dio impulso a la educación por el arte en varias disciplinas; los aportes de Ernesto Ráez fueron fundamentales en este proceso. Posteriormente, a través del Centro Cultural Nosotros, institución cultural que él fundara, compartía sus enseñanzas a cientos de educadores mediante seminarios de capacitación. Simultáneamente, como ya lo hacía desde mucho antes, escribía y dirigía obras de teatro para niños desde una perspectiva diferente a la convencional. El Centro Cultural Nosotros y otras agrupaciones similares llevaron al teatro para niños a un alto nivel de calidad en esos años (70-80).

El arte del hombre

Artista, educador y pensador, hombre de teatro en suma, Ráez deja a cientos y quizá miles de personas lamentando su muerte, quienes ahora lo recuerdan con mucho afecto. Sus reflexiones sobre el teatro, su vínculo con la educación, la historia del teatro peruano, las nuevas corrientes estéticas y teóricas sobre las artes escénicas han quedado diseminadas en distintas fuentes. Su libro El arte del hombre (2016) sistematiza gran parte de sus ideas, así como su blog denominado “El consueta”, sin embargo, hasta hace menos de un mes opinaba sobre muchos temas en redes sociales.

Ya no está con nosotros, pero todo lo que nos dejó lo mantendrá vivo en nuestros corazones. Adiós, querido profe.

(*) Crítico de teatro.